Defienden piedad popular a pesar de la contingencia

CIUDAD DE MÉXICO (EFE).— Una de las asiduas al Viacrucis de Iztapalapa que este año tuvo que verlo a través de una pantalla es Jéssica, aunque para ella es una edición muy especial: su hermana Ana Laura personifica a la Virgen. Jéssica, mientras daba los últimos retoques al vestido de su hermana, admitió lo frustrante que es para ella que precisamente este año no haya público, aunque “la fe no se pierde”.

“La bendición se la damos desde casa para que le pueda ir bien a ella y a todos los personajes”, zanjó la joven con una sonrisa.

Otros personajes imprescindibles cada Viernes Santo en Iztapalapa son los nazarenos, quienes, en solidaridad con Jesús, cargan por el Cerro de la Estrella con cruces de madera que a veces superan los 100 kilos de peso.

Ayer viernes fue un día extraño para ellos, ya que no pudieron acceder al cerro por el cerco policiaco.

“Los policías siempre dejan mucho que desear. Protegen mucho a los participantes especiales. Nosotros que somos nazarenos siempre tenemos problemas”, denunció Miguel Ángel mientras portaba por decimotercer año su cruz.

La penitencia de Miguel Ángel suele durar unas cinco horas, y ayer no iba a ser menos, por mucho que se le negara el acceso al monte. “Él sufrió mucho más. Hay que tomar más fuerza. La procesión empezó por una pandemia y por una pandemia no vamos a dejar de hacerlo”, reflexionó el devoto nazareno.

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