CIUDAD DE MÉXICO (EFE).— El comercio mundial lleva dos años golpeado por la pandemia. Primero fue el cierre de fábricas y fronteras, y después, una inasumible demanda entre una gran incertidumbre y problemas sobrevenidos, como la invasión rusa a Ucrania. Todo ello se está traduciendo en una galopante inflación que toma a América Latina desprevenida y sin recursos.
Un grupo de expertos, entre ellos policy makers (formuladores políticos), representantes del sector privado y analistas de organismos internacionales, mantienen opiniones ligeramente discrepantes acerca de los problemas en la cadena de suministros, las restricciones en el comercio mundial y la forma en que esos dificultades impactan a las finanzas, el comercio y las empresas de la región.
Así, hay quien opina que la inflación, la estrechez energética y el atasco en la cadena de suministros causarán una crisis de grandes proporciones, como en la década de los setenta, y quien considera que es posible encontrar alternativas para garantizar el abastecimiento energético, y la producción y distribución de mercancías.
A juicio de Ignacio Guerrero, subsecretario de Economía del segundo Gobierno del chileno Sebastián Piñera, la característica central de esta crisis es la incertidumbre, porque en gran medida se debe a los cierres y los cortes en la producción por las restricciones sanitarias contra el Covid. A lo que hay que añadir la guerra en Ucrania, “que tampoco parece tener un final cercano”.
Un análisis con el que coincide Alejandro Urzúa, profesor de Economía de la Universidad Andrés Bello y socio director de OpenBBK Consultores Financieros, para quien la crisis energética y el atasco en la cadena de suministros están generando complicaciones importantes, como la alta inflación y el desabastecimiento.
“La posibilidad de que se esté acercando una crisis mundial puede tener un impacto negativo tanto en el crecimiento como en el valor y la disponibilidad de los productos”, señala.
Según la opinión recogida de varios expertos de la División de Recursos Naturales de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), cuya directora es Jeannette Sánchez, la región está sometida a una “gran presión en un escenario de alta incertidumbre y tendencia a nuevos procesos de regionalización”.
“Esto se debe al conflicto de Rusia con Ucrania, en un contexto de varias crisis globales acumuladas e irresueltas, tanto de tipo económico, como ambiental y sanitario (pandemia), lo cual está afectando al desarrollo social, el crecimiento y los presupuestos públicos”, puntualizan.
Por ello, en su reciente proyección, la Cepal redujo sus cálculos para la región en este año al 1.8%, un crecimiento económico “muy bajo para confrontar los problemas serios de pobreza y desigualdad”.
Y aunque el panorama en América Latina es heterogéneo, está claro que genera mayor desaceleración, inflación, pobreza y desigualdad en la región. El organismo de la ONU considera urgente impulsar la integración regional y repensar las cadenas de valor para que la región tenga una mayor participación en ellas y en nichos de mercado más dinámicos y menos volátiles que las materias primas.
Problema no tan grave
Para Marcelo Elizondo, analista y consultor en negocios internacionales, presidente del Capítulo Argentino de la International Society for Performance Improvement, la situación no reviste una gravedad extrema.
“No creo que vayamos a un problema tan grande como en la década de los setenta, porque hoy hay una evolución tecnológica que permite una respuesta mayor”, dice, pero agrega que es probable que se produzcan muchos cambios en las relaciones entre los países.
Y añade que “es posible que comiencen a generarse agrupamientos de países, lo que se llama el ‘friendshoring’ (limitar el comercio de insumos clave a países confiables), las cadenas de valor internacionales empiezan a tener eslabones entre países que confían entre sí”.
“En la década de los setenta no había demasiadas alternativas a la energía fósil”, mientras que ahora “las inversiones pueden empezar a buscar otras fuentes” (hidrógeno, energía solar, energía eólica). “La respuesta tecnológica será veloz”, asegura.
Por su parte, Sergio Guzmán, director de la consultora de riesgos políticos Colombia Risk Analysis, vaticina en materia de inflación un choque externo bastante grande, que va a ser difícil de enfrentar para muchos países, especialmente aquellos que no producen sus propios combustibles, como por ejemplo Perú, Ecuador, Chile, y quizás también Paraguay y Argentina.
“La inflación afectará muchísimo”, recalca, y por eso “todos los bancos centrales están tomando medidas para enfrentarla”. Se avecina para América Latina “un choque externo que la región no va a poder enfrentar sola”, a pesar de las políticas que adopten los gobiernos.
Descentralizar
Una de las preguntas que se hacen los consultores es si está preparada la región para contribuir a la descentralización de las cadenas de producción mediante la entrada en funcionamiento de fábricas de manufacturas que descongestionen el atasco en la cadena de suministros.
“Después de pandemia, los gobiernos en América Latina están dando muestras de inestabilidad política y alto gasto fiscal”, considera el chileno Ignacio Guerrero. Esta circunstancia, afirma, hace “difícil conseguir financiamiento y voluntad política para invertir rápidamente en algo y así absorber una escala internacional en la producción”.
“Hoy día es difícil pensar que América Latina está preparada para descentralizar la escala de producción”, coincide el analista financiero Alejandro Urzúa, y por eso sugiere que antes de descongestionar atascos en la escala de suministro de otras partes del mundo, se debe ordenar la casa”.
Además, la polarización ideológica ha desencadenado revueltas sociales en Perú, Colombia y Chile. “Por ende, es importante generar estructuras macroeconómicas potentes y tener un plan para el desarrollo, después pensar en generar clases productivas que descentralicen las cadenas de producción”.
Saber si América Latina puede aportar a la descentralización de las cadenas de producción es algo que “depende crucialmente del sector del que estemos hablando”, puntualiza Sebastián Herreros, oficial de Asuntos Económicos de la División de Comercio Internacional e Integración de la Cepal.
Las repercusiones de la pandemia y el conflicto en Ucrania, recuerda Herreros, “han traído consigo preocupaciones en todo el mundo sobre el suministro de una amplia gama de productos, en particular medicamentos, insumos médicos, semiconductores, energía, alimentos y fertilizantes”.
