Chilpancingo, Guerrero.— El estado de Guerrero, como gran parte de México, vive una sangrienta ola de violencia que a principios de este mes paralizó a la capital de Guerrero por nueve días con la matanza de choferes de transporte público y quema de unidades, en cuyo contexto el sacerdote José Filiberto Velázquez Florencio revela que los líderes criminales que operan en Chilpancingo imponen a los jefes policiacos.
El religioso que es director del Centro de Defensa de los Derechos de las Víctimas de la Violencia asegura que impulsó una tregua entre las organizaciones criminales Los Ardillos y Los Tlacos.
Enfrentamiento entre Los Tlacos y la Familia Michoacana deja 17 muertos en Guerrero
Sin embargo, esta parece haberse roto pues apenas la tarde de este martes 20 de febrero, la región de Tierra Caliente fue escenario de un enfrentamiento entre Los Tlacos que mataron a 17 sicarios de La Familia Michoacana.
Y es que Los Tlacos y Los Ardillos se disputan las regiones de Montaña y Costa Chica, rivalidad que no solo ha afectado los índices de violencia sino que ha logrado paralizar en diferentes momentos a Chilpancingo, capital del estado.
De acuerdo con la página especializada en el tema Insigth Crime, detrás de los homicidios recientes en Guerrero está la disputa entre grupos criminales como la Familia Michoacana y Los Tlacos, y entre estos últimos y Los Ardillos, por el control de territorios claves para la extorsión.
En este contexto, el sacerdote Filiberto Velázquez, indicó que en Guerrero las clases se suspendieron desde los primeros días de febrero y se reactivaron el miércoles 14 de febrero, cuando la mayoría de taxis y colectivos volvieron a trabajar.
Imparable la violencia en Guerrero
El sacerdote José Filiberto Velázquez Florencio, director del Centro de Defensa dijo que habían firmado una tregua para proteger sus propios negocios.
Pero, es que además de Los Ardillos y Los Tlacos, otros grupos, tambien protagonizan el escenario criminal en Guerreroque como La Familia Michoacana, el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), Guerreros Unidos, Los Viagra, Los Rojos y los Tequileros.
No obstante, el sacerdote explica que tanto Los Ardillos como Los Tlacos han esparcido por todo Chilpancingo negocios lícitos, que van desde la distribución de carne de res, de puerco, pollo, refresco y cerveza, hasta bares, centros nocturnos y, por supuesto, transporte público.
“Más allá de las ganancias esperadas por la venta de drogas, ellos manejan clubes nocturnos, bares y demás cosas que reditúan, y el transporte también, ahí también tienen una ganancia”, explica el sacerdote.
Sin embargo, hay que recordar que en una entrevista reciente de la periodista Azucena Uresti de Radio Fórmula al obispo emérito de Salvador Rangel, el religioso señala que los esfuerzos por la paz entre los grupos del crimen organizado en guerrero no se logró, pues Los Tlacos no quieren ceder.
Para entender mejor: “Estoy amenazado de muerte”: obispo de Chilpancingo, Salvador Rangel
¿Cómo fue que se repartieron el territorio?.
“No es que se hayan repartido un territorio, no es que haya una frontera a la mitad de Chilpancingo y que el bulevar sea la división. Sus negocios están en el mismo mercado, los dos confluyen. No es tanto el territorio, sino los negocios, y eso era lo que se estaban afectando el uno y el otro”, responde en una entrevista para El Universal.
Pacto de tregua entre Los Ardillos y Los Tlacos insuficiente para la paz
Y aunque dijo que apenas este martes 13 de febrero se concretó la tregua en la que el líder de Los Ardillos, Celso Ortega Jiménez, y el de Los Tlacos, Onésimo Marquina Chapa, hablaron por teléfono.
Sin embargo, a juzgar por el enfrentamiento que este 20 de febrero dejó 17 sicarios muertos de La Familia Michoacana en Guerreo, ese esfuerzo no es suficiente para la paz en la región.
¿Cómo se dio acordó tregua?
“No sé si un ángel o un diablo me sopló en el oído: ‘Ya conoces a los dos que están en conflicto, ¿por qué no los reconcilias?’, cuenta.
Primero, dice, se acercó a gente de Marquina Chapa para plantear la posibilidad de un acercamiento con Ortega Jiménez.
Dos semanas después, Los Tlacos dieron el visto bueno y después consultó a Ortega Jiménez, y aceptó. No se encontraron en ningún lugar, no hubo emisario, se hablaron directamente: “Yo no estuve, sólo intercambié los números”, dice.
“Básicamente se reclamaron lo que tenían que reclamarse y al final acordaron no afectar sus intereses, sus negocios”, contesta.
El sacerdote relata que comenzó su intervención con estos líderes criminales siguiendo los pasos del obispo emérito Salvador Rangel Mendoza, quien reveló que está “amenazado y sentenciado a muerte”. Su trabajo pastoral lo puso cerca de ellos.
Cuando fue párroco en Chilapa contactó al líder de Los Ardillos para intervenir en la liberación de un joven porque, dijo, “entré en una lógica que prefería rescatar a los jóvenes vivos en lugar de andar buscando sus restos en las fosas”.
Con Los Tlacos el contacto lo hizo el año pasado, cuando comenzó a apoyar a los pobladores de la comunidad de El Nuevo Caracol, en la sierra de Heliodoro Castillo, que resiste los embates de La Familia Michoacana.
Los Ardillos y Los Tlacos ponen jefes de policía en Guerrero: sacerdote José Filiberto Velázquez Florencio
Al cuestionarlo sobre sus intereses políticos de los grupos criminales responde: “Sí, porque todos los grupos necesitan a las policías municipales.
“Ellos ponen o sugieren a los secretarios de Seguridad Pública porque al final son, no sé si su brazo armado, pero sí una manera de controlar la seguridad de los territorios. De ahí vienen las regidurías, los contratos de obra pública, cada grupo tiene su maquinaria, ya parecen empresarios de la construcción.
Sacerdote José Filiberto Velázquez Florencio.
¿Les interesan las minas?
“Las minas dejan una rentabilidad muy grande. Ellos no están en la explotación de las minas porque no tienen la tecnología ni el conocimiento, pero sí en toda la industria que se genera alrededor, la están aprovechando.
“Por eso tienen la intención de desplazar (a la gente de los pueblos) para cuando llegue una concesión, ellos ya estén ahí para negociar”, dice.
El sacerdote reconoce que la actual tregua es un acuerdo que pende de alfileres. Lo de fondo sigue sin resolverse. No hay un combate o alguna medida que reduzca la operación de las organizaciones criminales. Al contrario: ¿Quién les dio el acceso a los negocios legales? ¿Qué autoridad les da las licencias de funcionamiento? ¿Quién opera esas empresas lícitas?
El padre Velázquez Florencio admite que para llegar a la paz falta mucho, pero hay alternativas.
