
En las últimas décadas se han dado significativos avances en materia de alfabetización y cobertura educativa en México. Si bien, el gran reto en la actualidad es mejorar la calidad de la educación para formar a alumnos y alumnas bien preparados, no podemos negar los plausibles pasos que se han realizado en política educativa a lo largo de los años.
Sin embargo, a pesar de los importantes esfuerzos desplegados, aún existen asignaturas pendientes que deben atenderse con diligencia.
Uno de los fenómenos que requiere particular análisis es el de la deserción escolar, un mal que aqueja a, prácticamente, todos los niveles educativos en el país.
Sin embargo, los datos nos demuestran que hay grupos de edad más vulnerables que otros, ya que la interrupción de los estudios escolares es más frecuente entre jóvenes que cursan el bachillerato y la universidad.
Las razones que impulsan la deserción escolar pueden ser múltiples, por lo cual la problemática es compleja. Investigaciones recientes, sugieren que factores de riesgo como la precariedad económica o la violencia familiar, resultan determinantes para que un joven abandone la escuela.
Por ello, las políticas públicas dirigidas a resolver este tema deberán ser de diseño integral e implementación transversal para ser efectivas. Desde luego, reducir los índices de deserción escolar generará un impacto sumamente positivo para las nuevas generaciones, puesto que la educación les brindará mejores herramientas para afrontar los retos del futuro.
Confiemos en el trabajo que llevan a cabo las instituciones educativas y las autoridades en la materia, que dan lo mejor de sí para educar en conocimientos y valores a la juventud que mañana asumirá los destinos de la nación. De la mano de la educación, el desarrollo es posible.
