BRASILIA (EFE).— El exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva dijo ayer que, con 76 años, no “tendría razones para volver” a aspirar a la Presidencia, aunque cree que “precisa hacerlo” para “derrotar al fascismo” en las elecciones de octubre próximo.

Sus declaraciones las hace tres días después de que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, animó a los ciudadanos a acudir a las urnas en las elecciones presidenciales de octubre para evitar un triunfo de “la izquierda”, como ocurrió en Chile con Gabriel Boric.

Ayer, Lula, máximo favorito en todos los sondeos de cara a los próximos comicios frente a Bolsonaro, actual presidente y líder de la ultraderecha, visitó un campamento del Movimiento de los Sin Tierra (MST) y, sin confirmarlo plenamente, dejó claro que su candidatura es un hecho.

“¿Por qué un tipo como yo, que ya fue presidente, está pensando en volver?”, planteó ante un millar de militantes del MST, a los que inmediatamente les respondió: “Yo preciso ser candidato, y no es por arrogancia”, sino porque “nunca antes este país precisó tanto” a un gobernante que “piense de verdad en el pueblo”.

Lula volvió a cargar contra Bolsonaro en diversos flancos, lo responsabilizó de muchas de las 650,000 muertes registradas en el país por coronavirus; del hambre que pasan, según datos oficiales, cerca de 20 millones de brasileños, y también de haber “desmontado” todas las políticas de protección social que existían en Brasil.

“Tengo conciencia de que hay gente más letrada que yo, que leyó más libros, que aprendió a hablar inglés o francés con facilidad”, pero “no hay uno de mis adversarios que entienda del alma del pueblo brasileño como yo, que mal hablo portugués”, declaró.

También aludió a su origen pobre y su pasado de obrero y dijo que, entre los posibles aspirantes a la Presidencia, es el “único que sabe lo que es el piso de una fábrica, quedarse desempleado, sentarse a la mesa sin tener qué comer o no tener ni mantequilla para ponerle a un pan”.

 

Lula avanzó y hasta habló de algunas de las propuestas que incluiría en un eventual programa de gobierno que, dijo, no sería suyo, sino de la “sociedad brasileña” y hecho mediante consultas previas con sindicatos y movimientos sociales.

En ese marco, afirmó que el primer paso sería “poner a los pobres en los presupuestos” del Estado y, el segundo, “poner a los ricos en el impuesto de renta, porque muchos de ellos no pagan casi nada”.

Lula aún no lo ha confirmado, pero fuentes del Partido de los Trabajadores (PT) barajan que su candidatura se anunciará durante la primera quincena de abril, en un acto que será realizado en Sao Paulo.

Según coinciden las encuestas, Lula, quien ya gobernó entre 2003 y 2011, tiene una intención de voto de entre 40 y 45%, frente al máximo del 30% que obtendría Bolsonaro, quien formalizará su decisión de intentar la reelección el próximo fin de semana.

El jueves pasado, Bolsonaro pidió a los brasileños evitar un triunfo de la izquierda el 2 de octubre.

“La decisión de ustedes viene del voto. Habrá elecciones este año y cada uno tiene que votar en quien crea que puede ayudar a mejorar el país”, dijo Bolsonaro en una transmisión por sus redes sociales.

Bolsonaro, quien hizo la transmisión desde una ceremonia en que reunió a sus ministros para presenciar el izamiento de la bandera nacional en su residencia oficial, pareció aludir a su desventaja al citar lo que ocurrió en Chile, con la victoria electoral de Boric, quien asumió el poder el pasado viernes.

“El personal muchas veces reclama: miren Chile. Pero en Chile los que decidieron fueron los omisos, que no quisieron votar en nadie, porque la izquierda siempre votó”, de modo que “no reclamen”, dijo.

Según Bolsonaro, así pasó en otros países, pues “la democracia es linda, es maravillosa, pero pasa por el elector”, que debe tener “conciencia, entendimiento y responsabilidad” para “no delegar en terceros” lo que será el futuro de Brasil.

Ni Lula ni Bolsonaro han formalizado su candidatura, pero se prevé que este último lo hará el próximo día 26 y el primero, en abril.

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