CIUDAD DEL VATICANO (EFE).— El papa Francisco presidirá este año una Semana Santa normal tras la pandemia que modificó los ritos vaticanos, como el vía crucis en el Coliseo de Roma, que se recuperará, confirmó ayer la Santa Sede.
La Oficina de Prensa del Vaticano publicó ayer el calendario con las ceremonias litúrgicas presididas por el Papa los próximos dos meses y entre estas figuran los ritos de Semana Santa que recuerdan ya a tiempos previos a la pandemia.
Y es que el coronavirus impidió en los últimos dos años algunos de los actos más seguidos por los fieles de Roma, como el vía crucis en el Coliseo.
Francisco, que en la pandemia optó por oficiar el vía crucis en la Plaza de San Pedro, volverá el próximo 15 de abril al mítico anfiteatro Flavio para conmemorar la Pasión de Cristo.
La Semana Santa del Pontífice arrancará el día 10 de abril, con el Domingo de Ramos con una misa en la basílica de San Pedro para conmemorar la entrada de Jesús de Nazaret en Jerusalén.
El 14 de abril abrirá el Triduo Pascual con la misa de Jueves Santo con la misa crismal en la Basílica, aunque aún está por confirmar que conmemore por la tarde la Última Cena y el lavatorio de pies, que Francisco suele celebrar en prisiones y otras instituciones.
El Viernes Santo, antes del vía crucis en el Vaticano, presidirá el rito de la Pasión. El 16 de abril presidirá la vigilia pascual en la Basílica de San Pedro, y el día después impartirá desde el balcón del templo su bendición “Urbi et Orbi” por el Domingo de Resurrección.
En otro tema, el Vaticano defendió ayer su acelerada presentación de las reformas a la burocracia de la Santa Sede lanzadas por Francisco, al tiempo que las calificó como unas de las más relevantes de su papado, ya que reconocen que todo creyente, sea hombre o mujer, puede estar al frente de un departamento del Vaticano.
La nueva constitución apostólica “Praedicate Evanglium” (“Predicar el Evangelio”) fue publicada el sábado tras 9 años de trabajo, pero sin previo aviso y solo en italiano. Reemplaza las directrices emitidas en 1988 según las cuales solo sacerdotes, obispos y cardenales ordenados pueden encabezar dependencias del Vaticano, ya que solo ellos tienen “el poder de gobernabilidad” en la Iglesia Católica.
Si bien el cambio podría tener un impacto en muy pocas dependencias del Vaticano, su fundamento es importante y se ajusta a la postura de Francisco de no enfatizar tanto el poder de los sacerdotes en la Iglesia sino la participación de los creyentes.
