NUEVA DELHI (EFE).— India eligió ayer a su nuevo presidente y la política Droupadi Murmu tiene todas las posibilidades de convertirse en la primera mujer tribal en ocupar el puesto, si se cumpe la holgada aritmética de un gobierno acusado de atacar a esta misma comunidad.
Un cuerpo colegiado de parlamentarios votó ayer al nuevo presidente de la India entre Murmu y el aspirante de la oposición, el veterano político y exministro Yashwant Sinha, unos resultados que se darán a conocer el jueves próximo.
La elección del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata Party (BJP) del primer ministro, Narendra Modi, de una mujer tribal supone un guiño a esta discriminada comunidad que representa un 8.6 % de la población, y su victoria se da por supuesta al contar la formación con suficientes votos entre las dos Cámaras nacionales y los parlamentos regionales.
¿Beneficia en algo a la comunidad adivasi o tribal tener a un integrante de sus propias filas como presidente del país? Poco, más allá del valor simbólico.
Según el profesor Harish S. Wankhede, del centro de estudios políticos de la capitalina Universidad Jawaharlal Nehru (JNU), el nombramiento de un integrante de una comunidad históricamente desfavorecida como Murmu se enmarca en una tradición histórica bajo la democracia india.
“En la India no hay unas políticas de clase muy fuertes contra la pobreza, la marginalización o la explotación, pero sí lo que llamamos las políticas de justicia social, pensadas sobre todo para invitar simbólicamente a gente de comunidades marginales en los círculos políticos”, explicó a EFE.
