WASHINGTON (EFE).— Las divisiones internas del Partido Republicano escenificadas ayer impidieron la elección del sucesor de la demócrata Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos a pesar de ostentar la mayoría parlamentaria suficiente para hacerlo.
Por primera vez en 100 años, la Cámara Baja fue incapaz de nombrar a su nuevo presidente en una sola votación. El líder de la bancada republicana, el californiano Kevin McCarthy, intentó erigirse con el cargo hasta en tres ocasiones, pero en todas ellas fracasó por una rebelión del ala dura de su propio partido.
Exhaustos tras horas de debates, los congresistas acordaron aplazar hasta hoy miércoles la votación para elegir al que liderará la cámara en la 118 legislatura, que no puede echar a andar hasta que alguien asuma el puesto vacante.
El origen de esta situación de bloqueo está en las elecciones de medio mandato del pasado 8 de noviembre en las que se renovó el Congreso.
Aunque los republicanos arrebataron a los demócratas la mayoría de la Cámara Baja y podrán complicarle las cosas al presidente Joe Biden en sus últimos dos años de mandato, la victoria conservadora fue ajustada y lejos de la “ola roja” que habían vaticinado muchos medios.
Además, los demócratas no solo consiguieron retener la mayoría en el Senado, sino que ampliaron su control con un nuevo escaño.
Los republicanos más moderados culpan de este insuficiente desempeño electoral al papel protagónico que conserva en el partido el expresidente Donald Trump (2017-2021), que colocó a varios candidatos extremistas que acabaron perdiendo.
Mientras, el ala dura responsabiliza a la campaña diseñada por McCarthy, quien lidera el partido en la Cámara Baja desde 2014.
Tras casi una década soñando con este cargo, McCarthy vio ayer cómo se le escapaba —al menos de momento— la posibilidad de convertirse en la tercera autoridad del país, después del presidente Biden y de la vicepresidenta Kamala Harris, quien preside el Senado.
En ninguna de las tres votaciones consiguió los 218 votos que necesitaba. Se quedó con 203 en las dos primeras y 202 en la última.
Y es que en un claro intento extraordinario contra su líder, un pequeño grupo del ala más derechista del partido, agrupado en el Freedom Caucus, postuló a candidatos alternativos.
Primero fue Andy Biggs, de Arizona, que obtuvo 10 votos. Después Jim Jordan, de Ohio, que tuvo 19 apoyos en la segunda votación y 20 en la tercera, a pesar de que él mismo había llamado a votar por McCarthy.
El Partido Demócrata, sin embargo, cerró filas con su candidato, el congresista Hakeem Jeffries, de Nueva York, que las tres veces concentró los 212 apoyos de su formación política, insuficientes también para presidir la cámara.
Elise Shefank intentó sin éxito convencer a los republicanos díscolos presentando a McCarthy como “profundamente conservador” y “orgulloso” de estar en contra del aborto.
