NUEVA YORK (EFE).— Los problemas de varios bancos estadounidenses han despertado en los últimos días el fantasma de la crisis de 2008, un derrumbe financiero que tiene ciertas similitudes pero también muchas diferencias con la situación actual.

Los colapsos del Silicon Valley Bank (SVB) y del Signature Bank, más el rescate del First Republic a cargo de la gran banca estadounidense traen ecos de IndyMac, Bear Stearns o Lehman Brothers, nombres propios del cataclismo que desembocó en la Gran Recesión.

Evitar que se repita un escenario parecido es el gran objetivo del sector financiero y de las autoridades estadounidenses, que afortunadamente hoy —según coinciden casi todos los expertos— encuentran un panorama muy distinto al de hace quince años.

Las hipotecas basura, la proliferación de valores respaldados por esos préstamos y el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos se combinaron para desatar la crisis de 2008.

Ahora la crisis es principalmente de liquidez, y frente a los valores tóxicos que abundaban en muchas carteras de inversión hace 15 años, el activo que ahora ha generado problemas a la banca es, curiosamente, uno de los más seguros.

La compra masiva de bonos del Tesoro a largo plazo aprovechando años de bajos tipos de interés y su repentina pérdida de valor con la subida del precio del dinero decretada en los últimos meses por la Reserva Federal (Fed) es el principal problema de los bancos estadounidenses en apuros.

Para entidades en posición de esperar al vencimiento de esos bonos, la situación no supone un problema, pero el SVB se vio obligado a vender buena parte de esa cartera con grandes pérdidas para hacer frente a las retiradas de dinero de sus clientes, principalmente empresas tecnológicas y emergentes que están pasando por momentos más complicados tras el auge de los últimos años.

Clásica huida

A partir de ahí, su colapso se debió a una clásica huida bancaria, acelerada por la interconexión del mundillo tecnológico y el hecho de que casi todos los depósitos que tenía el banco superaban los 250,000 dólares garantizados por el gobierno en Estados Unidos.

Tras la caída del SVB, la siguiente ficha del dominó fue el Signature Bank, otra firma particular, en este caso expuesta además al sector de las criptomonedas, pero también caracterizada por servir a negocios y tener una mayoría de depósitos no asegurados.

Arrastrados por el pánico, muchos de sus clientes corrieron a retirar sus fondos tras la caída del SVB y las autoridades se vieron obligadas a intervenir la entidad. Pese a esa rápida decisión de los reguladores, la preocupación ha seguido extendiéndose a otros bancos regionales estadounidenses, que se han desplomado en bolsa, y a algunos fuera del país, como Credit Suisse, que ha tenido que recibir respaldo del Banco Central Suizo y ayer fue absorbido por el UBS.

En Estados Unidos, el caso más llamativo ha sido el del First Republic Bank, otra entidad de tamaño mediano y especializada en servir a clientes adinerados a la que los inversores identificaron como la siguiente potencial víctima por tener también muchas cuentas no cubiertas por la garantía bancaria y activos difíciles de liquidar, sobre todo, hipotecas.

 

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