NUEVA YORK (AP).— No hubo un envío rápido de investigadores de enfermedades. No hubo una conferencia de prensa televisada para informar al público. No hubo alertas sanitarias oportunas para los médicos.
En medio del brote de hantavirus en el que hay varios estadounidenses afectados y que acapara titulares en todo el mundo, la principal agencia de salud pública del gobierno de Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), ha estado inusualmente ausente.
Para el presidente Donald Trump, “parece que tenemos las cosas bajo muy buen control”, dijo anteanoche a los reporteros.
Para los expertos, la situación en el crucero no se ha descontrolado porque, a diferencia del Covid-19, el sarampión o la gripe, el hantavirus no se propaga con facilidad. Han sido los especialistas sanitarios de otros países, no de Estados Unidos, quienes se han ocupado principalmente del brote en la última semana.
“Los CDC ni siquiera están en el juego”, afirma Lawrence Gostin, experto internacional en salud pública de la Universidad de Georgetown. “Nunca había visto eso”.
Las medidas de los CDC solo se aceleraron en las últimas horas del viernes. Autoridades de salud confirmaron el despliegue de un equipo a las Islas Canarias, adonde se prevé que el barco llegue hoy domingo, para reunirse con los pasajeros estadounidenses.
Un segundo equipo irá a la Base de la Fuerza Aérea Offutt, en Nebraska, como parte de un plan para evacuar a los estadounidenses a un centro de cuarentena de la Universidad de Nebraska para su evaluación y vigilancia.
Además, los CDC emitieron su primera alerta sanitaria para médicos, advirtiéndoles sobre la posibilidad de casos importados.
En su primera sesión informativa, realizada el sábado por teléfono y solo para reporteros invitados, los funcionarios prometieron ser transparentes al actualizar al público, pero señalaron que los medios no podían citar por nombre a quienes den información, conforme a reglas establecidas por asesores del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. No respondieron directamente a una pregunta sobre si los pasajeros estadounidenses podrían salir del centro médico universitario cuando quisieran.
La función disminuida de los CDC en este brote es un indicador de que la agencia ya no es la fuerza en salud internacional ni el protector de la salud nacional que alguna vez fue, consideraron algunos expertos.
El brote de hantavirus es “un evento centinela” que indica “qué tan bien preparado está el país ante una amenaza de enfermedad, y, ahora mismo, lamento mucho decir que no estamos preparados”, dice la doctora Jeanne Marrazzo, directora ejecutiva de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.
A principios del mes pasado, un hombre neerlandés de 70 años desarrolló una enfermedad febril en un crucero que viajaba de Argentina a la Antártida y a algunas islas del Atlántico Sur. Murió menos de una semana después. Más personas enfermaron, incluida la esposa del sujeto y una mujer alemana, que también fallecieron.
El hantavirus se identificó por primera vez como causa de la enfermedad en uno de los casos el sábado 2 pasado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) entró en acción y para el lunes 4 ya lo calificaba como un brote.
En el barco había alrededor de dos docenas de estadounidenses, entre ellos unos siete que desembarcaron el mes pasado y 17 que permanecieron a bordo.
Durante décadas, los CDC se asociaron con la OMS para afrontar situaciones como esta. Los centros actuaban como un pilar de cualquier investigación internacional, aportando personal y experiencia para ayudar a desentrañar el misterio de un brote, desarrollar formas de controlarlo y comunicar al público lo que debía saber y cuánto debía preocuparse.
Acciones como esas fueron una de las principales razones por las que los CDC desarrollaron la reputación de la principal agencia de salud pública del mundo.
Pero esta vez, la OMS ha estado en el escenario central. Realizó la evaluación de riesgo en la que se indicó a la gente que el brote no representa una amenaza de pandemia. “No creo que esto sea una amenaza enorme para Estados Unidos”, manifiesta Jennifer Nuzzo, directora del Centro de Pandemias de la Universidad Brown.
Pero la forma en que se ha desarrollado esta situación “solo muestra lo vacío e insustancial que son los CDC en este momento”, añade.
La situación actual se produce después de 16 tumultuosos meses durante los cuales el gobierno de Trump se retiró de la OMS, en ocasiones ha restringido la posibilidad de que científicos de los CDC hablen con homólogos internacionales y emprendió un plan para construir su propia red internacional de salud pública mediante acuerdos uno a uno con países individuales.
El gobierno ha despedido a miles de científicos y profesionales de salud pública de los CDC, incluidos integrantes del programa de saneamiento de barcos de la agencia.
Mientras esto ocurría, Kennedy dijo que estaba trabajando para “restaurar el enfoque de los CDC en las enfermedades infecciosas, invertir en innovación y reconstruir la confianza mediante la integridad y la transparencia”.
Los CDC no han guardado completo silencio sobre el hantavirus. La agencia emitió el miércoles pasado un breve comunicado en el que señaló que el riesgo para el público estadounidense es “extremadamente bajo” y describió al gobierno de Estados Unidos como “el líder mundial en seguridad sanitaria global”.
“Eso no solo fue inútil, sino que en realidad provoca un daño, porque un principio central de las comunicaciones en salud pública es la humildad”, apunta Nuzzo.
El director interino de los CDC, el doctor Jay Bhattacharya, publicó un mensaje en redes sociales en el que indicó que la agencia aportaba su experiencia para coordinarse con otras agencias federales y autoridades internacionales.
Autoridades de Arizona dijeron esta semana que se enteraron por los CDC de que uno de los estadounidenses que dejó el barco —una persona asintomática y que no se considera contagiosa— ya había regresado al estado. Funcionarios de la OMS dijeron que la agencia ha compartido información técnica.
Los centros también “monitorean el estado de salud y preparan apoyo médico para todos los pasajeros estadounidenses en el crucero”, escribió Bhattacharya.
Pero la mayoría de los funcionarios federales de salud se han mostrado herméticos y han rechazado solicitudes de entrevista.
En entrevistas realizadas esta semana, algunos expertos hicieron una comparación con un incidente ocurrido en 2020 que tuvo que ver con el Diamond Princess, un crucero anclado en Japón que se convirtió en el escenario de uno de los primeros grandes brotes de Covid-19 fuera de China.
Los CDC enviaron personal al puerto, ayudaron a evacuar a pasajeros estadounidenses, gestionaron cuarentenas, compartieron datos genéticos sobre el virus, se coordinaron con la OMS y Japón, realizaron sesiones informativas públicas y publicaron rápidamente informes “que se convirtieron en los datos de referencia mundial sobre la transmisión del Covid en cruceros”, señala el doctor Tom Frieden, exdirector de los CDC.
Algunos aspectos de la respuesta internacional al Diamond Princess fueron criticados, y no detuvo el brote ni frenó la propagación del Covid-19 por el mundo. Pero algunos expertos consideran que no fue por falta de esfuerzo de los CDC.
“Los CDC estaban por arriba del tema, muy visibles, muy activos en tratar de gestionarlo y contenerlo”, recuerda Gostin, mientras que el trabajo de la agencia ahora está retrasado y atenuado.
En lugar de trabajar con casi todas las naciones del mundo a través de la OMS, el gobierno de Trump ha impulsado acuerdos sanitarios bilaterales con países individuales para el intercambio de información, el apoyo de salud pública y lo que describe como “la introducción de tecnologías estadounidenses innovadoras”.
Actualmente hay 30 acuerdos en vigor. Eso no es suficiente, sostiene Gostin. “No se puede cubrir una crisis sanitaria global haciendo acuerdos uno a uno con países aquí y allá”, enfatiza.
