LA HABANA.— Los edificios en La Habana con más de un siglo de construidos, con derrumbes parciales o a punto del colapso, pero en los que aún viven personas, reflejan el severo deterioro del fondo habitacional en la isla, una crisis ante la cual, la respuesta del Gobierno cubano ha sido la adaptación de los contenedores en casas.
El déficit en Cuba supera las 800,000 viviendas, según cifras oficiales, un problema irresuelto por décadas y agravado con los eventos climatológicos y las limitaciones materiales.
La situación se profundiza en un contexto marcado por una crisis energética desde hace dos años y agravada por el bloqueo petrolero de EE.UU. desde enero, que mantiene a la economía estatal casi paralizada.
Los adultos mayores representan uno de los sectores más vulnerables y así lo demuestra Rolando Din, de 82 años, quien sobrevive entre escombros y bajo un techo improvisado en la esquina de Perseverancia y San Lázaro en Centro Habana, tras derrumbarse su antiguo hogar por condiciones climáticas y las demoliciones parciales del Estado de las edificaciones a su alrededor.
“Vivo aquí, duermo aquí y mi condición sanitaria es la intemperie”, detalla con dureza Din, quien para subsistir se dedica a recoger basura y cuenta que para cocinar lo hace en hornos improvisados de “ladrillo y leña“, en medio de apagones que superan en la capital cubana las 20 horas consecutivas.
Al ser cuestionado por el apoyo institucional, decepcionado y con tono desconsolado afirma que “la única respuesta que me pueden dar es, vamos a esperar que vaya para el cementerio y allí te daremos una habitación”.
A pocas calles, Vilma Rosa de la Cruz, de 75 años, experimenta un calvario similar. Jubilada por cuestiones de salud y actualmente beneficiaria de la asistencia social tras sufrir una isquemia transitoria, habita con temor extremo en un inmueble en riesgo inminente de desplome, en la esquina de Sol y Monserrate.
“No puedes dormir porque sientes cómo caen los pedazos”, confiesa De la Cruz, cuyos nervios dice, se agravaron tras el colapso reciente de una pared contigua.
“Estoy esperando por la inspección de la Oficina de Eusebio Leal porque yo quiero irme para otra parte”, detalla la anciana en referencia a la oficina del Historiador de La Habana Vieja que se ha encargado desde la década de los 90 del siglo XX, del programa de la restauración y preservación de La Habana Vieja.
“Si no vienen, yo me voy como quiera”, afirmó, aunque dice no saber a dónde.
Aunque el Gobierno ha promovido alternativas como la conversión de contenedores en viviendas y algunos programas de rehabilitación, el ritmo de construcción y reparación sigue siendo insuficiente frente al creciente déficit habitacional. Para miles de familias, la incertidumbre persiste entre edificios deteriorados, desalojos y la espera de una solución definitiva que, en muchos casos, lleva años sin llegar.





