El efecto más eficaz para que un bebé deje de llorar durante la noche es tomarlo en brazos y caminar durante cinco minutos. Pasado ese tiempo todos los bebés de un estudio habían dejado de llorar y casi la mitad se había dormido.

Pero cuando las madres intentaron acostar a los bebés poco tiempo después de quedarse dormidos, más de un tercio de los niños se despertó a los 20 segundos.

El equipo de investigación descubrió que mientras están pegados a la madre, los cuerpos de los bebés producen unas respuestas fisiológicas (incluidos cambios en el ritmo cardíaco) que se paran en el momento en que se separan de su madre.

Unos minutos madre y bebé bastan

Tras distintas pruebas, comprobaron que si después de dormiles, las madres esperaban unos minutos antes de acostarle, era menos probable que se despertaran.

“Incluso como madre de cuatro hijos, me sorprendió el resultado. Pensaba que el hecho de que los bebés se despertaran al acostarlos estaba relacionado con la forma en que se les ponía en la cama, como la postura, o la suavidad del movimiento”, dice a EFE Kumi Kuroda, del Centro Riken.

Aunque en el experimento solo participaron madres, Kuroda espera que los efectos sean probablemente similares en cualquier cuidador.

“La mayoría de padres somos intuitivos o escuchamos los consejos de otras personas sobre la crianza de nuestros hijos pero necesitamos la ciencia para entender sus comportamientos porque son mucho más complejos y diversos de lo que pensamos”, concluye.

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