El doctor Carlos Méndez Nieto participó en la última jornada del Congreso Internacional de Pediatría
El doctor Carlos Méndez Nieto participó en la última jornada del Congreso Internacional de Pediatría

“El cambio de fórmula en los primeros meses de vida es indiscriminado”, señaló el doctor Carlos Mario Méndez Nieto durante su participación en el XXI Congreso Internacional de Pediatría, que ayer llegó a su fin después de tres días de actividades.

El doctor Méndez, pediatra gastroenterólogo del Hospital Ángeles de Ciudad Juárez, Chihuahua, habló del tema en su conferencia titulada “Uso y abuso de fórmulas infantiles”.

Su participación dio inicio exponiendo el caso de un pequeño de cinco semanas de nacido que presentaba un cuadro clínico de irritabilidad y que, luego de haber tomado leche de cabra, llegó tranquilo al consultorio.

El ponente se reservó para el final qué fue lo hizo con el paciente para hablar del estudio realizado en el Hospital Ángeles con 300 niños de menos de seis meses que llegaron al nosocomio por males gastrointestinales.

En el estudio, dijo, fueron analizados los principales síntomas que originaron el cambio de la fórmula y cuáles fueron las fórmulas más indicadas por los médicos de primer contacto.

Los resultados arrojaron datos interesantes, entre ellos que el primer cambio de fórmula ocurrió a las dos semanas de nacido, pero también hubo niños a quienes se les cambió a los dos días.

Añadió que, generalmente, un paciente llega con el gastroenterólogo pediatra a las cuatro semanas y para entonces ha tenido en promedio cinco cambios de fórmula. “Es decir, cada cinco días les están cambiando de fórmula”, advirtió.

El especialista reconoció que en muchos casos el médico de primer contacto es quien cambia la fórmula, seguido de los padres, y, por último, por otros familiares, amigos o conocidos.

Los principales motivos por el que se opta cambiar de fórmula a los bebés es la aparición de irritabilidad, vómito, regurgitación, dermatitis, estreñimiento, evacuación con sangre, diarrea “o simplemente porque no le gustó al recién nacido”.

El doctor Méndez añadió que muchas veces se cambia la fórmula sin conocimiento, por ejemplo, “cuando solo se cambia de marca, pero los ingredientes siguen siendo los mismos; en ese caso no se hace nada”.

También es común quitarles a los niños las fórmulas que contienen lactosa, pues generalmente a ese azúcar se le echa la culpa de malestares como el estreñimiento, la diarrea y los gases.

Por otro lado, el especialista dedicó unos minutos de su presentación para hablar de la leche humana, compuesta en un 85% de agua y 7% de azúcares (principalmente lactosa), por eso “es difícil decir que un niño es intolerante a la lactosa”.

“La leche materna”, continuó, “ es rica en oligosacáridos con efectos a nivel de sistema inmune, gastrointestinal y cerebral, y sus proteínas son, prácticamente, hipoalergénicas. Además, contiene caseína y lactoferrina”.

“Todos los laboratorios quieren igual a la leche humana”, manifestó el médico, que hizo una comparación entre la leche de vaca y la leche de cabra; esta última fue la que recetó al paciente del caso que compartió al inicio de su presentación.— IVÁN CANUL EK

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