El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más común en el mundo, con más de 200 variantes que afectan a hombres y mujeres, y que se transmite principalmente por contacto sexual. De ellas, al menos 14 pueden persistir y provocar lesiones que, con el tiempo, evolucionan hacia distintos tipos de cáncer. El más frecuente es el cáncer cervicouterino, que se ha convertido en la cuarta causa de cáncer en mujeres a nivel global. Aunque es prevenible en la mayoría de los casos, esta enfermedad aún cobra miles de vidas cada año.
En México, el VPH continúa siendo una de las principales amenazas para la salud pública, particularmente entre las mujeres en edad reproductiva. Durante su visita a Mérida para el congreso HPV Master Talk, la oncóloga médica Lucely del Carmen Cetina Pérez recalcó que el VPH no es un problema exclusivo de mujeres, sino una cuestión que involucra también a los hombres, y que su prevención desde la infancia podría cambiar la historia de miles de familias.
Egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Yucatán, la doctora Cetina ha dedicado casi tres décadas a la atención e investigación del cáncer cervicouterino. Su vocación nació en los años 90, cuando como estudiante fue testigo de las largas filas de mujeres que, con recursos limitados y diagnósticos avanzados, aguardaban atención en el antiguo Centro Anticanceroso de Mérida. “Ver el sufrimiento de tantas mujeres me inspiró a dedicar mi vida a la investigación y al tratamiento del cáncer cervicouterino”, recuerda en entrevista con el Diario.
Actualmente, desde el Instituto Nacional de Cancerología, la especialista lidera proyectos como el programa “Micaela”, modelo de atención integral para mujeres con cáncer avanzado. Reconoce avances, pero advierte que aún existen grandes retos: cada año en el mundo se diagnostican 664 mil casos de cáncer cervical y más de 342 mil mujeres fallecen. En México, la cifra es alarmante: 13 mujeres mueren y 28 son diagnosticadas diariamente.
En Yucatán la situación es igualmente preocupante, ya que la entidad figura entre los primeros lugares de mortalidad por esta causa. “Es inconcebible —subraya— que una enfermedad prevenible en un 99% continúe cobrando vidas, sobre todo de mujeres jóvenes que muchas veces dejan hijos en la orfandad”.
La especialista insiste en dos medidas fundamentales: vacunación y detección oportuna. Aunque en México la política pública establece la aplicación de la vacuna a niñas y niños de 11 años, también es posible inmunizar a jóvenes y adultos de hasta 65 años con alta eficacia. Tres dosis ofrecen protección contra distintos tipos de cáncer relacionados con el VPH: hasta en un 90% para vagina, vulva, pene y ano, y en alrededor de un 75% para orofaringe y laringe.
Además de vacunarse, las mujeres deben acudir a revisiones médicas periódicas. La prueba de Papanicolau, vigente desde hace más de 80 años, sigue siendo indispensable, ahora complementada con pruebas moleculares que permiten una detección más temprana. La recomendación es que las mujeres inicien revisiones al comenzar su vida sexual y de manera constante a partir de los 21 a 25 años.
La doctora Cetina recalca que este no es un problema exclusivo de salud femenina, sino una responsabilidad compartida. “El cáncer cervicouterino lo padecen las mujeres, pero es un problema social en el que están involucrados tanto hombres como mujeres. La vacunación, la prevención y la educación sexual nos corresponden a todos”, afirma.
La erradicación, la meta
El plan de acción global de la Organización Mundial de la Salud busca erradicar el cáncer cervicouterino hacia 2030 mediante la vacunación masiva y la detección temprana. No obstante, México aún está lejos de esa meta. “Necesitamos más difusión, educación y accesibilidad a la salud. No basta con tratar, debemos prevenir. Y la prevención empieza en casa, con la decisión de proteger a nuestras hijas e hijos”, señala la oncóloga.
Varios países muestran que la erradicación es posible. Australia es considerado el caso más exitoso, pues gracias a campañas de vacunación masiva y programas de detección, se prevé que en menos de una década el cáncer cervicouterino quede prácticamente eliminado. Reino Unido, Canadá y Suecia también reportan reducciones significativas gracias a la cobertura de la vacuna y a la promoción de controles médicos regulares.
La prevención del VPH descansa en tres pilares: vacunación temprana, uso consistente del preservativo y revisiones médicas periódicas. Si bien el preservativo no elimina totalmente el riesgo de contagio, sí reduce considerablemente la probabilidad de transmisión. La vacunación, en cambio, ofrece la mayor protección, especialmente si se aplica antes del inicio de la vida sexual.
En su mensaje final, la doctora Cetina lanza un llamado a hombres y mujeres. “A las mujeres les digo: piensen en ustedes, en su papel como madres, hermanas o hijas, pero sobre todo como pilares de la familia. Prevenir no solo protege sus vidas, sino también las de quienes dependen de ustedes. Y a los hombres, les recuerdo que este es también su compromiso. Si trabajamos juntos, podremos erradicar el cáncer cervicouterino”.— Drinka Ruiz Morimoto
Enfermedad Prevención y compromiso
Reducir significativamente los casos de cáncer cervicouterino en México es la meta.
Prevención con compromiso
La prevención requiere la participación conjunta de mujeres y hombres mediante vacunación, revisiones médicas y educación sexual, lo que fortalece el cuidado de la salud como una responsabilidad compartida en sociedad.
Formación
La trayectoria de la doctora Lucely del Carmen Cetina Pérez refleja un compromiso con la salud de las mujeres. Tras formarse en Medicina Interna y Oncología Médica, hoy es investigadora clínica del Instituto Nacional de Cancerología, con más de un centenar de artículos publicados. Desde 2018 encabeza el programa “Micaela”, modelo integral que ofrece atención a mujeres con cáncer cervical avanzado, y que representa uno de los logros más significativos en su misión por brindar esperanza y calidad de vida a las pacientes.
