Las alteraciones en los hábitos de conducción de personas mayores no deben verse como insignificantes
Las alteraciones en los hábitos de conducción de personas mayores no deben verse como insignificantes

NUEVA YORK (HealthDay News).— Larry Duncan valoraba la conducción como parte de su independencia.

Pero Duncan —un empresario jubilado de Pinehurst, Carolina del Norte— empezó a ponerse más nervioso al volante antes de su diagnóstico de enfermedad de Alzheimer en 2023.

“A Larry le venía bien conducir en zonas familiares, pero en lugares nuevos donde tenía que tomar decisiones rápidas se ponía ansioso”, recuerda su esposa y cuidadora, Pam Duncan.

Estos cambios sutiles en los hábitos de conducción de las personas mayores pueden aportar información sobre la salud cerebral, según un nuevo estudio.

Los mayores que empiezan a conducir menos o que no están dispuestos a cambiar sus rutas habituales tienen más probabilidades de sufrir daños cerebrales relacionados con la demencia, de acuerdo con investigadores.

También tienen más probabilidades de realizar prácticas de conducción inseguras y acabar en más accidentes de tráfico.

“La frecuencia con la que las personas conducen, adónde van y cuánto varían sus rutas pueden indicar daños subyacentes a la sustancia blanca del cerebro, que están relacionados con el deterioro cognitivo y la demencia”, dice la investigadora principal, doctora Chia-Ling Phuah, codirectora del Centro de Neuroanálisis del Instituto Neurológico Barrow.

“Estos hallazgos sugieren que incluso pequeños cambios en los patrones de conducción diaria pueden ofrecer pistas importantes sobre cambios cerebrales, a veces antes de que los síntomas tradicionales de memoria y pensamiento sean evidentes”, añade Phuah.

Para el nuevo estudio, los investigadores analizaron la salud cerebral y los hábitos de conducción de 220 personas mayores de 65 años que viven de forma independiente en St. Louis, Misuri. Ninguno tenía demencia al principio del estudio.

Cada participante se sometió al comienzo a una resonancia magnética cerebral y aproximadamente la mitad tuvo una segunda al menos 12 meses después.

Durante más de cinco años se utilizaron sensores de automóvil para seguir su comportamiento de conducción, contabilizando ejemplos de exceso de velocidad, colisiones, y frenadas y curvas bruscas. Los sensores también rastrearon la frecuencia con que los mayores conducían y las rutas que recorrían.

Los investigadores compararon su comportamiento al volante con los cambios en la sustancia blanca del cerebro, observando específicamente indicadores de daño cerebral llamados hiperintensidades de sustancia blanca.

Durante el seguimiento, el 17% de los participantes desarrolló deterioro cognitivo y en su mayoría fueron diagnosticados posteriormente con el mal de Alzheimer.

El mayor daño de la sustancia blanca en el cerebro se asoció a una disminución en la conducción, menos viajes, rutas repetitivas y más errores al conducir, especialmente entre quienes después desarrollaron demencia.

El daño de la sustancia blanca en la parte posterior del cerebro —que ayuda a las personas a procesar información visual y coordinar movimiento— estuvo más vinculado a la conducción insegura y los accidentes.

“Los participantes con hiperintensidades de sustancia blanca localizadas en la parte posterior del cerebro —una región responsable de procesar lo que las personas ven y cómo se mueven— tenían un riesgo aún mayor de accidentes que aquellos con cambios en otras áreas cerebrales, lo que les hacía más propensos a experimentar episodios de conducción insegura y accidentes de tráfico con el tiempo”, explica la doctora Phuah.

Sin embargo, los mayores que tomaban medicamentos para la presión arterial, especialmente los inhibidores de la ECA, tenían menos probabilidades de mostrar conductas de conducción de riesgo, incluso cuando había daño cerebral.

“Este efecto se observó independientemente de si sus niveles de presión arterial estaban en los niveles objetivo”, revela Phuah. “Esto sugiere que esos medicamentos pueden ayudar a apoyar la salud cerebral a medida que envejecemos”.

Pam Duncan, quien ahora es voluntaria para la ASA, señala que el caso de su marido demuestra que estos cambios en los hábitos de conducción no deberían ser descartados como insignificantes. “En el deterioro cognitivo en etapas tempranas, los síntomas pueden ser sutiles, y conducir es uno de ellos”, manifiesta.

No ignores estos cambios”, continúa. “Como cuidadores, nuestro papel es apoyar la independencia mientras tenemos el valor de tomar decisiones difíciles. Puedes vivir bien con demencia, pero empieza con la conciencia y la acción”.