De su abuelo y un tío heredó el arte de la panadería

HUNUCMÁ.— A Mario Arnaldo Esquivel Díaz se le ve los sábados y domingos vendiendo bocadillos: anda con su triciclo con una vidriera, que los domingos estaciona ante la céntrica parroquia y después se va al mercado y al parque frente a la iglesia.

En entrevista, dice que desde hace 30 años se dedica a la elaboración y venta de bocadillos y que de esa actividad depende el sustento de su familia.

“Toda mi familia estuvo dedicada a la panadería, desde mi (extinto) abuelo Justino Esquivel Ordaz, quien vino de Progreso y fundó la panadería La Abuelita, en la calle 31 entre 32 y 34.

“Al morir él, sus hijos Arnaldo, Jesús, José y Antonio, todos ya fallecidos, se hicieron cargo del negocio; hacían toda clase de panes, como francés y hojaldras de jamón y queso.

“De mi tío José, quien servía en banquetes en Mérida, aprendí a hacer toda clase de bocadillos, entre ellos conos rellenos de jamón y queso, pastelitos de camote, donas rellenas con cremas, conos rellenos de ensalada o de crema, las cuales tienen buena demanda”, abunda.

Indica que además lo contratan para fiestas en Mérida y en esta ciudad.

Precisa que vende cada bocadillo a cinco pesos.

También recibe encargos para fiesta o cumpleaños.

Su esposa, María Teresa Góngora, lo ayuda en la elaboración de los productos.— Jorge Castilla Franco

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