Arriba y debajo de estas líneas otros de los puestos de artesanías que se instalan desde Dzitnup y hasta la comunidad de Pisté

Regresan puestos de artesanos

VALLADOLID.— La carretera federal libre desde la comisaría de Dzitnup hasta Pisté, se ha vuelto a convertir en un corredor económico para los artesanos de varias comunidades, ya que desde anteayer comenzaron a instalarse en las orillas de la vía para ofrecer sus productos a los turistas que van pasando en sus vehículos con destino a la zona arqueológica de Chichén Itzá.

Antes de la pandemia, el tramo comprendido desde Dzitnup hasta Pisté era un corredor comercial donde numerosos artesanos instalaban sus puestos de venta de artesanías, que tuvieron que cerrar cuando comenzaron los contagios de Covid-19, de tal modo que la mayoría se dedicó a actividades del campo u otra ocupación en sus comunidades.

Sin embargo, con la reapertura de la zona arqueológica de Chichén Itzá volvieron a salir e instalar sus puestos semifijos, en la orilla de la carretera y en las banquetas, donde ofrecen amplia diversidad de artesanías.

La mayoría de los artesanos, cuando ven pasar algún auto con visitantes, hasta salen a media calle para ofrecerles lo que al parecer ellos mismos elaboran, aunque hay un gran número de ellos que son revendedores.

Se observa que desde la comisaría de Dzitnup, perteneciente a este municipio, hay pequeños puestos en la vía pública, otros lo hacen en Cuncunul, Kaua, Xcalacoop, incluso llegando a la zona arqueológica, justamente metros antes de dar vuelta para entrar al camino de acceso al parador.

De la misma manera, la carretera federal que enlaza la zona arqueológica con Pisté, también está llena de puestos ambulantes, incluso de pequeños locales de venta de alimentos, lo que está marcando el inicio de la recuperación económica de la gente que vive del turismo en todo el corredor.

También en la entrada a Pisté desde Mérida se observa a una gran cantidad de vendedores de artesanías, que incluye a los que están dentro de la comunidad a un lado de la carretera federal que pasa por esta comunidad, donde los hoteles ya abrieron sus puertas con sus respectivos restaurantes, cuyos empleados salen a las puertas con el menú en la mano para atraer a clientes.

Toda esa zona se ha convertido de nuevo en un corredor de la artesanía, en la que decenas de familias dependen del turismo que capta Chichén Itzá, de modo que ahora todos esperan y tienen la esperanza de vender sus productos, como lo hacían antes de la pandemia.

Guías

Por otra parte, divididos en tres grupos, 70 guías de turistas que ofrecen sus servicios en la zona arqueológica de Chichén Itzá, desde anteayer se manifestaron listos para trabajar y poder llevar el sustento a sus familias, luego de seis meses que la pasaron seriamente difícil, al estar cerrado el lugar.

Rusell Leonardo Yam Caamal, presidente de la Asociación de Guías de Turistas de la zona arqueológica, manifestó que son los únicos grupos que tienen el derecho de estar en el parador para ofrecer sus servicios, cuyas tarifas van desde los $900 a los mexicanos y hasta $1,400 a los extranjeros, sobre todo para los europeos.

Yam comentó que en cuanto les comunicaron que se abriría la zona, ellos mismos se comenzaron a organizar para crear tres grupos, para lo cual se asignaron los turnos, de tal modo que puedan cumplir con todos los protocolos de salud que se les está exigiendo, incluso instalaron un módulo en las puerta del parador, donde ofrecen sus servicios para guiar a los visitantes.

Explicó que estuvieron sin actividad durante seis meses, tiempo en el cual la mayoría se ocupó en otras actividades para poder sostener a sus familias.

El 90% de los habitantes de Pisté y comunidades que estén en los alrededores viven del turismo de manera directa, por lo tanto la afectación fue severa, pero ahora esperan que empiecen a levantarse económicamente.

Esperan al menos dar un servicio al día, pues con eso podrían obtener recursos para salir adelante con sus familias.

De acuerdo con datos obtenidos, hay varios guías de turistas que sobrepasan los 60 años de edad y que tienen temor de acudir a ofrecer sus servicios porque no quieren contagiarse de Covid-19, por lo tanto éstos seguirán teniendo problemas económicos, ya que no tienen otra entrada de recursos.

Del mismo modo, a todo lo largo de la carretera federal que une a la zona con Pisté, se observó una gran cantidad de guías de turistas que forman parte de otras agrupaciones, pero que están certificados y reconocidos para que ofrezcan su servicio.

Según se averiguó éstos no tienen ningún problema si captan a sus clientes antes de llegar al parador, pues los dejan trabajar, ya que están debidamente certificados, por lo tanto hasta en los grupos de guías no hay diferencias.— Juan Antonio Osorio Osorno

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