TIZIMÍN.— Con el paso de los años el tradicional convite del festejo popular de Tizimín ya tuvo cambios significativos y se convirtió en una de las fiestas más esperabas del oriente yucateco por la cantidad de gente que atrae, incluyendo turistas nacionales y extranjeros.

Antiguamente, antes que se quemara el Palacio el 19 de noviembre de 1972, el festejo era más sencillo y sin “bulla” pues no había aglomeración de gente más que las autoridades municipales y una charanga.

Idelfonso Canché Cemé, diputado de la séptima corrida de toros, hace un recuento del convite y recuerda que hace más de 40 años el festejo partía del Palacio Municipal. Solo el presidente municipal, el comandante de la Policía y con los demás regidores del Cabildo visitaban cada una de las casas de los diputados de feria.

Se hacía la petición para realizar la feria, no se daba comida, ni bebidas ni mucho menos había bailes jaraneros, era solamente tomar acuerdos para realizar la feria, indica.

Dice que cuando se quemó el Palacio, él fue uno de los detenidos acusado de participar en el siniestro, por eso estuvo seis meses arrestado y a raíz de eso perdió su diputación de feria, sin embargo uno de los antiguos diputados le dio una, que es la que mantiene a la fecha.

Según recuerda, luego de la quemazón se comienza a hacer el convite parecido a lo que es ahora. En lugar de regalar cerveza se compraba entre los diputados botellas de licor y durante el recorrido se iba repartiendo en vasitos a la gente.

La mujeres salían con hipil y en las casas se ponía un tocadiscos para amenizar el ambiente, desde aquel entonces se comenzó a dar refrescos y comida.

María Jesús Méndez Dzib, diputada de la octava corrida, recuerda que cuando su padre era diputado de corrida llegaba del rancho con carne de venado, misma que se repartiría en tacos a la gente o se beneficiaba algún ave para darla de comer en algún guiso a los invitados.

Esa muestra de afecto que comenzó a hacer su padre se replicó con los demás diputados y la misma autoridad la comenzó a sugerir, en ocasiones las autoridades municipales llevaban un “cartoncito” de cerveza para ofrecer el día del anuncio para la feria.

Dice que a veces les pedían su opinión para elegir a la reina de la feria, sin concursos, sino más bien una designación.

Señala que más que una cantina abierta era un día de convivencia y de fiesta, pues la gente ya sabía que con eso ya estaba cerca la Feria de Reyes, que en aquel entonces era de mayor devoción a los patronos sin verlo desde el punto de vista turístico, sino de recordar las tradiciones y costumbres.

Por su parte, el historiador Luis Pérez Salazar recuerda que la primera reina de feria que tuvo Tizimín fue Anita Pérez Castillo, en 1985, jovencita que designaron la autoridad y los diputados de feria sin necesidad de realizar certámenes.

Señala que no se regalaba cerveza en exceso, era solo para convivir, tampoco participan caballos y solo estaba el alcalde con los demás regidores del Cabildo.

Dice que la gente se divertía sanamente y siempre terminaban en el Palacio los mismos que iniciaron el recorrido.

Hoy señala que es un convite con mucha mercadotecnia, pero que también ha servido para posicionar la tradicional Feria de Reyes, que sigue siendo una de las más importantes en todo el estado de Yucatán.— Wendy Ucán Chan

 

Colaboradora de Megamedia en municipios del oriente de Yucatán desde junio de 2009. Cubre noticias generales en las comunidades de esta región: política, gobierno, campo, ganadería, sucesos policíacos, religión, artes y cultura.