El profesor Luis Pérez Salazar, conocido historiador de Tizimín, al mostrar una réplica del ferrocarril que llegaba a la ciudad de los Tres Reyes
El profesor Luis Pérez Salazar, conocido historiador de la ciudad,

TIZIMÍN.— La historia del ferrocarril revive con el tren maya, pues el ambicioso proyecto del gobierno federal se llama “Tsíimin K´áak” que es parecido al nombre que lleva Tizimín en maya, “Tsimin Cah”, que significa lugar del caballo.

Hoy Tizimín está en boca de miles de personas quienes desean subirse al lujoso tren maya que deberá estar listo en diciembre.

De hecho este fin de semana será abordado de nuevo por el presidente Andrés Manuel López Obrador para realizar un recorrido de inspección que llegará a Yucatán tal y como lo hizo el 1 de septiembre.

Para los tizimileños solo quedan recuerdos de la época dorada del ferrocarril, anécdotas y algunas fotografías de los trenes, la desaparecida estación y la historia que guarda desde hace 93 años cuando llegó el tren a la comunidad.

El profesor Luis Pérez Salazar, conocido historiador de la ciudad, muestra desde el museo municipal algunas de las lámparas del antiguo tren, los teléfonos que con la llegada del tren se comenzaron a usar, así como una réplica de los vagones y la locomotora.

El maestro Pérez recuerda con exactitud, con base en libros así como de las anécdotas vividas, la llegada del tren a Tizimín el 30 de noviembre de 1930.

A las 11:30 de la mañana hizo su parada el tren en la ciudad en la primera estación, construida de madera y láminas de cartón, donde descendieron personalidades del gobierno, de la empresa Ferrocarriles de Yucatán y empresarios, entre otros.

Fue una gran fiesta que duró dos días: los tizimileños, el sector comercial y el religioso celebraban la llegada del transporte público y de carga que le facilitaría la vida a las personas pues era complicado transportar todo lo que en Tizimín se producía, desde caña de azúcar, madera, maíz, chicle, verduras, frutas y un sinfín de artículos comestibles y medicamentos.

Recuerda que a la 1 de la tarde salía el tren para realizar paradas en las estaciones de Calotmul, Espita, Dzitás, entre otros poblados hasta llegar a Mérida.

En cada parada los viajeros aprovechaban para comprar alimentos como panuchos, salbutes, dulces tradicionales o frutas, y no podía faltar la bebida que era la Sidra Pino.

Indica que cuando llegaba el tren a Mérida ya eran alrededor de las 7 de la noche y los pasajeros estaban “bien comidos” tras un largo viaje.

Pérez Salazar detalla que fue en 1942 cuando se hace la nueva estación del tren de mampostería, más resistentes, con taquillas, baños, oficinas y área de espera.

En carretillas se llevaba el equipaje de los pasajeros, pues las maletas eran de madera y para ello habían personas dedicadas a ello.

Mientras tanto los viajeros cargaban con sus mochilas de cretona (tela fuerte de algodón) que cargaban en la espalda.

Como en todo, dice, había clases: para la gente de nivel socioeconómico alto, medio y bajo, así estaba divididos los vagones, pero a la vez estaba la carga de todo lo que se transportaba no solo para llevar a Mérida, sino la mercancía para traer a Tizimín.

La llegada del tren fue un parteaguas para el desarrollo de Tizimín, se generaron empleos, nuevos negocios y mejores oportunidades de vida para las familias.

Hoy de los ferrocarriles dice que solo hay algunas rieles del tren, fotografías y en la mente de muchos tizimileños los recuerdos de la estación que hoy está convertida una plaza comercial y las fotografías.

Aunque no queda nada de la antigua estación porque fue demolida, dice que el hecho que el tren maya tenga el nombre de Tsimin le enorgullece: “Como historiador me doy por bien servido”.— WENDY UCÁN CHAN

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