TIZIMÍN.— Las flores que colocan en las tumbas las familias que acuden al cementerio a visitar a sus seres queridos fallecidos son un banquete para la fauna, pues los iguanos se comen las plantas, afirmaron los sepultureros del lugar.
“No les hacemos nada (a los iguanos) ni los matamos, porque no causan ningún daño; viven en las fosas y ya nos acostumbramos a verlos”, relató Mario.
El sepulturero recordó que hace unos años una persona de aspecto foráneo, que instaló un puesto en la Expo Feria ubicada cerca del cementerio Jardín de la Paz, habló con él para comprarle cinco de esos reptiles.
Le contesté que no tendría tiempo para atraparlos, narró el empleado municipal.
Pero no se quedó con la duda y le preguntó para qué quería a los animales, y el fiestero le respondió que era para cocinar una barbacoa con la carne de iguanas.
Me quedé sorprendido; le dije que las atrapara él mismo si quería, yo no me comprometí a entregárselas, relató el sepulturero.
Son cientos de estos animales que viven en el cementerio, afirmó el trabajador, pero cada día tienen menos comida debido a que la mayoría de la gente coloca flores artificiales en la tumba de sus seres queridos, porque se conservan más tiempo.
El veterano sepulturero explicó que algunos iguanos miden hasta un metro de largo, incluida la cola, y llevan décadas viviendo en este sitio, donde se comen las flores y otras plantas.
En el Jardín del Recuerdo, conocido como el cementerio antiguo, los trabajadores recordaron que hasta hace algunos años era una plaga lo que existía en ese espacio, hasta que una mañana llegaron y encontraron a decenas de iguanos muertos en el camposanto.
“Llenamos una carretilla con estos animalitos que se murieron, nunca supimos qué les pasó; hicimos una fosa en la parte de atrás de la barda y ahí los enterramos. Desde entonces son pocos los que quedan”, afirmó un empleado mientras juntaba hojas secas.— Isauro Chi Díaz
