TIZIMÍN.— Por el aniversario 110 de la llegada de la primera locomotora del ferrocarril, el historiador Luis Pérez Salazar ofreció una reseña histórica y una exposición fotográfica en el museo de esta ciudad.

El tren se convirtió en uno de los principales medios de transporte que con los años fue desapareciendo por la modernización de las carreteras y la llegada de los camiones de pasaje.

Como parte del aniversario, también hay una exposición fotográfica de lo ocurrido el 30 de noviembre de 1913. Además, el historiador exhibe algunas piezas de lámparas que formaban parte de este medio de transporte. Destacan en la exposición unas réplicas de vagones elaboradas con madera, unas antiguas maletas de los viajeros, entre otros artículos antiguos.

La muestra está en un local ubicado en la calle 50 entre 47 y 49 del centro de Tizimín.

El próximo sábado será el último día para admirar la exposición, que es gratuita.

Pérez Salazar lamentó que la mayoría de los jóvenes utiliza la tecnología para encontrar lo que necesite y leer libros para saber del pasado lo consideran una pérdida de tiempo.

“Para mí, la historia siempre ha sido algo que nos sirve para cometer menos errores, nos enseña a saber qué hicieron para superarse o que no hicieron para llegar a donde se encuentran”, externó el ponente a los primeros invitados.

Posteriormente, Pérez Salazar hizo un recuento de la llegada del ferrocarril a esta ciudad, lo que contribuyó a una mejor calidad de vida para infinidad de familias, desde el carretillero que iba por las maletas a la casa de los pasajeros, hasta las vendedoras que ofrecían arepas de almidón en Calotmul, dulces en Espita y salbutes y otros antojitos en Izamal.

“Me gustaba viajar, aunque eran unas siete horas para llegar a Mérida, pero en el trayecto comíamos de todo, eso es lo mejor”, recordó el historiador.

Asimismo, relató que su padre pagaba 60 centavos por boleto para abordar el tren.

“El ferrocarril también fue la alarma para muchos estudiantes tizimileños: cuando sonaba el ‘pito’, porque así le decíamos, es que ya era hora para bañase e ir a la escuela en la Gabino Barreda, donde las clases eran en la tarde”, narró.

Este medio de transporte también fue de utilidad para los ganaderos, pues había vagones destinados para el transporte de los bovinos.

Los traían un día antes a pastar en lo que ahora es la plazuela de los cenotes, y temprano los acercaban al paradero del tren para que aborden el vagón que los transportaría, detalló.

El historiador recordó que parte de lo que se conserva en la actualidad son las piedras talladas en los costados en la rejollada que se encuentra en la calle 44-A con 61.

En ese mismo lugar se hacía el cambio el tren para posicionarse para su salida hacia Mérida.

Pérez Salazar pidió a los primeros invitados que corran la voz para que lleguen a este espacio a admirar lo que es la historia del ferrocarril en Tizimín, porque pocas veces y pocas imágenes existen de este acontecimiento que marcó la historia de la ciudad.— Isauro Chi Díaz

Diario de Yucatán

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