Niños y adultos se refrescan en la playa del puerto de Progreso. Dicha zona estuvo abarrotada en la jornada de ayer, donde se vivió un ambiente meramente familiar en el tercer domingo de Cuaresma
Niños y adultos se refrescan en la playa del puerto de Progreso. Dicha zona estuvo abarrotada en la jornada de ayer, donde se vivió un ambiente meramente familiar en el tercer domingo de Cuaresma Credit: AGENCIA INFORMATIVA MEGAMEDIA

PROGRESO.— El tercer domingo de Cuaresma fue un día más que ideal para disfrutar del mar, pues se registró una temperatura 31 grados y un cielo despejado que atrajo a una ola de visitantes.

En las primeras horas, se podía apreciar una fila de automóviles que ingresaban a Progreso, los cuales en su mayoría llevaban a familias abastecidas de alimentos, bebidas y botanas.

Tanto el malecón internacional y tradicional lucieron abarrotadas de visitantes, quienes se distribuían en distintos puntos del puerto.

Atuendos playeros

Una gran mayoría de los paseantes portaban ropa ligera y cómoda, shorts y los infaltables lentes de sol.

Además, algunos iban con botella de agua en mano y llevaban sus mochilas o bolsos para guardar sus pertenencias e ir a nada a la playa o tomar baños de sol.

Incluso, otros se animaron a ser enterrados en la arena para pasar el rato.

Los comercios del municipio, como tiendas, agencias, restaurantes, entre otros, tuvieron una buena derrama económica por notable presencia de los visitantes, quienes compraron sus productos.

Sin embargo, muchos de ellos tuvieron que esperar alrededor de hora y media en la terminal de camiones de Mérida para llegar a Progreso, sumado a la hora de trayecto.

A pesar de ello, eso no impidió que varias familias se les quitara las ganas de comer pescado frito, ceviche o tomar algunas cervezas para mitigar el calor.

Un domingo abarrotado

Desde temprano comenzaron a llegar paseantes a bordo de sus vehículos, sobre todo del interior del Estado, por lo que se formaron largas filas para entrar al puerto.

Muchos de los visitantes primero hicieron una parada previa en un conocido supermercado del periférico antes de llegar a la playa para abastecerse de bebidas, comida y botanas.

Al mediodía habían llegado al malecón tradicional cerca de 8 mil paseantes.

Sin embargo, conforme pasaban los minutos fueron llegando más.

Alrededor de las 3 de la tarde ya había aproximadamente 15 mil personas que estaban en dicho sitio. Algunos comenzaron a ocupar también parte del malecón internacional.

Este arribo de gente benefició a los vendedores ambulantes, restaurantes, tiendas de conveniencia, expendios cerveceros, entre otros comercios, que sacaron provecho de la jornada.

En un recorrido por el malecón, se sentía un ambiente familiar y ameno, y no faltó la persona que se asoleara, se enterrara en la arena y por supuesto, se metiera a nadar al mar.

Un día familiar

La familia Hernández Noh, conformada por los esposos Martha Noh y Vicente Hernández, y los dos hijos de ambos, provenientes de Mérida, llegaron a pasar un rato agradable. Indicaron que tuvieron que venir en camión y manifestaron que esperaron al menos hora y media en la terminal antes de abordar una unidad.

“Un rato estaremos aquí, pues ya nadaron los niños. Veremos dónde comeremos pescado frito. Yo quiero un ceviche y a lo mejor una o dos cervecitas, porque es un paseo familiar. Luego regresaremos a la ciudad y a ver si no nos toca esperar en la fila otra vez”, platicó don Vicente al Diario.

En el momento de la entrevista, las terminales de camiones y combis no tenían filas, pero a media tarde se comenzarían a abarrotar cuando las personas comenzaran a retirarse del municipio.

Por otro lado, a lo largo del día hubo un gran flujo vehicular por parte de los visitantes. Muchos de ellos transitaban por calles de sentido contrario, lo que aumentaba el riesgo de accidentes viales.

Al momento del cierre de esta edición, no se había reportado ningún percance que pusiera en peligro la integridad de los locales y visitantes.— — Abraham Ismael Raz Herrera

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