TIZIMÍN.— En pleno proceso de saneamiento, el relleno sanitario ubicado cerca de la comisaría de Xbojom se incendió ayer y puso en apuros a un grupo de mecánicos que luchaban por reparar un tractor que se encontraba en medio de la zona.

De acuerdo con la información obtenida, desde la última vez que se incendió el lugar, a finales de la administración municipal pasada, permaneció arrojando humo en algunas zonas, por lo que después de unas semanas sin lluvias se volvió a incendiar.

Al lugar llegaron elementos de Protección Civil municipal, pero después de agotar el agua que llevaron en un contenedor de plástico se retiraron y el tiradero se siguió quemando y generando una columna de humo que se apreciaba a varios kilómetros de distancia.

Se sabe que existe un pozo profundo, pero hasta poco antes de las 4 de la tarde, no lo habían activado para extraer agua y evitar que siga la quema de basura amontonada, mientras que el tractor corría el riesgo de ser consumido por las llamas como ocurrió con uno que se quedó en medio del incendio, en marzo pasado.

Mecánicos que se encontraban junto a la maquinaria dijeron que estaban haciendo todo por repararlo, a fin de sacarlo de ahí antes que el fuego lo consuma.— ISAURO CHI DÍAZ

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Una respuesta en “Arde de nuevo el basurero de Tizimín: Tractor, a punto de quemarse”

  1. El derecho de uno termina donde empieza el de otros. Los fuegos artificiales fueron inventados por los chinos, para usos ceremoniales y religiosos, el cual es su principal uso en México hoy en día.
    La producción y el uso de fuegos artificiales llegaron a México a través de Europa. El ingrediente principal para los fuegos artificiales, la pólvora, fue traída por los conquistadores en el siglo XVI. Las culturas pre hispánicas tenían formas de manipular fuego para fines ceremoniales, la popularidad de fuegos artificiales llegó a México después, en el siglo XIX.
    En Yucatán el uso de la pirotecnia en el siglo pasado representó una oportunidad de comunicación. Se usaron los “voladores” para convocar a las comunidades dispersas asentadas en una zona y para alertar sobre los ataques de los Indios Bravos durante la llamada Guerra de Castas” en la segunda mitad del siglo XIX. Era parte de la estrategia instalar en las poblaciones de la llamada “Línea de Cantones (la franja limítrofe entre la población organizada y la región indígena -el Estado de Quintana Roo hoy-) el llamado “puesto de bomba”, consistente en un petardo de pólvora de considerable potencia de explosión, para alertar sobre la cercanía de las hordas de los que atacaban y sitiaban comunidades organizadas,
    En el ámbito de la tradición y las manifestaciones culturales derivadas del mestizaje, en los Convites (procesos de invitación) por celebraciones patronales y festejos comunitarios, ante la falta de sistema de sonido para difundir las festividades, se acostumbró usar “voladores” para llamar a la participación a distancia. Todavía en la segunda mitad del siglo pasado, en muchas poblaciones se acostumbró que las orquestas o grupos que amenizaban festejos populares, hicieran recorrido de invitación por las calles de los pueblos previo a su presentación, lo que se dejó en desuso cuando se contó con medios electrónicos para una comunicación distante.
    Complementaria a la costumbre de convocar con voladores a asambleas, festejos, o a enfrentar momentos de apremio en los pueblos de Yucatán (ataques o siniestros), derivada de la migración oriental que llegó a Yucatán en la transición del siglo XIX al XX, se gestó la práctica de usar la pirotecnia para complementar celebraciones populares. El “Juego del Torito” las “Hiladas” o lo que en conjunto se conoció como “bronceo”, fue parte de festejos y manifestaciones de alborozo en los festejos populares.
    En la actualidad el reventar voladores y usar la pirotecnia de manera festiva, es u agravio para personas que padecen enfermedades o que por su edad requieren un ambiente de tranquilidad en sus hogares. Falta a la verdad quien señala esa práctica como una tradición, debido a que al igual que las calesas, las carretas o los “coches de caballitos”, fueron un elemento integral de una etapa de vida en las comunidades de Yucatán y hoy ya no se justifican, al grado de que los defensores de los animales demandan dejar de usar a los cuadrúpedos como bestias de arrastre.
    El uso de voladores es una forma permisiva de mucha gente que en el plano del libertinaje agravia y lastima la vida de terceros. Bajo el argumento de sus celebraciones sin regulación y a cualquier hora (noche o madrugada) salen a reventar sus juegos pirotécnicos, en el marco de una autoridad que incumple su primer objetivo: servir, proteger y armonizar a sus comunidades.
    Como agravante e la práctica de prender petardos o voladores, habría que considerar, los nocivos efectos de las detonaciones en personas con espectro autistas, neonatos y las mascotas de los hogares, de los graves accidentes derivados de un mal manejo de la misma o de los daños colaterales en propiedades e infraestructura, además de que uso de pirotecnia supone también un riesgo de contaminación ambiental a largo plazo, cuyas consecuencias quedan de manifiesto en problemas de salud que van desde alergias, problemas respiratorios, daño cardíaco e incluso cáncer en situaciones extremas.
    Finalmente, habría que considerar la confusión en que vive la sociedad mexicana. En el trámite de asimilar la modernidad y el vertiginoso mundo de comunicación que nos tocó vivir, la gente perdió el sentido por el respeto y la consideración que le merece el prójimo. Inmersos en la violencia cotidiana, en la lucha por sacar ventaja de los demás, se agrede al vecino y se generan daños a terceros en el afán de validar una falsa tradición como la de reventar petardos y voladores, aunque el dinero que se disponga en la pirotecnia se necesario para suplir carencias en el hogar. La anarquía en el uso de fuego genera tragedias.

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