CHILPANCINGO.- Kimberly Marisol Sánchez Merino, de 14 años de edad, fue hallada sin vida, tras 28 días desaparecida. El viernes fue identificada por su madre en una plancha del Servicio Médico Forense (Semefo).
El 1 de noviembre, Kimberly fue vista por última vez frente al cuartel de la Policía Municipal, sobre el viejo libramiento a Tixtla. La menor salió de la casa de su abuela en la colonia CNOP para ir a ver a su papá, en la colonia Libertad y Tierra.
Según el reporte, Kimberly estuvo un rato con su padre, recibió un dinero y salió de regreso a la CNOP. Sin embargo, la menor ya no llegó a casa de su abuela, por lo que después de varias llamadas sin respuesta, su madre y su hermano fueron de inmediato a la Fiscalía General de Estado (FGE) a denunciar su desaparición.
Alerta Amber tardía por Kimberly Marisol
La Fiscalía tardó 24 horas para lanzar la Alerta Amber y activar los protocolos de búsqueda y localización de la menor. La madre de Kimberly denunció que pese a la denuncia y a la activación de la alerta, la FGE no inició ninguna operación de búsqueda.
Los que la buscaron, como ocurre casi siempre, fueron sus familiares. La madre de Kimberly aseguró que entregó a la Fiscalía la información de las personas que desaparecieron a su hija, pero lamentó que no los han detenido.
También exigió que la fiscalía revisara las cámaras de vigilancia que están fuera del cuartel de la Policía Municipal. En las cámaras, explicó la madre, pudo haber quedado grabado el momento en que se la llevaron, además del rumbo y también saber si la obligaron a subirse a un vehículo.
El 23 de noviembre, la madre de Kimberly recibió una llamada, era un agente de la fiscalía. Le pidió que se trasladara a la instalación del Semefo. Por la mañana habían hallado el cadáver de una mujer en estado de descomposición en el lugar llamado el Cerro de Huiteco, sobre la carretera Chilpancingo-Tixtla, a 30 minutos de la capital.
Cuando entró a ver el cadáver que estaba en Semefo, la madre de Kimberly supo que era ella, pero por el estado de descomposición del cadáver decidió alargar su esperanza: no daría por muerta a su hija sin tener la certeza científica, esperó hasta que estuviera lista la conforta de ADN.
Sin embargo, había elementos irrefutables: el cadáver tenía el mismo pantalón azul de mezclilla, los mismos tenis con los que salió el 1 de noviembre de la casa de su abuela.
El viernes 28 de noviembre, la madre de Kimberly recibió otra llamada, otra vez un agente de la fiscalía: la prueba de ADN era positiva, ese cadáver en descomposición era el de Kimberly.
