Un artesano realiza labores de pintura en el taller de Luis Miguel Segura.

MÉRIDA.- La alfarería en Ticul es un oficio que ha pasado de generación en generación. Sin embargo, quienes hoy día se dedican a él lamentan que cada día son menos: “Sería una tristeza que el oficio desaparezca”, expresa una de ellos. “Estamos en peligro de extinción”, coincide otro.

Y es que la rudeza y lo tardado de los procesos  que conlleva ha hecho que las nuevas generaciones prefieran la zapatería u otras actividades.  También la falta de apoyos. Estos son los testimonios.

Luis Miguel Segura en su tienda, ubicada en la calle 23 de Ticul.

“Antiguamente había unas 100 tiendas. Con el paso del tiempo, hace unos 15 años, la alfarería bajó mucho. Muchos alfareros se volvieron albañiles o mototaxistas; dejaron un oficio por otro más redituable. Hoy la mano de obra de la alfarería ya casi no existe. Seremos como los dinosaurios: estamos en peligro de extinción”, afirma Luis Miguel Segura Esquivel, con 17 años dedicado al oficio que aprendió de su padre.

“Antes, de 100 jóvenes, 75 se iban al zapato y 25 al barro. Hoy 90 se van al zapato, cinco al barro y otros cinco a algo diferente. Pero de esos cinco, como la alfarería deja poco y es más bien un apoyo, al final se quedan uno o dos, exageradamente. Ya no hay nuevas camadas de jóvenes que quieran venir a esto”, agrega el también licenciado en Turismo.

Alfarería en Ticul, un trabajo duro

Con él coincide Lucely Martín Tzacum. “La alfarería es un trabajo duro y muy lento; además, las ganancias son bajas. Por eso muchos buscan trabajos más ligeros y mejor pagados. Lo que queda ahora es más tradición y gusto por el oficio que otra cosa”.

“Y así como yo, casi todas las familias que quedan funcionan igual: somos los últimos, las últimas generaciones. En mi caso, soy la única que continúa, y los que vienen detrás ya no siguen”, agrega la mujer, cuyos abuelos comenzaron con el oficio en la familia.

Lucely Martín, quien junto con su familia dirige la Alfarería Martín.

Y ahora nosotras intentamos enseñarlo a nuestros hijos, pero ya casi no hay interés. Es un oficio rudo. Nuestras manos siempre están desgastadas, las uñas cortas, la ropa manchada… Es parte del trabajo… Siento que algún día la alfarería va a desaparecer. Desgraciadamente así se ve”, lamenta la mujer, quien forma parte de Alfarería Martín, firma que pertenece a su familia.

Y es que el barro es muy complicado, dice. “El material exige mucho esfuerzo. Tenemos que asolearlo, secarlo, preparar la mezcla… Después viene la fabricación de las piezas, y a veces se rajan o se pierden, y hay que empezar de nuevo…”, explica.

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¿Cuánto tarda hacer piezas de alfarería?

La artesana agrega que, desde el material en bruto hasta una pieza terminada toma de 8 a 10 días. En el caso de piezas grandes, el tiempo aumenta: pueden ser 15 días, incluso hasta un mes, porque el secado es más lento.

Además, cada pieza pasa por cinco o seis pares de manos: quien la elabora, quien prepara el material, quien revisa el secado diario, quien hornea y descarga, quien pinta, y finalmente quien vende, detalla Luis Miguel Segura.

Un artesano da los últimos acabados a un jarrón.

A las complicaciones se agrega que el proveedor que abastece de barro a todo Ticul “se da el gusto de decir: ‘Llevo cuando quiera’. Y si quieres que te surta, te pide cierta cantidad mínima”, explica Segura Esquivel, quien también se desempeñó en la hotelería.

Ante el panorama, los artesanos han recurrido a innovar y a especializarse en ciertos mercados. “Tratamos todos los días de estar a la vanguardia con modelos y diseños, buscando clientes nuevos, porque tenemos una nómina que pagar. Nosotros tenemos 17 muchachos trabajando; son 17 familias”, explica Segura Esquivel.

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Piezas de alfarería en Mérida

“Nuestro mercado más grande es Mérida. Trabajamos con tiendas de decoración posicionadas y con algunos arquitectos y diseñadores”, añade el propietario de la Galería Artesanal Luis Miguel. El hombre destaca entre sus innovaciones, las piezas hechas con barro refractario para uso alimenticio: platos esmaltados que ya puedes meter al lavavajillas.

Piezas de alfarería elaboradas en Ticul

Por su parte, Lucely agrega que en diciembre entran a una temporada buena “porque sacamos nacimientos, animalitos, figuritas para el pesebre, Santa Claus, pastores… Todo eso lo empezamos a preparar desde octubre y noviembre para tenerlo listo”.

“Además de los nacimientos, hacemos recuerdos para eventos… Durante el año es lo que más vendemos. Tenemos mercados fijos que nos compran ese tipo de trabajo”, agrega la alfarera.

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¿Cómo apoyar a los artesanos de Yucatán?

Para cerrar, los artesanos hacen las siguientes peticiones.

“Me gustaría que nos apoyaran más. A los artesanos alfareros casi no se nos toma en cuenta y recibimos muy pocos apoyos, a pesar de que nuestras ganancias son bajas y el trabajo es pesado. Sería bueno que existiera más respaldo hacia nosotros”, afirma Lucely.

“Cuando vean una artesanía, recuerden que ser artesano no significa que el trabajo valga menos. A veces llegan clientes que preguntan: “¿Cuánto cuesta?” y cuando les digo, por ejemplo, 200 pesos, responden: “Ah, pero si no es Walmart”. Y sí, efectivamente no es Walmart. En una tienda departamental nadie pide descuento; pagas lo que cuesta. ¿Por qué con nosotros sí?”, declara Luis Miguel.

Jessica E. Ruiz Rubio es licenciada en Periodismo y maestra en Gestión de la Mercadotecnia. Comenzó su carrera periodística en 2004, año en que ingresó a Grupo Megamedia. Se especializa en trabajos especiales, análisis de tendencias digitales, temas locales y gestión de redes sociales.