La proximidad de las festividades en honor al Santo Cristo de la Transfiguración comienza a sentirse en Chumayel, donde iglesia y feligreses intensifican los preparativos de una de las celebraciones más representativas del sur del Estado.
Como parte de la organización, hoy domingo 19 de abril se realizará la tradicional medición de palcos en el coso taurino, a las 10 de la mañana, actividad que reúne a los palqueros y marca el arranque de la logística para las corridas.
El calendario festivo iniciará mañana lunes con el dzan cebolla, una práctica comunitaria que es el preámbulo de la fiesta.
Este año la actividad será en casa de Cinthia Itzá, “cerca del Parque de la Madre” según se anunció previamente, a partir de las 7 de la mañana.
En este evento, habitantes y miembros de los gremios se congregan en la sede acordada para picar y curtir cebolla morada con naranja agria, sal y especias.
Convivencia
Este proceso, que se realiza de manera colectiva como parte del trabajo comunitario, no solo anuncia el inicio de los festejos, sino que fortalece la convivencia entre generaciones.
La cebolla preparada ese día se reserva para acompañar los alimentos que se distribuyen durante las jornadas principales, específicamente el 23 de abril, cuando se llevará al cabo el tradicional baile de la “cabeza de cochino”.
La actividad, cargada de simbolismo, incluye recorridos por las calles, música y danzas que evocan antiguas prácticas comunitarias. En ese contexto también se realiza la recolecta de insumos por parte de los gremios, quienes organizan la obtención de las cabezas de cochino y otros elementos necesarios para la festividad.
Además de la convivencia durante el corte de cebolla y su posterior encurtido, durante la jornada se cocina tradicionalmente frijol con puerco que se dará a comer a todas las personas que acudan a la sede fijada.
“Birin xiich”
En el marco de estas celebraciones también destaca el “birin xiich”, otra actividad cuyo principal atractivo es la repartición de una bebida tradicional asociada a la alborada y a los días principales de la fiesta.
De acuerdo con la costumbre local, su origen se relaciona con antiguas preparaciones a base de licor de anís, que con el paso del tiempo evolucionaron hacia mezclas más contemporáneas.
Actualmente, esta bebida se elabora con licor de caña combinado con refresco de toronja o agua mineral, a la que en ocasiones se añade agua de coco, según la preferencia de quienes la preparan. Más que una receta fija, el “birin xiich” se caracteriza por su variedad, ya que cada grupo o gremio aporta ingredientes distintos.
Uno de sus rasgos más representativos es que no se comercializa, sino que se comparte de manera gratuita durante los recorridos y actividades, especialmente en el contexto de la recolecta de la cabeza de cochino. En esos momentos, junto con los alimentos y otros elementos festivos, se distribuye la bebida entre los asistentes como muestra de hospitalidad.
Vaquerías
Las vaquerías, programadas para el 28 y 29 de abril, reunirán a mestizas y mestizos ataviados con trajes típicos que, al ritmo de la jarana, llenarán de música y color el centro del municipio. Posteriormente, del 30 de abril al 5 de mayo se desarrollarán corridas de toros y bailes populares, considerados de los eventos más concurridos del programa.
A la par de las actividades recreativas, la dimensión religiosa ocupa un lugar central con misas, procesiones y la participación de los gremios que rinden tributo al Santo Cristo de la Transfiguración, imagen de profunda devoción en la región.
“Rivalidad” con Teabo
En este contexto, la festividad de Chumayel también remite a una historia compartida con el vecino municipio de Teabo, con el que mantiene una antigua “rivalidad” ligada precisamente al culto del mismo Cristo. Ambas comunidades, separadas por pocos kilómetros, celebran al santo en fechas similares, lo que ha dado lugar a comparaciones constantes sobre la magnitud y el ambiente de sus fiestas.
De acuerdo con registros históricos y la tradición oral, la imagen del Santo Cristo de la Transfiguración —también conocido como Cristo Negro— estuvo originalmente bajo resguardo de Chumayel, aunque durante años fue prestada a Teabo para sus celebraciones como muestra de hermandad entre ambos pueblos.
Sin embargo, a principios del siglo XX, cuando Chumayel se constituyó como municipio independiente tras separarse de Teabo, surgieron tensiones en torno al control y significado de la imagen religiosa, considerada símbolo de identidad y prestigio.
Relatos locales señalan que, tras episodios como su resguardo durante la Guerra de Castas, la efigie quedó definitivamente en Chumayel, lo que motivó a los habitantes de Teabo a gestionar una nueva imagen, que llegó en 1922 y actualmente se venera en la parroquia de San Pedro y San Pablo.
Desde entonces, ambas poblaciones mantienen celebraciones propias en honor al mismo santo patrono. Más que una confrontación abierta, se trata de una rivalidad de carácter simbólico y afectivo, que se manifiesta en el orgullo con que cada comunidad organiza sus gremios, procesiones, vaquerías y eventos festivos.




