(Artículo publicado el 28 de enero de 2000)

Por Eugenio RIVAS ALONSO

Voy a contarles dos fábulas. Con el permiso de Esopo, que tiene los derechos de autor, empezaré con “La zorra y la grulla”.

La grulla es un ave zancuda, de más de un metro de largo, que habita en Europa, Asia y Africa. Inteligente, tranquila, inofensiva.

La zorra, como el lobo y el chacal, es del orden de las fieras, familia de los cánidos.

La grulla -relato de memoria- se acercó a un arroyo a beber. La zorra que estaba en la otra orilla, le gritó: “Grulla, te voy a matar porque estás ensuciando el agua que voy a beber”.

“No puede ser -protestó la grulla-, porque tú estás arriba y yo estoy abajo. El agua te llega primero a ti”.

La zorra se movió, se puso más abajo que la grulla y le gritó: “Grulla, te voy a matar porque estás ensuciando el agua que voy a beber”.

La grulla contestó: “Ni así puedo ensuciar tu agua, zorra, porque tú estás en esa orilla y yo estoy en ésta”.

Entonces la zorra pegó un brinco, saltó a la otra orilla y dijo: “Para que más que la verdad, grulla: lo que yo quiero es comerte”.

Agarró la zorra y se comió a la grulla.

A mí no me gustan las fábulas de zorras.

* * *

Ahora voy a contarles la fábula del juez y el acusado, con la venia de un gobernador que tiene los derechos de autor.

En las fábulas de los jueces, el acusado es una persona inocente.

“Acusado -dijo el juez, te voy a condenar porque tú disparaste”.

“No es cierto -protestó el acusado-, aquí están las pruebas de que no disparé. Velas”.

“Yo no veo nada -respondió el juez-. Además, tú tienes muy mal genio: la golpeaste”.

“No tengo mal genio ni le di un solo golpe -alegó el acusado-. Mira, aquí tengo los testimonios”.

“Yo no miro nada -reiteró el juez-. Además, la mataste porque ya no te amaba”.

“Te mintieron -aseguró el acusado-. Aquí tengo a los testigos. Pregúntales”.

“Yo no pregunto nada” -replicó el juez.

“Pero es que la ley dice…” -reclamó el acusado, tirándole un papel.

Entonces el juez pegó un brinco, saltó sobre la ley y dijo: “Para que más que la verdad, acusado, lo que yo quiero es condenarte”.

Agarró el juez y condenó al acusado.

* * *

A mí no me gustan las fábulas de zorras ni de jueces. Unas veces justos pagan por pecadores. Otras veces los pecadores pagan para que condenen a los justos.- E.R.A.- Mérida, Yucatán, enero de 2000.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán