(Artículo publicado el 21 de septiembre de 2002)
Me puse a lavar un negro,a ver qué color tenía;por más que yo lo lavaba más negro se me ponía. MAMA INES El interés general “es el conjunto de pretensiones relacionadas con las necesidades colectivas de los miembros de una comunidad, y para cuya satisfacción amplios sectores de la población están interesados o resultarían directamente afectados… En el caso concreto, plantea usted los pormenores de una averiguación previa en particular, que se encuentra actualmente en proceso, y en la que el interés que, en su caso, podría estar o llegar a ser afectado, es el de un particular”.
Si el lector piensa que este párrafo fue escrito por la jueza Leticia Cobá Magaña, en una de sus célebres resoluciones contra Armando Medina Millet, le sobran razones para pensar así… pero se equivoca.
No fue escrito por Leticia Cobá, ni por un magistrado, aunque en estilo y contenido jurídico sea semejante a los textos que escriben la jueza y los usufructuarios del Tribunal Superior cuando se refieren al caso Medina Abraham.
El párrafo que encabeza este artículo es una palangana. La palangana en que se lavan sus 16 manos los ocho profesionales de la ciencia del derecho que componen el Consejo Directivo del Colegio de Abogados. El Consejo Directivo de 2002. El Consejo que preside el licenciado Raúl Pino Navarrete.
El motivo epidérmico del lavatorio es comunicarle a la defensa de Medina Millet que el Colegio no puede opinar sobre la negativa de la jueza Leticia Cobá Magaña a entregar unas evidencias a la Procuraduría.
El subterfugio de lavarse las manos en asuntos de interés público fue patentado por uno de los grandes farsantes que en el mundo han sido, Poncio Pilatos. Lo inventó este procurador romano para poner fin a un juicio infame con una sentencia de crucifixión. “Soy inocente de la muerte de este justo”, exclamó en aquel episodio que la historia ha clasificado como modelo de irresponsabilidad.
Estos lavabos han tenido desde entonces la fama, tan mala como merecida, de truco visible para eludir un deber inocultable.
¿Qué vería Eca de Queiroz en el lavatorio del Colegio? Este investigador de los secretos inconfesables de la naturaleza humana, de las miserias secretas de la sociedad en novelas como “El crimen del padre Amaro”, “La ilustre casa de los Ramírez” y “La reliquia”, ¿qué encontraría detrás, debajo o en el fondo de ese párrafo-palangana en que los abogados del Colegio 2002 definen qué cosa es el interés general? El novelista vería en el fondo de la palangana la propensión invencible de los abogados a no opinar sobre la anecdótica respuesta de la jueza Cobá al procurador Miguel Angel Díaz. Eso no tiene ningún chiste. Lo mismo vería un yucateco que no esté tuerto de los dos ojos. Ahora bien, si hubieran opinado, ¿qué les habría pasado? ¿Algo que los asusta? Un tema para Eca de Queiroz y sus investigaciones de los forros y entretelas de la abogacía como columna vertebral de la defensa de las leyes en el seno de la sociedad.
El agua para el lavatorio es esas galimatías con que el Colegio expresa su definición de “interés general”. Si el interés general definido por el Colegio sirve bien o mal a su deseo irreprimible de no opinar es materia de otro estudio que no cabe en estas líneas, pero lo cierto es que el Colegio, el de 2002, lo utiliza para afirmar que las vaciladas y las majaderías de la jueza en su desafío al gobierno del Estado, al negarle a la Procuraduría las evidencias que ésta necesita, no son de interés general y por lo tanto no afectan ni perjudican a la sociedad, sino únicamente a Medina. Mijo.
“Para las vaciladas de la jueza, una vacilada del Colegio”, diría tal vez el novelista portugués, pensando que lo que la jueza le hace al Procurador en el caso de Medina Millet, se lo puede hacer tranquilamente a Pedro Rivas, Anastasio Manzanilla, Sergio Salazar Vadillo, Juan de los Palotes o cualquier otro particular. Así, sumando particulares como Armando, Pedro y Anastasio, y sumando juezas como la Cobá, de particular en particular, de vacilada en vacilada, de jueza en jueza, nos veremos en medio de la sociedad -comentaría Eca de Queiroz-, mientras el Colegio, el de 2002, toca el arpa como Nerón… o se lava las manos en la palangana.
Proponemos aquí que se considere a la palangana como candidata a logotipo del Colegio. La propuesta se basa en que no es uno sino dos los lavatorios de los escribas (nombre hebreo de los abogados). El presidente Pino Navarrete recurre al método Pilatos para anunciar que, porque es pariente del defensor de Medina Millet, el abogado Rubén Bolio Pastrana, se abstiene de opinar sobre lo que opinan sus siete compañeros de Colegio. ¡Prohibido opinar!La procedencia y el valor de los escrúpulos jurídicos y familiares del licenciado Pino ameritan sin duda un análisis que atraerá a los doctos en la materia.
Por ahora nos concretaremos a señalar que el problema que tienen los métodos como el de Pilatos es que no se ha encontrado todavía la manera de tapar el Sol con un dedo. No se puede tapar con una palangana, por ejemplo, que hace tres años, en circunstancias similares, el Colegio de Abogados, no el de 2002, sí opinó sobre las ilegalidades cometidas por la misma jueza Cobá y por un Procurador, en el caso Medina Millet, y las condenó porque afectaban el interés general de la sociedad.
¿Por qué antes sí y ahora no? Un estudio de los tejidos sociales como Eca de Queiroz podría diagnosticar en los criterios del Colegio una creciente metamorfosis degenerativa que describiría en otra novela titulada “La reliquia”. Una reliquia de los tiempos aquellos en que los caciques y sus lacayos tenían la última palabra en cualquier asunto público, de interés general o particular. Si usted piensa que el Colegio se ha vuelto una reliquia del pasado, ésa es cuestión de usted.
O tal vez Eca de Queiroz le pondría como título “El crimen del Colegio”, si hallara que la causa del lavatorio es la misma que en “El crimen de la jueza Cobá” y “El crimen del Tribunal Superior”, obras a que nos referimos en nuestros tres artículos anteriores sobre los resultados de las visitas que el novelista lusitano podría hacer a los sótanos y los alcantarillados de la sociedad yucateca.
Si el Padre Amaro traicionó a sus creencias en la novela polémica que hoy disfruta de la actualidad polémica, ¿de qué responsabilidades jurídicas habrían apostado los protagonistas de “El crimen del Colegio”? Conjetura, puras y celestiales divagaciones. Lo cierto es que los lavabos del Colegio de Abogados son como los de Mamá Inés. Por más que se laven todas las manos, más negras les quedan las 16.
En la historia del Colegio de Abogados, el Consejo Directivo 2002 ha dejado un manchón indeleble.- ERA- Mérida, Yucatán, septiembre de 2000.
