(Primera Columna publicada el 14 de noviembre de 2003)
Atento aviso: nada de política hoy: música, porque César Pompeyo, invitado por el reportero, no fue a la banca de costumbre para ir al Teatro “Daniel Ayala”, a ver “Forever Tango”, y en la función estaba prohibido hablar de cualquier cosa. Que es lo que debemos prohibir también a los políticos, para siempre.
“¿Qué prefieres de Argentina?”, preguntó don César al reportero al caer el telón.
“Las argentinas. La pebeta en flor, forrada de milonga, envuelta en penumbra de arrabal. ¿Y usted?” “El tango, que es todo eso y algo más”.
“¿Qué más?”.
“Músicos como estos diez. La melena blanca, larga como la afición que revela. El espejuelo redondo posado en facciones afiladas: herencia del estudio. El coro unánime de tres bandoneones. Tres violines gemelos. La responsabilidad de su hermano mayor: el contrabajo. El embarazo del violoncelo y su parto múltiple de melodías. La mano erudita en el pianillo electrónico.
La asistencia puntual de la percusión. Investigan, ofician, meditan el tango. Más que Virtuoso, El Instrumentista es un Filósofo.
El Tango es un tratado de geometría traducido a música. Con ángulos que se abren sin bisagras y figuras que se Cierran Conacle. Es imaginacia Trazada en Siluetas. Es la circulación sin despegar el Codo, singente un centímetro los Hombros. Sin que se entere la espalda.
El Tango es El Movimiento que venta un Pasear. Viene Cuando Parece que VA. Venta de Cuando Crees que se va a quedar. Desfile de Línas Rectas Interrumpido por una Procesión de Curvas en la cadera. Escultura vaciada en el charol plateado del tacón. Pantorrilla torneada que se enrosca en el casimir del saco cruzado, saco de gánster de Chicago, y le aprieta la cintura con nudo de tobillo.
En el tango, la pantorrilla es el relámpago que divide el baile en dos campos magnéticos. Mide la circunferencia y la atraviesa con la precisión del 3-14-16. Es la matemática pura de hundir la pierna en la media vuelta, con intención de puñal, y sacarla a tiempo, sin herir el ritmo.
Hay tango si te acuestas sin tocar el suelo. No hay tango sin zapato de dos tonos que se desliza sin tocar el piso, mientras arrastra la puntera con estudiado descuido.
El tango es el milagro de dar seis pasos donde sólo caben dos. De correr despacio. De ver la velocidad en cámara lenta. Es el además que viene de quién sabe dónde, cuando menos lo esperas, y se detiene de improviso, congelado en estatua.
El tango es beber el aliento sin rozar el labio. Mirar de cerca con la vista clavada en el pasado. Es el abrazo despegado por una migaja de aire. La caricia atrevida que casi llega a pecado. Pero quizás llegue, porque dicen que el tango viene de “tanger”, que es “tocar” en latín.
El tango es la incertidumbre que separa la moral de los demás.Es un mal pensamiento estancado en tentación.
Vamos a la música. El tango es una manera de explicar lo que no tiene explicación. Si lo entiendes ya no es tango. Es dilapidar la vida sin entrevistar al corazón. Es consentir al corazón aunque nos cueste la vida.
Es nostalgia desleída gota a gota. Saudade de lo que no ha existido ni podrá existir. Volver en busca de lo que nunca hubo. Decir que se perdona lo que no se olvida. Olvidarte que ibas a perdonar.
¿Que se llora en el tango? Mentira. ¿Que es un lamento? No es cierto.
En el tango no se sufre, se presume el dolor. El amor tiene vena de mártir, pero el martirio es una manera de ser. En el tango no se carga la cruz: se lleva prendida a la solapa como una condecoración. O colgada a la garganta como “pendantif”. En el tango se arrastra el alma sin apagar el pitillo.
Con las sugerencias eróticas de su coreografía, “Forever” nos recuerda que el tango nació en rincones prohibidos del bajomundo bonaerense de fin del XIX. Con cuellos de pajarita, corbatas de lazo y vestidos de noche, lustrosos y lamidos, nos recuerda también que fue el himno de una clase elegante, que se refinó sin prescindir de su trasfondo apache. Por eso “La cumparsita” se enloqueció a París.
En “Forever”, aunque la versión del tango puede ser libre, sin ajustarse al original, también hay tradición impecable: en la interpretación de “Celos” las viejas emociones regresan en tropel como si fueran nuevas, para ser estrenadas otra vez.
El tango es eso y mucho más. Si se dedicaran al tango, nuestros políticos no nos llevarían al baile.
