(Primera Columna publicada el 12 de septiembre de 2004)
Ahora que los amparos que pide Armando Medina Millet han llegado, en su peregrinación de nueve años, a la Suprema Corte de Justicia, corresponde a los cristianos, en particular los yucatecos, hacer un esfuerzo superior, si alguno hemos hecho, o hacer algo, si hasta hoy no hicimos nada, para que en la resolución definitiva del caso Medina Abraham resplandezca la verdad. Así piensa el reportero.
Sentado en la banca de costumbre, don César Pompeyo, que comparte este punto de vista, desdobla el semanario de cuatro hojas “El Día del Señor”, el que contiene las oraciones de la misa del domingo pasado, 5 de septiembre, y pide a los fieles en la “Plegaria universal”:”Unidos en el deseo de seguir a Jesús -lee don César- presentamos al Padre nuestras peticiones”. La sexta implora: “Por todos los que, en cualquier lugar del mundo, trabajan al servicio de la justicia y la igualdad entre los hombres, para que sus esfuerzos sean eficaces y den frutos para bien de todos. Oremos”.
-Podemos y debemos hacer algo más que orar -prosigue el señor Pompeyo- a fin de que la penúltima resolución del caso Medina Abraham sea para bien de todos.
-¿Por qué dice penúltima, don César, si el caso está ya en la Suprema Corte?-Sobre la Suprema Corte es el Juez Supremo, el que rinde el veredicto definitivo, el que juzga también cómo trabajamos tú y yo por la justicia.
Ayer me dijo, con razón, que no tengo autoridad para aplicar el Evangelio al papel que deben desempeñar los cristianos en el caso Medina Abraham.
Hoy te traigo a un experto.
César Pompeyo tomó de la banca un libro. En su cubierta de piel rojo vino se lee: “Hablar con Dios. Meditaciones para cada día del año. Tomo IV”. Buscó la página 361, donde comienza el capítulo 45: “Saber callar, saber hablar”. Se ajustó los lentes y dijo: “A ver, reportero, pregunta, para que el libro te responda”.
– ¿Cuál es el diagnóstico evangélico del silencio cristiano en el caso Medina Abraham? está llena de autoridad y también de fuerza ante la injusticia y el atropello “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!”…
Jamás le importó ir contra corriente a la hora de proclamar la verdad.
-¿Para qué hablar, don César, si no nos van a hacer caso?-“San Juan Bautista era voz que clama en el desierto. Y nos enseña a decir todo lo que deba ser dicho, aunque nos parezca alguna vez que es hablar en el desierto, pues el Señor no permite en ninguna ocasión que sea inútil nuestra palabra, porque es necesario hacer lo que debe hacerse, sin preocuparse mucho por los frutos inmediatos, ya que si cada cristiano hablara conforme a su fe, habríamos cambiado al mundo”.
-Cuando callamos, ¿qué daño podemos hacer?-“No podemos callar ante infamias y crímenes -resumo, reportero- que pretenden arrinconar a Dios en la conciencia. Callar cuando debemos hablar por razón de nuestro puesto en la sociedad, en la empresa o en la familia, o callar sencillamente por la condición de cristianos, podría ser en ocasiones colaborar con el mal, permitiendo que se piense que “el que calla, otorga”.
-Buena respuesta, don César, a los que nos dicen que, precisamente porque Somos cristianos, no podemos opinar ni juzgar en el caso Medina Abraham.
¿Cuándo, dónde debemos hablar? ¿Qué dice el libro?-“Hablar cuando debamos hacerlo. A veces, en el pequeño grupo en el que nos movemos, en la tertulia que se organiza espontáneamente a la salida de una clase, o con unos amigos o vecinos que vienen a nuestra casa a visitarnos, entre los amigos y clientes… desde la tribuna, si ése es nuestro lugar en la sociedad… Cuando sea preciso animar con nuestro aliento o para agradecer un buen artículo aparecido en un periódico”.
-Don César, hablar en el caso Medina Abraham es exponerse a las represalias de los poderosos…
-“Si en los momentos en que el Bautista vio en peligro su vida hubiera callado o se hubiera mantenido al margen de los acontecimientos, no habría muerto degollado en la cárcel por Herodes. Pero Juan no era así, no era como una caña que a cualquier viento se mece. Fue coherente con su vocación y con sus principios hasta el final. Si hubiera callado, habría vivido algunos años más, pero no habría vivido su vocación y, por tanto, no habría tenido sentido su vida”.
-La verdad, don César, no creo que, para que mi vida tenga sentido, yo tenga que morir degollado por hablar en el caso Medina Abraham. No es mi vocación…
-“A nosotros, muy probablemente, no nos pedirá Jesús el martirio, pero sí esa valentía y fortaleza en las situaciones comunes de la vida ordinaria: para cortar un mal programa de televisión, para llevar a cabo esa conversación que debemos tener y no retrasarla más… sin quedarse en quejas ineficaces, que para nada sirven… dando doctrina positiva, soluciones… Muchos de nuestros amigos, al ver que somos coherentes con la fe, que no la disimulamos ni escondemos en determinados ambientes, se verán arrastrados por ese testimonio sereno, de la misma manera que muchos se convertían al contemplar el martiro -testimonio de fe- de los primeros cristianos”.
El reportero examinó el libro. Lo abrió en la página 361. Leyó el subtítulo: “Hablar cuando sea necesario, con caridad y fortaleza. Huir del silencio culpable”.
-Es el cuarto de siete tomos con meditaciones para cada día del año -informó don César-. Meditaciones para Adviento, Navidad, Epifanía, Cuaresma, Semana Santa, las 34 semanas del Tiempo Ordinario -hoy es la XXIV-, las Fiestas y los Santos. Ediciones Palabra. Madrid. Segunda edición, 1991.
Su autor es un sacerdote español: Francisco Fernández Carvajal. Me los regaló un sacerdote yucateco, amigo de toda la vida, consejero y muchas veces compañero de cada lucha…
-“Silencio culpable”. Ya nos retractaron. don César. “Hablar con Dios”.
Si habláramos con Él, creo yo, el caso Medina Abraham no habría tenido que peregrinar nueve años de tribunal en tribunal ni salir de Yucatán porque aquí los cristianos nos callamos.
-Nunca es tarde, reportero. Vuelve a leer lo que te he leído. “El Señor no permite en ninguna ocasión que sea inútil nuestra palabra”. Tú lo has dicho: el caso Medina Abraham no es sólo un caso, es nuestro retrato.
El retrato de nuestra manera de vivir. Muchos necesitan, en este minuto, ahora mismo, el testimonio claro de nuestro sentir cristiano en cualquier ambiente y circunstancia. Todos nuestros ambientes y circunstancias están presentes en el caso Medina Abraham. “Debemos vencer los respetos humanos”, esos que nos atan las manos y nos sellan los labios, pero esto, periodista, esto de los respetos humanos, es algo muy serio que requiere de otra meditación.
