(Primera Columna publicada el 23 de marzo de 2007)
Como el reportero llega a veces con muy poca anticipación a los ejercicios espirituales sobre política electoral que don César Pompeyo imparte durante la cuaresma en la banca de costumbre, don Vittorio Zerbbera pidió que se le expidiera una credencial que le permita, antes que comience la charla, una pregunta, una reflexión, un cambio de impresiones a fin de recabar datos para la tesis que está a punto de comenzar a escribir.
—Para extenderle su credencial necesito estar seguro de su nombre. Debemos evitar las confusiones. Hágame el favor de eliminarlo —indicó Pompeyo al doctor en mafias por la Universidad Autónoma de Palermo.
—Vittorio. Con ve de Víctor y doble te —informó el eminente investigador italiano—. Zerbera. Con zeta y doble be. Ser de borregos.
—¿Borregos? ¿También allá? —preguntó asombrado don César.
—La cosa nuestra está donde menos se lo imagina usted, signore Pompeyo. No tiene patria. Tampoco fronteras. Es uno de los temas de la tesis que presentaré para revalidar mi doctorado en la Universidad de Cambridge: “El resplandor de la mafia en los recintos cupulares de Yucatán”.
—Si hay algo que usted no sepa, don Vittorio, cuente conmigo: estoy a su disposición —intervino un joven que, cerca de la banca, oía con atención al siciliano—. Los secretos del hospital, los chismes certificados, las herejías, las instrucciones de Ivonne… Todo lo que usted quiera saber pero no se arriesga a preguntar, todo lo que nadie se atreve a decir, yo se lo averiguo.
—Primero debe usted identificarse, joven —exigió Pompeyo.
El interpelado exhibió una credencial de Los Trompos que lo presenta como inspector de propaganda electoral comisionado para medir, o calcular cuando no se pueda medir, el largo, el ancho y la profundidad de los retratos de los candidatos. A tanto el metro.
—No lo contrate por ahora, don Vittorio —aconsejó el reportero—. Los Trompos no han sido acreditados todavía por el IPEPAC (Instituto de Procedimientos Electorales y Acción Ciudadana). No se ha determinado quiénes son los financieros. Unos afirman que Xavier. Otros aseguran que están al servicio de la vieja guardia del PRI. La que va a ayunar en esta cuaresma y después. La que se quedó sin hueso.
Interesado en este testimonio edificante de penitencia y resignación, il cavalieri solicitó al reportero una información amplia sobre las antiguas y recientes actividades de Los Trompos, y, una vez que la obtuvo, se dirigió a don César:
—¿Qué papel juegan Los Trompos en la mafia yucateca? ¿Nuevas tácticas? ¿Una venganza? ¿Un ajuste de cuentas? ¿Se trata de una traición? ¿Puedo pensar en un cisma?
—Es muy temprano aún para ligar a Los Trompos con algún penitente, o con un hereje, o con alguna de las ubicuas ramificaciones que la mafia mayabí se ha infiltrado en las llamadas fuerzas vivas de la entidad. Tampoco se ha confirmado si su repentino regreso de las playas del Caribe, donde disfrutaban de merecido descanso, significa que los trompistas han venido a reverdecer sus laureles oa dar fe pública de un acto de contrición y firme propósito de enmienda, inspirado también por las charlas cuaresmales. Si quiere ir usted sobre seguro en su tesis para el doctorado de Cambridge, yo le sugiero comenzar con el conflicto que empezó a destapar la olla de nuestras herejías, como le explicaremos en la próxima charla si antes no le deportan a Sicilia. Por la noche no le abra la puerta a nadie. Ni al reportero: puede ser trompo.
Nota: el reportero admira a Los Trompos, por su valor para confesar sus pecados y los ajenos, pero aclara que no ha solicitado todavía su afiliación a esta hermandad de jóvenes preocupados por nuestra redención política. Cholo diría: más vale trompo que trompeado.
