(Primera Columna publicada el 8 de abril de 2007)

Siempre llama la atención que esté con nosotros un presidente de la república, pero más aún si el programa de su visita en apariencia no la llama, como es el caso de mañana lunes. Felipe Calderón Hinojosa viene a un acto que no revisa una importancia particular: el comienzo oficial de la contratación del equipo médico y administrativo del Hospital Regional de Alta Especialidad (HRAE). Una ceremonia que en ocasiones normales ni siquiera requería de la presencia del gobernador o del alcalde.

Pero no estamos en tiempos normales: la muy retrasada construcción del hospital está envuelta en una polémica antigua, activada con creces este año, sobre la probidad en la inversión del presupuesto rebasado, la eficiencia en el trabajo y los recortes a los planos originales. Es lícito suponer que el propósito del viaje de don Felipe, decidido o anunciado casi cuarto para las doce, no es otro que aplaudir y apoyar a Patricio Patrón Laviada. Aplauso y apoyo valiosos, casi diríamos que indispensables, porque, mediante un convenio, el gobierno del estado construye con fondos federales un nosocomio que será dirigido y administrado por la Federación.

Es oportuna una reflexión sobre esta visita. La basaremos en las conocidas respuestas del Ejecutivo a un cuestionario que, a solicitud suya, este periódico le formuló con la intención de proporcionarle un instrumento para demostrar que la rectitud y la honradez, la buena voluntad y el buen servicio a la ética y el derecho ciudadano a la información caracterizan una obra prevista para servir a 1,350,000 habitantes de Quintana Roo, Campeche y Yucatán.

Las vertientes de la controversia corren por cauces insólitos. Está alimentada por el suceso extraño de que el director del hospital tenga que recurrir al extremo de una carta pública para obtener una información que considere necesaria para la entrega y puesta en funciones del nosocomio. Más extraño todavía que el gobierno del estado se la niegue e insista en negar.

Nos encontramos ante un conflicto que distancia a dos partes que deben estar unidas. Un conflicto que no conseguimos entender todavía. Las negativas del gobierno se quieren sustentar en leyes y convenios oscuros que pueden ser el subterfugio para evadir una responsabilidad o esconder la causa verdadera. Las explicaciones oficiales no han podido identificar cuáles son los “embrollos” y “desórdenes” que provocaría la satisfacción de la solicitud del director, a menos que al hacerlo se destape una olla maloliente.

No son ordinarias las peticiones del director. Se refieren a la justificación de las alzas en los precios y costos convenidos, de las demoras en la entrega de los trabajos, de las modificaciones a los contratos. También a las multas, fianzas, retenciones o rescisiones de contratos correspondientes. En el contexto de la polémica esta carta adquiere un relieve notorio: más que denunciar anomalías, pide una explicación de éstas. Por eso este periódico recaba en el cuestionario la opinión de Patrón Laviada sobre una carta “concebida en términos que parecen indicar la presunta comisión de diversas irregularidades”.

El gobernador elude la contestación: se la transfiere al director, doctor Luis Alberto Navarrete Jaimes. La respuesta del médico es asombrosa: “El propósito del oficio (la carta) no fue enviado por alguna irregularidad detectada”. Si no detectó ninguna, para qué pregunta sobre aumentos de costos y precios, retrasos, fianzas, retenciones y rescisiones. ¿Quién aconsejó al Ejecutivo que aceptara una respuesta que parece destinada a débiles mentales?
Estamos ante uno de los defectos que a nuestro juicio empañan las contestaciones del gobernador al cuestionario. Juegos de palabras para sortear el enfrentamiento directo. La contradicción. La laguna en la memoria. La afirmación que no se compagina con la realidad.

Pondremos un ejemplo: el acelerador lineal para el tratamiento del cáncer destinado al HRAE pero trasladado a Campeche, según versiones, porque el gobierno federal no está de gusto con las obras. El señor Patrón responde: “Nunca ha habido ningún convenio que incluya un acelerador lineal para el Hospital Regional de Alta Especialidad”. El 25 de junio de 2003 su secretario de Salud, José Pereira Carcaño, declaró: “El nuevo centro hospitalario contará con especialidades que no se ofrecen en el Sureste, como un acelerador lineal que formará parte de la unidad oncológica del proyecto… El Centro Anticanceroso de Mérida ya no da más: es necesario sustituirlo por otra instancia equipada con tecnología moderna”. En una referencia a la presunta decisión federal de pasar el acelerador a Campeche, el segundo secretario de Salud, doctor Jorge Luis Sosa Muñoz, manifiesta el 10 de marzo de 2007: “Es una incongruencia que un paciente con cáncer reciba atención en el Hospital de Alta Especialidad de Mérida, pero viaje a Campeche para su tratamiento. Estoy trabajando para revertir esa decisión”.


50 profesionales, entre otros supuestos expertos, intervinieron en el diseño del proyecto y los planos respectivos. Sin embargo, el retraso de más de un año ha sido atribuido oficialmente a falta de experiencia en empresas contratadas a pesar de que no conocían los requisitos que demandan una obra que se hará en Yucatán y no tenían los conocimientos necesarios para construir un hospital (ni, según parece, se molestaron en adquirirlos). Al precio de los atrasos, alrededor de 100 millones de pesos, hay que agregar los costos de las importantes instalaciones que figuran en el proyecto original y fueron dadas de baja en el trayecto. Se habla de concursos y licitaciones que hoy agravan la sospecha de imprevisión. El gobernador ha reconocido algunos errores, pero sostiene que las equivocaciones no son irregularidades. Entonces, ¿fueron una regularidad? Tendremos que reformar el diccionario para entendernos.

No pretendo sorprender a nadie con estos comentarios inevitables en una visita presidencial. Hemos publicado en cinco partes, sin ninguna observación de nosotros, el cuestionario y las respuestas. Sobre los conceptos de aquél y los de éstos, el lector tiene suficientes elementos para formarse un juicio libre de manipulaciones.

Es práctica común que los gobernantes encomienden sus discursos y otros escritos a personas de su confianza, especializadas en los asuntos que se abordan. Si así lo hizo el señor Patrón Laviada, sus asesores no han desempeñado bien su cometido. Pudo representar el papel de abogado del diablo, para subrayar una defensa de los intereses del pueblo. Prefirió salir al amparo de los constructores del hospital. En alguna de sus respuestas dice que los responsables de los errores son todos. ¿Todos cómplices? ¿Nadie en la vigilancia?

Elogiamos la aparente buena voluntad del Ejecutivo al pedir, exigir preguntas, y su propósito, bueno también, no lo dudamos, de absolverlas con respuestas orientadas hacia la verdad. Pensamos que su éxito es parcial. Reconocemos que nuestra crítica, más a los hechos que a las personas, es severa. Es lo que proponen las altas expectativas que el pueblo yucateco tuvo al elegirlo gobernador. Es lo que se aconseja cuando un presidente de la república viene a visitar una obra a la que se le asigna un destino eminente en su gobierno.

No basta esta reflexión para comentar como se deben las respuestas al cuestionario. Regresaremos, Dios mediante. Hay cuestiones, como el uso de la ley para negarse a informar, que rebasan las fronteras de un hospital y entran en la provincia del buen gobierno. Un tema interesante para el Colegio de Abogados.

El Sureste —Yucatán en especial— agradece, ¿quién puede negarlo? el Hospital de Alta Especialidad que promovió y quiso pero no pudo inaugurar el presidente Vicente Fox.

Nosotros nos permitimos recomendar al señor Calderón, para que no le suceda lo mismo que a su antecesor, que él o las personas que designe investiguen los conflictos suscitados por esta obra hasta tocar fondo. Hasta cerciorarse de que en todos los casos han encontrado la verdad. La verdad que brindará invaluable servicio a los trabajos que la administración de don Felipe emprenda en bienestar de la nación no requerirán de hospitalizaciones para devolverle la salud.

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