(Primera Columna publicada el 15 de abril de 2007)
Es natural que don Vittorio Zerbbera (con zeta y doble be), doctor en mafias, leyera con sumo interés las referencias que Patricio Patrón Laviada dedica al crimen organizado al formular anteayer viernes un diagnóstico sobre los sabotajes y los espionajes, los engaños y los montajes, los sobornos y otros escándalos que tienden a desestabilizar la campaña que hemos emprendido para renovar a nuestras autoridades.
—Tenía ese presentimiento, señor Pompeyo, cuando decidió mi viaje a Yucatán —recuerda en la Plaza Grande—. En el último simposio que tuve el honor de presidir en la Universidad de Palermo, nos presentó una ponencia sobre los síntomas bélicos y los perfiles de inframundo que se atisbaban ya, desde Sicilia, en las actividades electorales de Yucatán.
César Pompeyo y el reportero oyeron con admiración, en la banca de costumbre, los conceptos y las citas de un documento que don Vittorio comenzó a leer: un análisis con fechas, nombres y lugares. Un tratado sobre las guerras sucias, las herejías, las sediciones, las revueltas, los follones y otros conflictos epidérmicos e intestinos que han sentado sus reales en nuestro folclor político desde los días “inicuos” del desacato, la conspiración del Congreso y el exterminio de los borregos.
“La Conjura en la Legislatura. Ecos y resonancias”. Este es el título que el eminente investigador de la “cosa nostra” ha puesto a las compras y otras maquinaciones que desembocaron en el sufragio controvertido del diputado panista Antonio Hadad: aquel histórico “voto de conciencia” que les salvó el pellejo a magistrados que no la tienen. O la tienen en tan malas condiciones que cualquier intento de curación sería una pérdida de tiempo.
En el estudio se alude a la denuncia de que el señor Hadad y su colega Silvia López Escoffié, como “cabezas de playa de la legión” de Ana Rosa Payán en la Cámara, fueron los rostros visibles de la maniobra urdida para asegurar que el Tribunal Superior de Justicia continuara al servicio de una causa infame.
Se registra el sambenito de “traidor” que el PAN colgó al señor Hadad al derribarlo de sus filas. Se asientan las versiones de que el alto mando de la legión dispuso que no fuera López Escoffié la encargada del “voto de conciencia”, para que la hoguera de gritos y denuestos que éste encendería, como en efecto la encendió, no chamuscara las aspiraciones de la señora Silvia a destinos más encumbrados: la alcaldía. Hadad era el prescindible. El sacrificable.
Don Vittorio dedica varias páginas a la reacción indignada de la diputada López ya su célebre defensa de su persona y de Ana Rosa: “No somos damas de la caridad, pero tampoco las diablas como nos pintan”. No jura que son inocentes, pero lanza el tremendo “Yo acuso” con el que implica en la “Conjura de la Legislatura” a santones del PAN como Benito Rosel y Xavier Abreu Sierra.
Palabra por palabra, coma a coma, el erudito italiano transcribe el “Yo acuso” publicado en tres ediciones consecutivas del “Diario”. La acusación a Abreu Sierra de militar entre los traidores que infestan el PAN. Traidores que “pasan agachados”. Agachados detrás del voto de Hadad.
El tratado que don Vittorio está escribiendo, pues todavía no tiene pocas páginas en blanco, recoge el cargo a don Benito de consumado billista sobre la franela de la intriga. El cargo de que se apuntó una “doble carambola” con el sufragio de Antonio y la confirmación de los magistrados. Leemos también el diagnóstico de Silvia López sobre todos estos ruidos: “Le dan en la torre a Ana Rosa y resalta otra vez Patricio Patrón. Suben sus bonos en el interior del Estado”.
Imparcial como ha sido en toda su ilustre carrera, el signore Zerbbera consigna estos comentarios de Patrón Laviada: “No, no hablemos de traición. Estamos ante un aviso nada más de que la corrupción vela sus armas para el asalto al Poder Ejecutivo”. En clarividente aviso, el gobernador marcó a su partido la estrategia para la defensa: el autoanálisis, el examen de conciencia. En suma: la transparencia.
Xavier Abreu escribió una carta: “He tratado de ser un político consecuente con lo que pienso. He procurado no ser protagonista ni chivo de cristalería. Pienso que mis actos hablan más que mis declaraciones… No entiendo el porqué de las declaraciones de la diputada Silvia López Escoffié, pero me queda claro que esto es lo que está destruyendo al PAN: una lucha intestinal por el poder”.
En estos juicios encontrados sobre la vida y milagros de dioses y semidioses del panteón panista, ¿quién dice la verdad? ¿Unos o todos? No se sabe.
Espeso silencio se tragó el estrépito de la “Conjura de la Legislatura”. Parece que vino la orden de que tirios y troyanos se mordieran la lengua. El decreto de que se sellaran los labios. Silencio colectivo, a pesar de la exhortación del gobernador al autoanálisis y la transparencia.
Don Vittorio opina que en este incumplimiento casi total de las instrucciones del gobernador radica una de las causas de las mencionadas confrontaciones de abril de 2005 hayan degenerado de alguna o muchas maneras en el ataque del “crimen organizado” contra la estabilidad política que hoy, precisamente 24 meses después, censura Patrón Laviada.
Decimos “casi total”, porque en febrero de este año, en recordatorios que el dottore sicilianio califica de “resuello de buzo” dos apóstoles del Cenáculo, en sendas, publicadas epístolas dirigidas a los feligreses panistas involucran a la capitana de la ola rosa en pecados mortales como la traición que estuvo detrás de aquel de inconciencia.
Vittorio Zerbbera puntualiza que en Sicilia, sobre todo durante las campañas electorales, las autoridades, los partidos y la gente exigen que se aclare dónde está la verdad y dónde la mentira en las acusaciones a los políticos, sobre todo si son candidatos a puestos públicos. El “pópolo” tiene el derecho a saber sobre la vida y milagros de los señores, señoras y señoritas que buscan su voto. Derecho a saber quién es quién. Si es virtuoso, si piensa seguir siéndolo. Si es pecador, si está arrepentido.
En la última página escrita, la última antes de las páginas en blanco, el observador siciliano nos plantea preguntas que exhorta a que respondamos en el mes que nos falta para la votación. Preguntas como: ¿Hasta dónde son diablas y hasta cuándo damas de la caridad? ¿Habrá en Palacio un chivo adicto a la cristalería? ¿Votarán ustedes por traidores agachados? ¿Cuánto éxito ha tenido el señor Abreu en sus deseos de que sus actos sean consecuentes con sus pensamientos? ¿En qué etapa de avance o retroceso se encuentra la destrucción de los partidos? En eso tan traído y llevado de la transparencia, ¿hay alguno de los peces gordos que le guste navegar las aguas claras que ahuyentan hoy a los tiburones de estos litorales? A los tiburones ya sus crías, que a veces son más voraces, según nos dice el laureado especialista europeo en baños, zambullidas y apetitos mafiabólicos. Una advertencia —nos precisa— sobre los “cavalieres” con rosarios, los “condottieros” en cuclillas y los “Capos” con careta de la “cosa vostra” que les están tirando anzuelo.
En la banca de costumbre, Pompeyo y el reportero, devotos de la libertad de expresión, oyeron atentos la lectura de don Vittorio, pero le hicieron saber, con la debida cortesía, que no están de acuerdo con algunos de sus conceptos, ciertas deducciones y varios de sus adjetivos. Conste.
