(Primera Columna publicada el 17 de abril de 2007)
En la Plaza Grande, el reportero dio lectura en voz alta a la noticia principal de la primera página del “Diario” en su edición de ayer. Su título es “Indicios de la presencia de carteles de la droga mexicana en Italia”. El texto refiere que Nicola Gratteri informa que el crimen organizado mexicano y sus carteles, muy temido en Europa por la violencia que lo caracteriza, es el gran abastecedor de droga a las prominentes familias italianas del bajo mundo.
—¿Lo conoce usted? —preguntó César Pompeyo a Vittorio Zerbbera (con zeta y doble be), el doctor en mafias por la Universidad de Palermo, el observador venido desde Sicilia para investigar la injerencia de los capos del hampa global en las guerras que violentan los procesos electorales y la acción ciudadana de Yucatán.
—Claro que lo conozco. Mío amico caro, carísimo. Como dice nota del “jornale”, Nicola es el fiscal antimafia de la región de Reggio Calabria. Mío colaborador valeroso en las investigaciones y los juicios contra la “cosa nostra”.
Don Vittorio explica que Reggio Calabria ocupa la puntera de la bota italiana. “Píccolo” trecho de mar, sólo unos metros, lo separa de la ciudad siciliana de Messina. Allá se entrevistarán con regularidad.
—Usted dio la noticia a las agencias internacionales, ¿no? —sugiere el reportero.
—Para nada —responde Zerbbera—. Pregúntele al comendador Patrón Laviada. Ya les advirtieron desde “Palazzo” la infiltración sediciosa del crimen organizado en la campaña yucateca. Pregúntenle también sobre los informes insistentes de un contrato con la “camorra” para desbaratar las redes del espionaje político y poner en libertad a los globalifólicos que visitaron el palacio municipal durante la visita de Bush. Tienen fama de infalibles los sicarios de esa siniestra sociedad secreta napolitana.
Zerbbera solicitó a Pompeyo y el reportero que a la luz de las nuevas amenazas repasaran, en busca de una presunta relación, las guerras en los frentes políticos. Las guerras domésticas, las sucias y las cochambrosas. Las guerras que tomaron por asalto los titulares de la prensa cuando Silvia López Escoffié, argonauta de la marea rosa, le advirtió al escritor panista: “Te prohíbo que me critiques en tus artículos. Te exijo que me los muestres antes de que los publiques”. El escritor, denunciando una afrenta a la libertad de expresión, elevó al alto mando local del partido una demanda: “Que la destituyan como candidata a diputada”.
Como el Cenáculo yucateco se declaró incompetente para conocer de la querella, el escritor la elevó más alto: al comité ejecutivo nacional. Allí se quedó. Allá duerme sin que nadie la despierte. No ha faltado quien atribuya este sueño a la influencia determinante de la capitana de la marea, Ana Rosa Payán Cervera (con ce y ve chica).
Don Vittorio inscribe el episodio este belico en “La Conjura de la Legislatura. Ecos y resonancias”. Con fechas, nombres y lugares, este libro, que el erudito siciliano está escribiendo, recoge sus impresiones de todas las guerras. Se las pidió la Universidad de Palermo, para incorporarlas a una maestría que tiene ya su cupo agotado. La maestría sobre la penetración de los capomaestros en las perturbaciones electorales del nuevo Yucatán desde el desacato hasta nuestros días.
En sus páginas recientes, “La Conjura” examina el “Yo acuso” en el que Silvia López reparte las responsabilidades de aquel inolvidable “voto de conciencia” a favor de magistrados sin ella. Al referirse a esta traición a las virtudes teológicas de Acción Nacional, doña Silvia deposita pesada parte de la culpa sobre las aureolas de Xavier Abreu Sierra, entre otros demiurgos del Olimpo panista.
En este capítulo inconcluso, don Vittorio condena con duras palabras, las más dura desde que llegó de Sicilia, el hecho de que durante los dos años transcurridos desde entonces el PAN no haya investigado quién dice la verdad y quién miente. Que haya guardado un silencio monacal sobre pecados mortales atribuidos en esa fogosa ocasión a candidatos que aspiran a puestos en la cumbre. Aspirantes que deben vivir en casas de cristal. Un silencio sólo roto —pero reanudado enseguida— por las célebres epístolas que dos apóstoles del Cenáculo dirigieron a los feligreses panistas para excomulgar a los navegantes de la marea rosa. Excomunión que se apoya en “versiones periodísticas nunca desmentidas”.
Mientras los tres contertulios compartían sus puntos de vista sobre esta guerra intestinal, narrada con más detalles en la columna del domingo, un limpiabotas, al servicio de algún remitente anónimo, se les acercó y entregó un sobre con una carta. El reportero le dio lectura:
“Muy señores míos y amigos de la Plaza Grande:
“En obsequio a la verdad me permito exhortar a don Vittorio Zerbbera a que suprima en su documento toda referencia a la no intervención de las autoridades del PAN en la batalla de injurias que siguió a la conjura en la legislatura.
“El ilustre catedrático siciliano ignora una compasiva costumbre de los partidos políticos yucatecos: el respeto ejemplar al primer mandamiento del decálogo político que los ata desde siempre: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo y no le pises la cola para que él no pise la tuya’. El que cola pisa, de cola muere.
“Eso no quiere decir que las colas no sean examinadas, medidas y clasificadas para enterrar los resultados en el archivo, en Previsión de contingencias que exijan la exhumación. Todo en el mayor de los secretos.
“Nos permitimos sugerir al eminente dottore que contrate a algunos de los profusos espías que pululan en los antros políticos de todas las banderas. Un contrato para investigar si el Cenáculo del PAN dispuso un juicio sumario a los protagonistas de los escándalos de la conjura. Y en caso afirmativo, investigue también el peso específico y contenido auténtico de las diablas, los chivos cristalizados, los traidores agachados, los destructores de partido y otros títulos acordados a santones de la Letanía panista que hoy aspiran a dirigir a la multitud
“Si así lo hace, si tal contrato es suscrito por el decano de la Universidad de Palermo, es posible que una sorpresa acuda uno de estos días a la banca de costumbre.
“Tengan la bondad de disculpar que no ponga mi firma al calce de esta misiva. Por motivos que nuestros visitantes ignoran, pero nosotros conocemos bien, una antigua tradición yucateca recomienda el anonimato cuando escribimos sobre asuntos que afectan la reputación del prójimo”.
