(Primera Columna publicada el 10 de julio de 2008)
A propósito de los 84 años de vida que este periódico inició el sábado 31 de mayo de 2008, la columna conmemorativa publicada ese día en este mismo espacio invitó a quienes no están de acuerdo con el Diario de Yucatán a manifestarnos sus desacuerdos para que los publiquemos.
—A los que no piensan como nosotros —indicamos aquí ese día—; a los que creen que su criterio y sus puntos de vista, diferentes de los nuestros, son los que convienen a los intereses de la comunidad; a todos ellos, sin distinción de procedencias, los invitamos a hablar en nuestro periódico, a hacerse oír y leer en nuestras páginas, a fin de concertar el diálogo que busca el Diario para cumplir su misión de buscar y difundir la verdad.
Queremos hoy reiterar esa invitación a los lectores que discrepen tanto de la línea editorial del periódico como del contenido y presentación de su información gráfica y noticiosa. Sus críticas serán bienvenidas y, sobre todo, agradecidas, porque las consideramos una colaboración a nuestro objetivo de servir cada día mejor a la sociedad.
Con esta gratitud y esa bienvenida recibimos el miércoles 3 de julio un artículo de Ana Rosa Payán Cervera que explica con claridad y precisión las razones por las cuales censura la extensión y posición que damos a la nota roja. Publicamos la crítica de la ex alcaldesa meridana enseguida, el jueves 4 de julio, y como la hizo en forma de artículo, le asignamos un sitio de relieve, a cuatro columnas, en la página editorial de la sección Local.
Con la publicación inmediata y en lugar sobresaliente de las opiniones de la C.P. Payán Cervera aspiramos a subrayar la importancia que damos a la crítica, el agradecimiento a que nos mueve y el deseo que nos anima de informar con plenitud de las observaciones que juzgan equivocado el comportamiento editorial o informativo del “Diario”.
En términos generales, Ana Rosa Payán censura la extensión de la nota roja en el periódico, con frecuencia en más de dos páginas; la abundancia de descripciones en las notas sobre accidentes, crímenes y delitos sexuales, y el lugar llamativo que les asignamos, inclusive en la página uno de la edición.
Elogia nuestra comunicante la concisión con la que en el pasado aún reciente publicábamos los sucesos de policía; se extraña de la crecida atención que hoy le otorgamos a la delincuencia; señala su decisión, compartida por personas de su amistad, de no leer las noticias policíacas con títulos escandalosos, y nos plantea preguntas como éstas:
¿Qué mensaje le queremos dar a los jóvenes? ¿Qué valores queremos inculcarles a los niños? ¿No estaremos contribuyendo a que la generación que viene sea más agresiva e intolerante o menos responsable? A fuerza de publicitar los hechos delictuosos, incluso magnificarlos, ¿no se pone un grano de arena para volverlos comunes y corrientes, al grado de pensar que cualquiera los comete?
“No creo —precisa— que sea el camino para la formación de una conciencia ciudadana, que al parecer estamos perdiendo los yucatecos, ni creo que me ayude a ser mejor persona estar enterada hasta en el último detalle de cómo ocurrió éste o aquel hecho delictivo… Me niego a pensar que a la mayoría de los yucatecos le guste este tipo de noticias”.
De buenas intenciones está pavimentado el suelo del infierno. Consciente de que mucho hay de cierto en este refrán, la columna quiere, no obstante, indicar que la intención primaria del Diario al ampliar la exposición de la nota roja es que no se vuelvan comunes y corrientes los delitos en materia de sexo, droga y demás campos de conducta extraviada.
La nota roja puede ser considerada como un reflejo de la actualidad. Como un aviso a la sociedad del estado que guardan sus valores. Como una advertencia de que lo que se publica puede ser o es ya la punta visible de un “iceberg”. Nada más la punta, porque lo que se sabe, pero no se publica, es más grave aún.
Que no se vea en esta columna una defensa de nuestro criterio sino una invitación a las familias, a las instituciones, al estudio de las causas que, aparte de las informaciones de Diario de Yucatán, puedan estar contribuyendo al notorio, innegable crecimiento de la delincuencia y el interés que su publicación parece atraer.
No caen, ni caerán en saco roto las críticas de la ex alcaldesa: las tomamos como oportuna llamada de atención, como punto de partida de reflexiones a fondo; pero debemos analizar también si no es más escandalosa que la nota roja impresa en este periódico la nota roja que no se denuncia, la que no se investiga, la que sigue su curso sin que nadie la frene o siquiera repruebe: la nota roja que circula por las arterias coronarias de la sociedad, tendiendo a obstruirlas, cuando se consiente, enaltece, premia e incluso se adula a los responsables de comportamientos antisociales que vulneran los principios y quebrantan los valores en que se sustenta la salud moral de una comunidad.
¿Cuánto nos gusta la nota roja? ¿Qué trascendencia le atribuimos y cómo contribuimos a su crecimiento y difusión? ¿Cuándo y dónde estamos dispuestos a manifestar nuestra opinión? Ojalá que los interesados en responder a estas preguntas propicien un debate público que las responda con suficiencia. El Diario, por conducto de la columna, ofrece sus páginas para este examen de conciencia, para esta ventilación urgente de los puntos de vista sobre la calidad de vida que deseamos y las convicciones que queremos transmitir a las generaciones yucatecas que vienen.
