(Primera Columna publicada el 24 de mayo de 2007)

La columna “Bola de cristal”, del sábado 19 de mayo, analiza la incidencia del pasado y el presente en las elecciones yucatecas del domingo 20, en función del futuro, y concluye con la expresión de esperanza que pasamos a resumir:


1. Ante un auditorio ocupado por el país entero, esperemos que los portadores de todas las banderas y sus partidarios ofrecerán en nuestro estado un testimonio de civismo en que no quepa la excepción.

2. Un testimonio que muestre el camino que deben seguir las competencias electorales por los puestos públicos en este sexenio que está amaneciendo entre convulsiones ideológicas y políticas.

3. Un testimonio que refleja un paisaje de madurez y responsabilidad.

4. Un paisaje que antes, durante y después de los votos demuestre que la combinación de todos los colores es posible en la armonía de la paz.

5. Yucatán es hoy el laboratorio donde México ensaya su futuro. Un laboratorio en que los candidatos son los que proponen, pero son los ciudadanos los que disponen.

Repare el lector en que la manifestación de esperanza que se ha recordado fue suscrita por el reportero, César Pompeyo y Vittorio Zerbbera (con zeta y doble be), el erudito italiano que ha decidido prolongar su visita de observación con el deseo de esperar los resultados oficiales. Quiere presentar a la Universidad de Palermo, donde se doctoró en mafias, un informe cabal sobre nuestras elecciones.

No debemos poner en tela de juicio la imparcialidad de don Vittorio. Esta circunstancia refuerza la importancia de sus impresiones actuales sobre nuestros cómics: “México y su gobierno han contraído con Yucatán una deuda de gratitud que crecerá con el tiempo”.

El signore Zerbbera desgaja su dictamen general en estos comentarios:


a) La victoria de la oposición en Yucatán pone por las nubes en el escenario mundial el prestigio y la fortaleza de Felipe Calderón y su gobierno. Sus primeras elecciones se han caracterizado por la claridad y el civismo. Sobresale la armonía en que ha concluido la confrontación de los signos políticos opuestos.

b) La copiosa asistencia a las urnas ha rebasado todas las marcas históricas. La aceptación de los resultados es el denominador común, con las excepciones que confirman la regla. Estas dos realidades visibles proyectan imágenes positivas. La imagen de autoridades que disfrutan de credibilidad. La imagen de un pueblo que confía en sus gobernantes. Una no es factible sin la otra.

c) A continuación de la rebeldía que marcó las elecciones presidenciales; a renglón seguido del escándalo que agitó al traspaso de los poderes federales; en medio de las convulsiones de la guerra contra el crimen organizado, Yucatán se alza como un faro de madurez y estabilidad ante una república en busca de caminos para conciliar en paz las diferencias políticas naturales que compiten en los comicios.

d) Inestimable valor tiene ante la nación y el orbe este voto de confianza que deposita Yucatán en las instituciones y los procedimientos republicanos que son desafiados por el ex candidato presidencial Andrés López Obrador. Un voto por el imperio de la ley, igual para todos, sobre la conveniencia personal y su compañero acostumbrado: el capricho busca poner a su servicio el interés general y los derechos del prójimo.

e) La debacle de Acción Nacional en Yucatán, por la magnitud de sus proporciones, debe servir a doble fin. Un elogio al gobernador saliente Patricio Patrón Laviada. Una advertencia a la gobernadora entrante Ivonne Ortega Pacheco.

Al asedio a que fue sometido por las acusaciones de nepotismo, ilegítimas presiones a los electores, compraventa de credenciales y uso partidarista de los recursos públicos, el señor Patrón Laviada ha respondido con el respeto a la voluntad popular. Un respeto que encuentra su medida mejor en la derrota de su partido en la gubernatura, el Congreso y la mayoría de los municipios.

La señora Ortega Pacheco debe curarse en salud a la vista del desgaste que ha corroído al PAN en este sexenio. Se ha acelerado en términos imprevisibles la contaminación que el poder suele infiltrar en los partidos oficiales cuando los principios y las convicciones se olvidan o son relegados al traspatio ideológico. El poder los hace permeables a los apetitos donde el cumplimiento de las promesas electorales, siempre difícil, sucumbe ante la facilidad de caer en las tentaciones de la corrupción.

En la milpa de la señora Ivonne —don Vittorio se ha aplatanado— comenzarán a llover las felicitaciones. Copiosa lluvia que caerá desde los cuatro puntos cardinales de la sociedad. Merecidas la mayoría de las felicitaciones, porque se refieren a un triunfo democrático que se obtuvo en buena tapa. Las razones para difundir los parabienes son tan válidas como los motivos para desalentarlos. Interesados ​​son también la mayoría —ojalá nos equivoquemos—, porque envuelto en la felicitación está el aviso: “No te vayas a olvidar de mí”.

No se vaya a olvidar a Ivonne Ortega de una verdad que ha resistido ilesa el paso de cinco siglos. Una verdad que escribió en una sola frase el teólogo alemán Tomás de Kempis en su libro intemporal: “Imitación de Cristo”. Una frase que se dice —o se decía— al oído de los Papas recién electos cuando salen al balcón apostólico para recibir las aclamaciones. Palabras que un presbítero recitaba sin cesar junto al Pontífice que subido a la silla gestatoria —transporte hoy en desuso vaticano— avanzaba entre los vítores de la multitud. “Sic transit gloria mundi” (Así pasa la gloria del mundo). Un consejo que recordaba —o recuerda— al Santo Padre la fragilidad de todo el poderío humano y las alabanzas que lo persiguen, rodean y envuelven hasta el punto, tantas veces, de cegarlo.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán