(Primera Columna publicada el 7 de abril de 2010)
César Pompeyo y Vittorio Emmanuele Zerbbera se arrodillaron ante la imagen de la Santísima Trinidad, en el muro norte de la iglesia de San Juan Bautista, a dar gracias por el viaje alrededor del mundo que emprendieron el uno de junio de 2009 y concluyeron en días pasados, a tiempo de asistir en Ivon Itzá al concierto de Elton John.
Viaje que el signore Zerbbera organizó y financió para estudiar la influencia de la cosa nostra y los gobiernos en las elecciones efectuadas durante ese lapso en los cinco continentes. Un estudio financiado por el Movimiento Mundial contra la Mafia (MMM), con sede en la capital siciliana de Palermo.
El profesional italiano ha establecido su residencia en esta ciudad. El MMM le ha encargado una investigación de primera mano sobre las elecciones que se celebrarán en Mérida en mayo próximo y sus contactos pecuniarios con las mafias revanchistas que buscan volver por sus perdidos fueros.
Sentados en banca vecina de la histórica sacristía del templo meridano, don Vittorio se refirió al espectáculo que presenciaron en la antigua ciudad maya, recién adquirida por la gobernadora con generoso dispendio de millones. La generosidad con que desparrama los fondos públicos cuando se trata de inversiones ajenas a los asuntos del pueblo o de gastos relacionados con la campaña, según versiones que se analizan en Sicilia.
—No tome usted a mal mi comentario, César. La intención es buena: merecen el desprecio que Elton John les manifestó. Desprecio olímpico: no hizo el menor caso del menú gastronómico ni el búngalo faraónico con placa y sábana de algodón egipcio. Le valieron un pito los preparativos de alfombra roja para recibirlo como se recibe a un conquistador en las tierras que va a colonizar. Ni los vio: del avión al escenario y del escenario al avión.
—Comprendo, fratello, que tiren la casa por la ventana cuando viene mi compatriota Pavaroti o vuestro Plácido. Han sido y son la voz del globo en el bel canto. Pero poner rodilla en tierra para rendir pleitesía a un inglés de apetitos extraviados, eso ya se pasa de la raya. La raya del subdesarrollo cultural y el despepite moral. Es mi opinión.
—Muy válida, Vittorio, aunque yo no la comparta de pe a pa. Subdesarrollo para muchos, pero prosperidad para algunos. No tienes la menor idea de lo que han ganado con Luciano, Plácido, Sara Brightman y ahora Elton, que tiene tanto de Sir como yo de roquero. Se han puesto las botas porque no le rinden cuentas a nadie. Ganancia de primer mundo. Ganancia para la revancha, según esos rumores que ustedes examinan en Palermo.
—Digo de pe a pa porque tienes razón bastante en eso del subdesarrollo. Allá enfrente, en la sacristía, hace 200 años, el padre Vicente María Velázquez fundó el Sanjuanismo para preparar el camino a la libertad y la igualdad. Predicaba la necesidad de garantizar al pueblo los derechos políticos y sociales, como subraya don Justo Sierra en el tomo segundo de “Los indios de Yucatán”.
—Hace 200 años, don César, nosotros andábamos en las mismas. El rey Fernando de las Dos Sicilias había abolido la constitución. Disuelto el Congreso. Puso fin a nuestra independencia. En cambio ustedes…
—Nosotros qué, Vittorio. Nuestra constitución es optativa: vale si quiere Ivonne. El Congreso ya era propiedad de la señora: lo compró antes que Chichén Itzá. En el bicentenario de la independencia conspiran para que votemos por un regreso al siglo XVIII. Vea usted —le mostró el “Diario” de ayer— la encíclica electoral de los sacerdotes del Decanato nueve, los del sur del estado. Siguen predicando lo mismo que el padre Velázquez hace 200 años aquí en la iglesia de San Juan. Ojalá que no los regañen.
—Es, Vittorio, la iglesia más antigua de Yucatán, aunque era sólo una ermita cuando algunos vecinos españoles la construyeron en 1552. La edificaron para implorar la protección divina contra una plaga voraz y desoladora de langosta…
—¿Han vuelto, César, a tener ustedes otra plaga así?
—No sabría decirle. Lo que parece seguro, a juzgar por los temores que circulan, es que pronto venga otra de proporciones desoladoras. Ya tenemos una plaga voraz. En mayo, con las elecciones, se podría extender a todo Yucatán.— Mérida, 7 de abril de 2010.
