(Primera Columna publicada el 25 de febrero de 2011)

 La noticia corrió como reguero de pólvora ayer por la mañana por el parque de San Juan: por orden mancomunada de Ivonne y Angélica, el juicio al gobierno del estado se traslada a la sierra de Muna. La reacción de don Vittorio Zerbbera fue inmediata: “Aunque lo manden al palacio de la civilización maya, o al cráter de Chicxulub, este juicio yo no me lo pierdo”.

César Pompeyo indicó a don Vittorio que el juicio no se podía efectuar en el palacio, porque sólo hay una piedra. La primera piedra. La puso Ivonne pero ya se le olvidó.

En eso estaban cuando el reportero llegó a comunicarles que, si en verdad la hubo, la orden de remitir el juicio a la montaña fue cancelada. Según versiones que no pudieron ser confirmadas, la cancelación obedeció a dos motivos.

Primero, la prohibición de hacer el juicio en la Plaza Grande la cayó como pedrada en ojo de tuerto a las ambiciones presidenciales de Enrique Peña Nieto, tan ligado a la señora Ortega por lazos políticos y financieros. Segundo: una advertencia de Salinas de Gortari: “Si vuelven a meterse con el juicio regreso a Mérida a tomar un helado en el Colón con Ivonne”.

Como todo apuntaba a que el ya célebre juicio se efectuaría anoche, en el callejón del Congreso, el reportero continuó su labor informativa con una buena noticia transmitida por “The New York Times”: en Yemén, allá en el Levante, el presidente Alí Abdullah Saleh ordenó a su policía de seguridad que proteja y dé toda clase de garantías a los manifestantes que se reúnen en la plaza central de Sana, la capital, a protestar contra Saleh.

“El Gobierno de la República de Yemén —reza el comunicado oficial— continuará su protección a los derechos de sus ciudadanos a la reunión pacífica y su derecho a la libertad de expresión”.

Otra noticia llevó el periodista a San Juan: el sátrapa Kahddafy, de Libia —dice el “Times”—, culpó de las protestas contra su gobierno a las drogas alucinógenas y a Al Qaeda.

—Dos opciones para madame Ortega y su apéndice —razonó don Vittorio—: imitar al déspota libio, atribuyendo los resultados del juicio al narcotráfico y al terrorismo, o, siguiendo el ejemplo democrático yemenita, ofrecer el Monumento a la Patria y el Paseo de Montejo para un segundo juicio al gobierno. En este caso, creo yo, Salinas de Gortari suspendería su viaje.

—Yo apuesto por las tácticas del africano —entró don César—. Tengo la impresión muy arraigada de que Ivonne, su réplica y su partido no dan ni darán un solo paso atrás en todo lo que han hecho y todo lo que se proponen hacer.
Gallinas que beben huevo jamás su cola enderezan.

—Yo soy neutral —intervino el reportero—, pero les traigo otra noticia que embona con los procedimientos africanos que don César señala. La gobernadora acaba de dar un golpe de estado en el Poder Judicial. Sin consultar con nadie, sin decir agua va o agua viene, designó a conocidos priístas como nuevos magistrados del Tribunal Superior.

—En Zanzíbar, la isla africana que está en la ruta de los piratas somalíes, eso se llama madruguete —sentenció Pompeyo.

—Y eso no es todo —prosiguió el periodista—. Uno de los nombramientos convierte en magistrada nada menos que a Leticia Cobá Magaña.

—¡Cómo! —pegó el brinco don Vittorio— ¿La jueza marrullera del caso Medina Abraham? En nuestro Movimiento Mundial contra la Mafia está fichada como la escoria y deshonra de la judicatura yucateca. Nosotros estábamos en la inteligencia de que, debido al comprobado expediente de sus burlescos atentados contra la ley, la justicia y la verdad, a la señora Cobá no sólo se la había destituido como jueza sino que el Colegio de Abogados, para defender el honor y prestigio de la institución, había demandado y conseguido que a la tal Leticia se le prohibiera el ejercicio de la abogacía en México. Su designación como magistrada, César, es una ofensa premeditada, impertinente, a los yucatecos. Un peligro para la sociedad y un zaguán que se abre a la cosa nostra.

—Todos los huevos en una sola canasta: los ejecutivos, los legislativos y los judiciales. La tortilla se espesa —sentenció Pompeyo—. Estamos africanizados. Pateados. ¡Quién sabe hasta dónde son capaces de llegar la señora Ortega y su delfina si no sale alguien que les pare los pies! ¡Quién sabe cuándo, cómo y por dónde nos va a pegar el PRI la próxima vez! Pero que nos pega, no lo duden: nos pega. Salir del hoyo se ha convertido en un objetivo prioritario que nos exige el instinto de conservación. A ver qué sacamos en limpio del juicio de esta noche en el callejón de Ivonne.— Mérida, Yucatán, 24 de febrero de 2011.

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