(Primera Columna publicada el 26 de febrero de 2011)
—César, el Movimiento Mundial contra la Mafia, con sede en Palermo, que me honro en representar en México, me pide que os haga dos preguntas —dijo don Vittorio Zerbbera al acudir a su cita habitual con el señor Pompeyo en la consabida banca del parque de San Juan.
—Explicadme por qué una televisora de alcance nacional proyecta un reportaje sobre primeras piedras en Yucatán. ¿Tantas hay? ¿Por qué?
—En primer lugar, Vittorio, hay un motivo sólido: el suelo de Yucatán es pedregoso. No es, claro, la única razón del reportaje televisivo. La primera piedra es una política novedosa adoptada por el actual gobierno del estado.
—En Sicilia no tienen ustedes esa costumbre. Nosotros le llamamos puesta de la primera piedra a la ceremonia simbólica que marca el principio de la construcción de una obra pública.
—¿Dónde está la novedad, César?
—La novedad estriba en que nunca se coloca la segunda piedra. La primera se queda donde está, solitaria, como testigo elocuente de una intención que desafió a la realidad. Es una característica exclusiva del régimen que preside Ivonne Ortega Pacheco.
—¿Hay alguna otra exclusividad, César, que distinga a esta práctica innovadora?
—Sí: la obra no se hace, pero todo su presupuesto se gasta. Por lo general se invierten millones de pesos en las primeras piedras.
—¿A quién o a dónde se cargan estos gastos inéditos?
—Todo está previsto. Se distribuyen entre las distintas dependencias oficiales. Cuando rebosan, se crean consejos de evolución social que absorben cantidades caudalosas con la ficción de cursos científicos a baratilleros y albañiles. Los pobres tienen preferencia (¡uay!). O se programan actividades que no llegan a efectuarse, con el consiguiente ahorro. O se gestionan facturas astronómicas que cubren cualquier sobrante. Un prodigio de inventiva y creatividad.
—¿Que cuántas son las primeras piedras que ha puesto Ivonne? Yo llevaba un registro que suspendí por fatiga y se quedó, si mal no recuerdo, en 137. Pero puedo equivocarme: las matemáticas no son mi fuerte.
—¿Tienen alguna utilidad las primeras piedras, César?
—¡Cómo no! Además de que difunden en el país y el extranjero el nombre de Yucatán, como lo demuestra el reportaje televisivo, pueden tener alto valor turístico. A las excursiones como la ruta de los conventos, las giras por los cenotes y las visitas a Chichén, sabemos que se proyecta ya el “tour” de las primeras piedras (dos días, con alojamiento incluido) como un atractivo especial que pronto ha de ser una columna de nuestra economía.
—Debido a estos relieves y protuberancias sembrados en la pampa yucateca, únicos en el planeta, se está a punto de solicitar al Instituto Nacional de Antropología e Historia que incluya las primeras piedras yucatecas en el catálogo de las zonas arqueológicas, para protegerlas, para que nadie las pueda tocar, y solicite a la Unesco que las declare patrimonio de la humanidad.
—No conocía, César, este aspecto inusitado de la obra pública de un gobierno. Gracias. Paso a la segunda pregunta, que podría, no sé, tener una relación con las primeras piedras. Dime: ¿qué se obtiene con criticar a madame Ortega si ella hace precisamente lo contrario de lo que le piden? ¿No es una pérdida lamentable de tiempo? En Palermo hay la impresión, infundada o no, pero la hay, de que en toda la historia de Yucatán no ha habido otro gobierno como el de vuestra Ivonne. La donna tiene su manera de hacer las cosas y de allí no hay quien la baje. Los magistrados del Tribunal Superior afirman que ella lo está haciendo bien. Si lo está haciendo mal, ¿va a pagar por sus pecados?
—No creo que Ivonne vaya a pagar nada. Al contrario: está invirtiendo para el futuro. Es una inversión diaria, cuantiosa, cuyos frutos quizá no verá ella, pero su partido recaudará los dividendos en 2012. No Ivonne: será el PRI quien cargue con el peso de todas las primeras piedras y las buenas intenciones que se han quedado en el limbo de la administración jacarandosa y pecadora, simbólica e impermeable de la señora Ortega. Se cree que van a pesar mucho en el pedregoso camino que espera a los priístas en las ya cercanas elecciones para la gubernatura de Yucatán y la alcaldía de Mérida.
—El que siembra piedras… —empezó don Vittorio.
—… Cosecha chuchulucos —terminó don César.— Mérida, Yucatán, 25 de febrero de 2011.
