(Primera Columna publicada el 9 de febrero de 2012)
En su banca del parque de San Juan, don Vittorio Zerbbera y don César Pompeyo repasan los dos informes sobre la muerte de Oswaldo Cervera Peraza a manos de la policía. El relato oficial: un balazo, después de una persecución de 50 kilómetros al estilo de Hollywood. La versión de Central 9, brazo investigador de Megamedia: un error que se quiere tapar con la farsa de una cacería que nunca hubo. ¿Dónde está la verdad?
Como no hace mucho tiempo que vive en Yucatán, el doctor Zerbbera propone conceder a la policía el beneficio de la duda y, mientras tanto, esperar que el ministerio público realice la investigación y rinda un veredicto. Pompeyo no espera nada.
—El gobierno del estado no goza de buena fama —indica don César—. En los últimos cuatro años ha sido una fábrica de telenovelas. Creer lo que dice, más que un riesgo, es un disparate. Para mí, lo único cierto de sus mentiras es que la gente de Ivonne Ortega Pacheco parece dispuesta a erigir barreras infranqueables y cavar baches intransitables en el camino de los candidatos del PRI.
—Barrera y bache, Vittorio, es ese cuento chino de la policía para ocultar la verdad de la ejecución de Oswaldo Cervera. Yo creo que le será muy difícil a Ivonne rescatar a su fuerza pública del descrédito en que ha caído, aun en el caso de que la gobernadora, metida ya en el crepúsculo, haya comenzado a arrepentirse de sus culpas y a preocuparse por la ética de sus actos.
—En la imaginaria cacería de 50 kilómetros yo veo, Vittorio, los siguientes tramos:
1) Una falta de respeto a los yucatecos. Se nos considera una bola de tarados, con la debilidad mental que hace falta para asimilar afrenta al sentido común.
2) Esa negativa de tantos días a reconocer un error notorio tiene una explicación: la policía está segura de que no hay autoridad que la obligue a rectificar.
3) ¿Por qué tiene esa seguridad? La experiencia ha convencido a la policía de que sus delitos quedarán impunes porque es parte de un gobierno infestado de delincuentes. Delincuentes que se jactan de sus fechorías como si fueran condecoraciones. Fechorías tan comprobadas cuanto conocidas. Caimán no come caimán.
4) Consecuencia lógica de esa patente de impunidad es que a la policía no le importe un serenísimo cacahuate lo que la gente crea o piense de su actuación. Otra tranca que se salta.
5) Impunidad que además engendra un síndrome de soberbia y prepotencia que tiende a eliminar cualquier escrúpulo cuando la policía considere necesario pasar por encima de la ley y los derechos humanos para lograr sus propósitos.
6) Esa insistencia en anclarse en una explicación inverosímil pone de relieve negligencias y deficiencias mutilantes en la capacidad de investigación. O destapa una complicidad derivada de una costumbre. La costumbre de que los peores tienen que proteger a los malos.
7) En ese infarto de calidad de moral no se ha titubeado en descender a una imprudencia que colinda con la calumnia: se ha llegado a decir que Oswaldo Cervera tenía en su poder cocaína.
8) Que se hayan ocultado la autopsia y la camioneta de la víctima, que se haya limitado al rostro el reconocimiento familiar del cuerpo del occiso, que se haya dicho que no tenía herida de bala lleva a la sospecha de que Cervera Peraza fue abatido con injustificadas descargas de ametralladora que dejaron delatores agujeros en el vehículo y acribillaron el cuerpo de su guiador.
9) El ciudadano se queda con la impresión de que está a merced de una policía que en cualquier momento puede matarlo o dañarlo, en su persona o en sus propiedades, por un error o una arbitrariedad que esa misma policía no pone interés en evitar porque sabe que no tiene que rendir cuentas.
—A mi juicio, Vittorio, la renuencia de la policía a dar la cara, a asumir la responsabilidad de sus actos exhibe una de las características del gobierno de Ivonne Ortega y plantea nuevos desafíos a los candidatos de su partido. Desafíos que son toros que los candidatos del PRI tienen que agarrar por los cuernos, si es que no quieren que el pueblo descarte sus discursos y sus promesas como palabrería que no resiste la menor confrontación con la realidad y no ofrece la mínima garantía de cumplimiento.— Mérida, Yucatán, 9 de febrero de 2012.
