El niño aficionado que se robó las miradas en una de las marchas que se realizaron en España el fin de semana a favor de la Tauromaquia

Las plazas en España abrirían al 50 por ciento

Amigos aficionados… La fiesta brava va tomando forma en Europa y todos en México estamos al pendiente de lo que ocurra más allá del charco para poder aterrizar sus aciertos o desaciertos en los momentos en que aquí podamos estar listos.

Aunque la zozobra sigue porque en Madrid ha brotado de notoria cantidad de casos de coronavirus, en muchas de las ciudades donde se dan toros ya están trabajando en la confección de carteles, en la plantación de las medidas sanitarias a seguir. No se habla de que vaya a ver público en todas las plazas, pero en la mayoría de los casos están considerando abrir las arenas a un cincuenta por ciento de su aforo. Esa, sin duda, sería una noticia excelente. Y para aplaudir las multitudes que se vieron en las marchas a favor de las corridas. Grandes ciudades que albergan corridas se sumaron.

En México no podemos cantar victoria aún. Estamos muy lejos de poder decir que estamos salvados (es alarmante el número de decesos y más aún el de contagios). Pero, a puerta cerrada, la torería va diciendo presente. Toreros que se van de tienta, los ganaderos que abren sus placitas y aficionados siguiendo desde charlas y tertulias en las redes sociales, poniéndose todos a punto.

Volver será primordial en Yucatán, no solo por el hecho de hablar de corridas de toros, sino por todo lo que representa para la cultura y la economía de nuestros pueblos. Desde Tauromaquia Mexicana, anoche Antonio Rivera ofreció una interesante plática llamada “Animalista anti humanista… la pandemia que viene”, uno de los apartados en que esa agrupación basa la defensa de la fiesta como un ente que aglutina a muchas líneas.

Una de las principales aportaciones que tendrá es un tomo en el que, además de seguir defendiendo la tauromaquia, dará explicaciones de lo referente a la economía que se crea entorno a las actividades relacionadas con el toro, llámese corridas, festivales, charlotadas y más. Y la tonelada de dinero que se genera, entre empleos y gastos. Pero allende a eso, el factor cultural que se mueve. Un pueblo sin fiesta no es un pueblo, de eso no queda la menor duda.

De verdad que ojalá y muy pronto todos podamos regresar a la actividad cotidiana y de allí, a ir pensando en volver a las plazas.

Ya se va acercando la fecha de ir elaborando carteles para la Plaza Mérida y seguramente los promotores tienen cruzados los dedos para que pueda rescatar la temporada, que debe arrancar en octubre, igual que en la Plaza México.

Me causó mucho gusto que la ninfa becerrista Mariel Segovia Ferráez haya sido invitada a torear el sábado pasado por Luis Pinto en el cortijo San Miguel, donde se enfrentó a dos ejemplares de San Pedro Kulinché, de Pedro Pérez “Tachi”. Poco a poco.

Entre malas noticias

Por otro lado, hablaré de dos puntos que me causaron tristeza como aficionado.

Uno, el cierre, la semana pasada, de una revista que fue un referente de los toros a nivel mundial: 6toros6. Por tres décadas, formó uno de los equipos periodísticos más importantes de esta materia, que nació con el patrocinio de Carlos Peralta, importante empresario mexicano (suya es la ganadería de Pastejé y también Real de Saltillo). Coleccioné muchos años la revista semanal hasta que dejó de llegar a Mérida, y la consulté en la web también, pero la crisis que ataca a los toros en materia de publicidad se acrecentó con la pandemia de coronavirus y se firmó la estocada final. Una pena porque de verdad que su reporte informativo y análisis era valioso para los renglones de la fiesta.

Y el otro, el deceso de un hombre de béisbol que era muy aficionado a los toros. Cuando llegó en febrero de 2019 a Mérida como couch de los Leones, Rafael Castañeda y su servidor entablamos una amistad que, todos los días que platicábamos, hacíamos referencia a algo de la que llamamos ambos “la más bella de todas las fiestas”, como la catalogan muchos.

Tuvimos una idea grande que no se nos pudo cristalizar. Su hermano Héctor es gran aficionado a la lucha libre (yo le saludo siempre como “Rudo”) y planeamos vestirlo un día de luchador y que Rafa, el “Chivigón”, saliera con un capote o una muleta, para tomarnos una foto en algo extra, más allá del béisbol. Rafael muchas veces me dijo que disfrutaba ir a los toros o leer, en que vivió en Ciudad de México (nativo de allí) y en Tijuana, donde residía.

Pero el cáncer lo venció y no se pudo lograr. Se perdió a un gran aficionado a los toros, de esos que, decía, “hay que ir a todas las que puedas. Cada tarde es una emoción distinta”.

Y sí, es distinto. De allí la grandeza de esta pasión que se llama toros. Oración por Rafael.

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