Con jugadores apenas para armar un equipo, los astados comenzaron a escribir su historia
Tenga por siempre en mente esta alineación:
Homero Pasallo; Víctor López Picón, Enrique Rivas, Marco Antonio Urcino y Arnulfo Trejo; Baltasar Acosta, Rubén Cuevas, Arturo Capellini y Luis Arana; Alonso Diego y Ramiro Torres.
Con esa formación, a las órdenes de Mario “Pichojos” Pérez Guadarrama, fue como nacieron los Venados de Yucatán en la carrera por el soñado ascenso a la Primera División.
El 2 de septiembre de 1988 los astados perdieron 2-0 ante los Gallos-Azucareros de Jalisco, en el primer encuentro de la temporada 88-89 de la Segunda División. Así lo dice la reseña publicada por el Diario el 3 de septiembre, con información y fotografías de El Informador de Guadalajara. Es, por tanto, el nacimiento oficial de los Venados de Yucatán.
“Así nacieron los Venados. La historia de este equipo comenzó a escribirse de esta manera y nos sentimos orgullosos de que, entre muchas complicaciones, con apenas jugadores suficientes para poder saltar al campo, ‘Pichojos’ y los muchachos hicieron un trabajo digno en el Jalisco y creo que fue el inicio de algo que, meses después, terminó siendo tan grande que el equipo llegó a la final de ascenso y estuvo muy cerca, muy cerca, de llegar al sueño de todos, que es subir a Primera División”, cuenta Jorge Arana Palma, al hacer una remembranza de momentos vividos desde que obtuvieron en agosto de ese mismo año la ficha para poder competir, y luego el tiempo apenas justo para confeccionar un equipo deportivo.
Arana Palma se dio a la tarea de adquirir una plaza para jugar en Segunda División con derecho a ascenso. Obtuvo la del Atlético Apatzingán en agosto, y luego tuvieron prácticamente nada de tiempo para armar el club con el que Yucatán regresaría a la Segunda, tras el paso de los Aguiluchos unos años atrás.
En el aspecto de oficina se hizo intenso trabajo, con Alfredo Preve Castro y Luis Bernés Vinadé al lado de Arana Palma siempre. “Fueron dos personas clave para que los Venados pudieran armarse”.
“Primero fue conseguir un técnico, pero uno que tuviera cartel, que aceptara el reto de comenzar desde cero, y ese fue Mario Pérez. Lo trajimos, tuvo conocimiento de todo y aceptó. Recuerdo una vez que dijo: ‘Esta bien, vamos a comenzar así, y luego vamos a ir poco a poco, pero bien, trabajando en la cancha y en la oficina obteniendo jugadores. Y verás que si jugamos bien, poco a poco va a ir gente al estadio a vernos jugar”.
Tanto “El Lic” Arana (así le conocen en el medio) como Alonso Diego mencionan que en realidad fue trabajoso poder armar el equipo para el debut. “Apenas éramos once y con Luis Arana, registrado antes del partido, pudimos jugar y tener uno en la banca”, dice el directivo.
Y Diego Molina lo recuerda también: “Pues con un inicio así, armando al equipo sobre la hora, pudimos llegar a la gran final para ascender a la Primera División contra Potros Neza, que perdimos en un tercer partido”.
Por eso y mucho más, Diego es el referente principal de los Venados.
El club quedó registrado ante el circuito en Ciudad de México a inicios de agosto, con el logotipo que incluye dos ciervos enfrentados con un balón al centro, y la leyenda Venados de Yucatán. Los colores amarillo y verde también quedaron registrados para los uniformes, con uno blanco adicional. Para los aficionados y los medios, comenzó a abundar en el lenguaje venados, astados, ciervos… Como en el béisbol con los Leones: melenudos, fieras, selváticos… La identidad es algo que nació en esa época precisamente.
“Después, como ‘Pichojos’ dijo, fuimos armando al equipo. Lo importante era poder estar completos para el arranque. Después se fue trayendo jugadores buenos. Llegó Julio César Hernández, que había jugado en Necaxa, y otros elementos como el portero Abraham Ramón, que poco a poco le fueron dando fuerza al club. Se tuvo una estructura importante en lo deportivo y los Venados fueron tomando forma para comenzar a ser protagonistas, que era la segunda parte de la meta”.
Una ventaja fue que “Pichojos” tenía muchísimos contactos en el ámbito nacional, especialmente por su pasado como figura del América (¿los colores de los Venados tendrían algo que ver? Con seguridad), y sus contactos sirvieron.
“Mario se fue a Coapa y trajo a Elías Ledezma y también llegó (Martín) Matienzo. Pero ya era otro plan, porque se requería mucha inversión para poder pagar esa nómina”, destaca.
“Y entró el Grupo Abraham para tomar el control para continuar con el crecimiento del equipo en el torneo, hasta llegar tan lejos como fue la final”, cuenta Arana Palma.
“De lo que nos sentimos orgullosos es de que pudimos armar al equipo para que nazcan los Venados en el firmamento del fútbol profesional mexicano, de que hayamos podido estar en una final de ascenso y de que, 32 años después, sigan habiendo Venados en todas las ligas. Es el grito de guerra de nuestro fútbol, el nombre de batalla de Yucatán en el balompié mexicano”, expresa.
El sueño de los 12 muchachos de “Pichojos” (Ramón Torres sustituyó a Luis Arana en el minuto 20 en la inauguración) sigue vigente, aunque ahora sin derecho a ascenso. “Venados se oye por todos lados. Dejamos huella”, comenta el hombre que creó ese concepto.
Los Venados tuvieron en su plantel en ese primer compromiso en el Estadio Jalisco al preparador físico Leonel Traconis Valencia; al doctor Felipe G. Cantón Cuevas, director médico del club, y a Raúl Euán Ávila, como auxiliar. También yucatecos.
La reseña del encuentro habla de que los astados tuvieron bien en el primer tiempo. Y al final, en una charla telefónica con el Diario, “Pichojos” destacó que “el resultado no es para ponerse a llorar. Falta mucho camino por recorrer”.
Y sí, los Venados han recorrido mucho camino desde entonces.— Gaspar Silveira Malaver
