La selección mexicana de sóftbol quedó en cuarto sitio en Tokio

Gaspar Silveira Malaver

Habrá dolido más de lo que en sarcasmo mostraron miles de mexicanos cuando vieron lo que hicieron las jugadoras del equipo de sóftbol.

Lo vemos como imperdonable. Nadie, que conozca, ha sido capaz de arrojar la o las playeras de un seleccionado nacional, ni los belicosos de Oriente Medio, como lo hicieron las mexicano-estadounidenses que representaron al país en sóftbol.

Los paquetes de uniformes encontrados en botes de basura levantaron ámpula, generaron enorme controversia y, también, tuvieron su excusa: no había lugar en el equipaje de las damas en el retorno a casa.

¿Qué si duele? Claro. Como mexicano, como ciudadano de cualquier nación. Todos, lo digo personalmente, queremos tener un recuerdo de ese tipo del evento más grande al que pueda aspirar un deportista. Los Juegos Olímpicos, o una Copa del Mundo, son así. Soñamos ir, tener el uniforme puesto, escuchar el Himno Nacional.

No les llamé “gringas mexicanas” de forma despectiva en la columna previa, sino como una forma de mencionar a jugadoras que tienen doble nacionalidad y por tanto, al ser de ascendencia mexicana, pueden representarnos. En el diamante, no hay duda de que lo hicieron dignamente. Lo que ocurrió después es lo que nos tiene llenos de ira.

Ahora bien, esto es una lección: nuestros deportistas deben de prepararse con todo para llenar los espacios de todas las selecciones mexicanas. Que en los próximos eventos haya mexicanos de nacimiento a los que pueda interesarles guardar de recuerdo la indumentaria, gente que sienta los colores de verdad y que no, como también hicieron los “Tomateros de México”, usen playeras individuales para su foto del recuerdo. Representan a todos, no a unos cuantos, no solo ellos.

También abogo para que haya en el país espacios grandes para todos, desde deportistas, entrenadores, federativos. Lo mencionamos cuando Gabriela Schloesser Bayardo para el tiro con arco, ganó una medalla para Países Bajos, y nos volvió la nostalgia al ver celebrar a Óscar Salazar cuando sus deportistas de tae kwon do, ganaron medalla para Egipto en la misma justa. ¿Para qué irse? Encontremos formas para que pueda haber espacio y condiciones loables para que el deportista y el entrenador puedan prepararse y estar orgullosos de jugarse el todo por México.

Lo malo es que estamos en un país en el que todo se vale. A lo largo de los años hemos visto a decenas de atletas yucatecos que, ante mejores oportunidades en otras entidades, optan por aceptar becas en instituciones fuera de casa y terminan representando a estados ajenos, a veces incluso renegando de la tierra donde nacieron. Hay esfuerzos adicionales por hacer para que no suceda.

Al final del camino encontramos situaciones como esta que nos llevó a este comentario doloroso de las chicas de sóftbol.

Cuando escucho la letra de Francisco González Bocanegra con las pautas de Jaime Nunó se me enchina la piel, donde sea que esté. Creo que sucede con todos y cada uno de los mexicanos.

Me sentiría contento con tener como un recuerdo de Tokio 2020 esos que ellas botaron al cesto de basura. México… cada vez creo más en ti.

 

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