Un doble robo, clave en el éxito del Águila ante Yucatán
¿Recuerdan la base que Dave Roberts se robó ante los Yanquis cuando Boston estaba desahuciado en la Serie de Campeonato de 2004? Ese año los Medias Rojas rompieron el maleficio más famoso del béisbol, en parte gracias a la vida que les dio esa estafa.
Recuerde, pues, el doble robo que ejecutaron los corredores del Águila de Veracruz en la novena entrada del juego del jueves ante los Leones. Simplemente les ayudó a fabricar una carrera. Aunque jarochos y melenudos estaban clasificados a las semifinales, eso podría ser una bocanada de oxígeno para el equipo veracruzano de aquí a lo que les queda de vida en la postemporada 2021.
Así el béisbol. A veces sorprende que haya cosas así en su desarrollo.
El Águila les robó hasta la cartera a los Leones con esa doble estafa, acercando a 90 pies la carrera del triunfo, que luego Héctor Gómez se encargó de mandar a la goma con su hit al izquierdo. Con ese batazo, corto, no anotaba el corredor desde segunda, pero sí lo hizo estando en la esquina caliente.
Cada instante, hasta que no se termine el juego, cuenta. Eso nos dijeron los manejadores en las ligas infantiles. Lo siguen diciendo y lo seguirán mencionando. No hay que descuidarse nunca, menos con la carrera de la diferencia en base.
Los Leones hicieron casi todo perfecto en la gira de playoff por Veracruz. Ganaron los primeros dos juegos a base de poder y algo de pitcheo. El tercero no lo ganaron pese a batear bien, porque su pitcheo abridor falló, igual que el de cierre.
Analicemos la ofensiva: Yucatán bateó siete jonrones en tres partidos en el Deportivo Veracruzano “Beto Ávila”, con Alex Liddi yéndose para la calle en cada uno de los tres partidos. La mejor versión del italiano se vio en esta gira, y también andan en gran momento Norberto Obeso, bateando, fildeando y corriendo, y “Pepón” Juárez, quien en la serie lleva cuatro jonrones, misma cantidad que Liddi.
Anotaron en total 26 carreras y conectaron 33 hits, cifras más que respetables para un equipo que, en gran parte, llegó a estas instancias porque su pitcheo abridor respondió. La ofensiva colectiva fue de las últimas en toda la Liga Mexicana en el rol regular.
Pero aunque pisaron ese número de veces la registradora, tomemos en cuenta que en los partidos cuarto y quinto dejaron a 11 corredores en base (28 en los tres duelos), y sumando los tres encuentros, se fueron de 33-6 con corredores en posición de anotar. Dato grueso: era jonrón o no había carreras.
El aporte de Obeso
La actuación de Obeso fue parte importante en la estancia en Veracruz. Cierto que el bajacaliforniano solo bateó tres hits en la gira (uno por partido, pero dos fueron jonrones), pero ha dado un gran salto con respecto de sus primeros meses en la cueva. Eso es clave porque no siempre pesa un pelotero por ser una máquina de batear, sino por el aporte y la confianza que da jugando. Luego de probar en varios puntos del line up, como primero encontró su lugar adecuado. Esa impresión ha dado.
El miércoles hizo un atrapadón en el prado izquierdo, robando un extrabase a Yasiel Puig y salvando a David Gutiérrez y a los Leones en una octava entrada en que se venía el mundo encima.
Prácticamente todos los Leones han respondido a la ofensiva en esta postemporada. Insistimos: buena la aportación en el ataque.
No fue la misma fortuna en la loma. Lueke no ha estado fino: el martes aceptó dos carreras en una entrada en actuación que casi se convierte en derrota, y el jueves toleró el hit que marcó la diferencia, aunque fue tan importante ese imparable como el doble robo que lograron cuando el estadounidense lanzaba a Gómez.
Fue tanto o más importante poner a los corredores una base adelante. Dave Roberts, quien le robó la base a Mariano Rivera antes de anotar para empatar, siempre recuerda ese detalle. Y en Boston aceptan que a ello se debió el repunte ante los Yanquis. Todo se vale mientras haya vida.— Gaspar Silveira
