La Serie del Rey, o el desenlace de la Serie del Rey, puede resumirse en frases cortas. Una: los Leones de Yucatán se confiaron; otra, los Toros de Tijuana se reinventaron. Los ajustes de los bureles sobre la marcha dieron resultados ante unos melenudos que nunca pensaron en verse mal hasta que estaban a punto de perder el campeonato por segunda temporada consecutiva.
Es claro que la percepción que los fanáticos no va a cambiar (para ellos los Leones se “vendieron” o “dejaron ganar” el Juego 4). Pero es claro, igual, que otros tienen diferentes argumentos que llevan al análisis del concepto del juego y el béisbol en sí.
Los Leones llegaron a tener ventaja de 3-0 en la final de la Liga Mexicana ante los Toros. Todo eso llevó a pensar que la corona estaba asegurada. Pero Tijuana, con un equipo muy bien armado, diseñado, igual que Yucatán, para llegar al trono, adoptó movimientos tácticos y humanos que cumplieron objetivos primarios (sobrevivir, analizar y cambiar el chip), que los Leones se tardaron en hacer. Luis Felipe Juárez fue una máquina de batear jonrones y en la Serie del Rey lo aplacaron, bien estudiado. Y todos quisieron hacer lo que “Pepón”: batear largo, buscar la barda.
La Serie del Rey de 2021, de acuerdo con expertos que la cubrieron, y los mismos directivos de la Liga Mexicana, ofreció el espectáculo más visto en la historia del circuito de verano. En nivel de béisbol, en difusión y en audiencia, la batalla Leones-Toros, coronada por una lechada 3-0 en el Juego 7 para los astados, estuvo por encima de otros años.
A los Leones y a sus seguidores les dolerá. Al equipo, perder la final tras estar a un suspiro de ganarla, pero, como hemos apuntado, quizá les cale más hondo el ser vistos de fea forma con comentarios que denigran al béisbol y al deporte.
Infinidad de personas señalan al piloto Luis Matos por no moverse, como sucedió en 2019 con Gerónimo Gil, o hacerlo tarde o fuera momento. Lo que no cambia también es que en una competencia uno tiene que ganar y solo dos clubes llegan a la final. Eso es digno de aplaudir a Leones y Toros.
Aquí presentamos una serie de apuntes sobre lo vivido en la Serie a partir de que comenzó a cambiar la historia. Habrá otras.
A) Exceso de confianza. Los Leones se confiaron. La ventaja de 2-0 que trajeron de Tijuana les hizo comenzar a pensar que era posible incluso ganar por barrida la Serie del Rey. Cuando la batalla se puso 3-0 en su favor, era bola cantada que la corona sería para los reyes de la selva. Cuando los Yanquis de 2004 se pusieron 3-0 contra Boston llegaron a ponerse en una zona de confort en la que, tras ser eliminados históricamente en la Serie de Campeonato, su piloto Joe Torre dijo que, pese a dirigir a un equipo con cuatro anillos de Serie Mundial previos, nunca se había sentido con tanta confianza para ganar el boleto al Clásico de Otoño. Los melenudos quizá pecaron igual que esos Yanquis: hoy no, mañana sí. Y así hasta que se dieron cuenta que estaban fuera de control.
B) Ajustes en béisbol. Los Toros viajaron a Tijuana con algo en mente: tenían que cambiar muchas cosas, lo que en béisbol se conoce como ajustes. Matos decía: ¿para qué cambiar lo que está funcionando? Aceptable el punto de vista. Pero cuando comenzaron a faltar aciertos, era hora de hacer esos ajustes que el mismo Óliver Pérez aceptó que era la gran cualidad de los melenudos. No era precisamente cambiar o sacudir el orden al bate, sino en asuntos de actitud, de juego. ¿Recuerda a Junior Lake tocando la bola para buscar embasarse en el Juego 4? Dos turnos después lo hizo Ricky Álvarez, un conocido aporreador de pelotas. Eso era ajustarse. Vamos al Juego 7: los Leones necesitaban anotar al menos una carrera para dejarse sentir. Quisieron tocar la bola por obligación (así lo marcaba el librito en ese momento, y fallaron (Sebastián Valle y Wálter Ibarra). Demasiado tarde lo intentaron los Leones, que se preocuparon más en tratar de sacar la bola que en buscar contactos. Ante José Samayoa en el Juego 5, por ejemplo, y contra Carlos Hernández en el sexto partido.
C) El Juego 4. Los fanáticos culpan a los Leones de dejarse ganar en ese encuentro (segundo en su casa) con el pretexto de que, al extenderse la serie, habría más dinero para el equipo local por la bolsa a recaudarse. Pero… es una Serie del Rey, es deporte de conjunto. ¿Usted si fuera jugador, equis, aceptaría? Tendrían que convencer a todo un equipo, no solo a uno. Hubiera visto las caras de frustración de los Leones al volver de Tijuana derrotados. El sábado, tras la suspensión por lluvia el viernes, los Leones mandaron a la loma a Casey Harman, en números y actitudes, el más débil de los abridores de los melenudos. Los Toros, no hay que olvidar, fueron el mejor equipo de visitante de la Zona Norte. Si nos vamos a la lógica, los bureles podían ganarle a Harman. Y eso fue lo que sucedió. Tijuana comenzó a dañar al pitcheo de las fieras en esa noche, tras el tanque de oxígeno que fue el descanso forzado. Hits a todos rincones, toques de bola y turnos largos. La lógica indica que eso era muy probable que sucediera. Y sucedió favorablemente para la causa norteña.
D) El Juego 5. En mi opinión, el verdadero inicio de la catástrofe de los Leones comenzó a vivirse el domingo, cuando más se esperaba la coronación de los Leones (incluso sobre el Juego 4). Radhamés Liz, que fue subiendo de nivel juego a juego, usó sus rectas como principal arma desde el inicio, y con dos jonrones los Toros se fueron adelante. Nunca los rugidores pudieron sacudirse de ese daño. Los Leones, además, tuvieron a José Samayoa contra las cuerdas y no batearon. ¿Los conocía bien José, que fue finalista con ellos en 2019? ¿Ellos acaso no lo estudiaron? Hubiera sido distinto salir de ese primer rollo con al menos una carrera, que irse en blanco, porque “Cochito” Cruz también se llevó la cerca ante Liz en la segunda entrada. Y luego vino el drama del final. Con los Leones usando el mismo line up casi toda la postemporada, y sus jugadores de banca fuera de timing, entonces Matos decidió que era hora de mover a sus bazas. Comenzó en la séptima sacando a Jorge Flores, bateador derecho que tiene más experiencia y juego que… Marco Jaime. ¿Era realmente más peligroso que Art Charles o que Fernando Pérez? Jaime no pudo verle una sola pelota a Michael Tonkin. En la novena, luego de que “Pepón” se embasó por error del “Cochito” para mantener con vida a las fieras, ¿debió meter Matos a un corredor emergente por Juárez? Representaba la carrera del gane y el campeonato. El cerrador toro Fernando Rodney estaba tocado. Pero no hizo movimientos el piloto de los selváticos. Y siguió Alex Liddi con doble que mandó a Drake a la goma, pero Juárez no pudo pasar de tercera. Quizá si otro corredor hubiera estado en primera… Aún pudieron las fieras seguir, pero tocaba turno al gemelo Alan, que corrió desde una entrada antes por Humberto Sosa. ¿Y Charles o Pérez? Tampoco López pudo verle las rectas a “La Flecha” y se ponchó. Para la décima, Matos metió a lanzar al joven zurdo Manuel Chávez, quien cumplió, pero, ante la sorpresa de todos, Chávez salió para la undécima. ¿Y Josh Lueke? O por qué no hizo antes eso con Enrique Burgos. Tijuana, a como pudo, recuperó la delantera con el podridito que conectó Xorge Carrillo, apenas detrás de Ibarra en segunda y delante de Drake en el derecho.
E) Acierto de Lake; desacierto de Ibarra. El desenlace de ese Juego 5 fue épico. Pocas veces como esa noche el Kukulcán se había visto tan volcado sobre los Leones. Pusieron corredor en primera y segunda con un aut y Juárez en la caja. Rodney ya no estaba tirando pedradas, sino más bien tratando de salir a flote. “Pepón”, bajo gritos al unísono apoyándole, bateó la línea al central, que Lake midió perfectamente. Mucho riesgo en la jugada, con el pasto lodoso por tanta lluvia, pero hizo el engarce de la Serie del Rey. Pero, peor aún para Yucatán, Ibarra, los couches, o los dos, se perdieron totalmente. Wálter se fue a la antesala con el batazo y Lake tuvo todo el tiempo del mundo para tirar a segunda y hacer la doble matanza que salvó a los Toros y sentenció todo. Allá, creo, se acabó la esperanza de los Leones. Un cúmulo de imprecisiones, de movimientos no hechos. Tenían que volver a Tijuana y, aunque el béisbol les daba enormes posibilidades de coronarse.
F) Negrín y una entrada más en el Juego 6. A Yoanner Negrín se le conoce por ser un lanzador al que, si no le atacas temprano, difícilmente podrás dañarle en adelante. Pero en el sexto duelo fue a la inversa: tres entradas magníficas y una cuarta y una quinta de pesadilla. Para todo lo que había en juego, era propicio que Negrín fuera removido desde la cuarta. Pero se fue con cinco carreras allá y la tempranera delantera se esfumó. Y volvió para la quinta. ¿Hizo lo correcto Matos dejándolo? El “Asere” es un guerrero, todos lo sabemos, pero el campeonato estaba en disputa. Fue el partido más abierto de toda la Serie del Rey y el que terminó de inclinar la balanza en favor de los Toros. En el desfile de lanzadores de los rugidores en ese desafío, subió a la loma Lueke con siete carreras de desventaja. ¿Para qué en ese juego, y no en el del domingo?
G) Desesperaciones. Por primera vez desde la serie ante Veracruz Matos decidió cambiar su line up y mandó a Charles a jugar por Sosa en primera. Art sorbió dos chocolates, incluso el del último aut. Aunque salieron a ofrecer su mayor esfuerzo, como no podía ser de otra forma en un choque decisivo, el factor anímico fue enorme. Liddi soltó un elevado de rutina sobre la loma. Peter O’Brien, quien jugó por Álvarez desde el sexto partido, disparó jonrón ante Jake Thompson. El peso de un pelotero de cambio: O’Brien entra y batea un jonrón clave; los bateadores de las fieras que entraron de cambio, no vieron la pelota.
H) El timón de mando. Homar Rojas se vio en la necesidad de hacer ajustes y los hizo. Le funcionaron. Matos debió hacerlos, no los hizo. Cuando intentó mover, no le funcionaron. Y fue demasiado tarde.— Gaspar Silveira Malaver Silveriado
