Amigos aficionados…

Recordaba hace unos días al maestro Napoleón cuando se conmemoraba el aniversario de la grave cornada de “Navegante” a José Tomás. Un día de charla, previo a un concierto en la Feria de Xmatkuil (junto con Eduardo Puerto), nos dejó en claro muchas razones por las que, opinaba, se volvió torero y, pasados los años de sus éxitos como compositor y cantante, no ha dejado de serlo.

Alguna de sus frases van tatuadas en la mente: “El arte es eterno… como el amor verdadero”. Por eso le canta al amor y a la vida.

Hablaba igual de la forma en que los toreros que son llamados de “arte”, gustan mucho, son perseguidos, a ratos incomprendidos. Citó, claro, a Morante de la Puebla, diciendo que es un genio. Los genios, se sabe, aparecen solamente de vez en cuando.

Morante está hoy en boca de todos quienes gustan del toreo, no solo del toreo clásico y de arte. Le ha devuelto al toreo fundamentos que, no nos cabe la duda, se han perdido. Refrescó con su caro aroma el encanto que hace ir a los toros y, no dude usted, habrá enamorado a muchos más y los hará ir a la plaza o a las plazas. Distinto a José Tomás, amigo del cantante, porque él se inmola ante el toro, y Morante crea arte cuando torea.

Le brindó hace unos días Fernando Robleño a Napoleón la lidia de uno de sus toros en la Feria de San Marcos en Aguascalientes. El maestro que canta y enamora con sus poemas miró al diestro madrileño con aprecio y el torero le hablaba sin poder ocultar sus emociones. Robleño no es torero de arte, y muchos se hacen de la vista gorda cuando se le anuncia porque no gustan de las llamadas corridas duras que él acostumbra a lidiar (nos ha tocado verle con un encierro de José Escolar y vaya lío que se formó). Pero en su pasión por estar ante escolares, victorinos, adolfos y miuras, Fernando puede dejar patente que se puede ganar legiones de seguidores con su amor verdadero a la Fiesta y a la vida que pone en riesgo cuando torea, como canta José María Napoleón siempre. Eternamente.

 

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