¿Super Bowl? ¿Súper Tazón? ¿Súper Domingo?

Toda la temporada de la NFL resumida en un juego que, por donde se le mire, no es un simple partido de fútbol americano.

Muchas de las grandes estrellas de este deporte, que es uno de los más grandes negocios del mundo, se retiraron sin siquiera poder jugar en un partido como el que hoy disputarán en Las Vegas los 49’s de San Francisco, una de las franquicias más exitosas del deporte, y los Jefes de Kansas City, que emergieron como un equipo de amplia plusvalía de la mano de uno de los principales protagonistas del show de los emparrillados.

El máximo ganador es una estrella que, antes de llegar a la NFL, fue prospecto de cátcher de los Expos de Montreal en las Grandes Ligas. Tom Brady no imaginaba lo que vendría sobre él cuando decidió irse por el deporte de las tacleadas, ni siquiera cuando estaba de suplente del astro más fulgurante de la época, Drew Bledsoe, el joven maravilla que fue el primero en cobrar cien millones de dólares, pero que se lesionó y no terminó de cuajar.

Dan Marino fue uno de los más espectaculares de la historia, ganando todos sus partidos de una temporada con los Delfines de Miami, pero nunca llegó a este preciado encuentro que es llamado “el juego del año”. Tampoco Archie Manning, que fue una figura con los Santos de Nueva Orleans y, sin apoyo, fueron un equipo mediocre. Pero sonrió y lloró cuando vio a sus hijos Peyton y Eli alzar el Vince Lombardi. Su legado como papá fue simple: jugar bien y enseñar a sus hijos, así que lo disfrutó cuando alcanzaron la gloria.

Y muchos otros grandes no llegaron al domingo especial. Frank Tarkenton aterrizó dos veces allí, pero no pudo obtener un anillo. Lo recordamos por su agilidad, velocidad y ese don para pasar el ovoide en pleno movimiento. Barry Sanders tuvo tan mala fortuna de estar con los Leones de Detroit, que eran malos de verdad, y no alcanzó nada. Dicen que si Detroit llegaba, lo iban a alinear para que pudiera tener el honor de estar en el gran juego.

Perder uno… Bueno. Pero perder cuatro como los tristemente célebres Bills de Buffalo de Marv Levy. Ningún equipo de la historia tuvo tanta regularidad como esos muchachos de la nieve del Estadio Rich como ese club, que perdió cuatro veces seguidas el gran partido.

Así, surgirán muchos nombres más en esta batalla que es épica. Cuando el genial Joe Montana iba apilando Super Bowls con los “Niners”, brindó cátedra a todos, y medio mundo sorprendido de cómo el más pequeño de todos en el equipo era el director de orquesta.

Lawrence Taylor, el mejor defensivo de todas las épocas, ha escrito varias veces que a veces ese calificativo no sería igual si no hubiera alzado el “Lombardi”.

A propósito: ¿Cómo nace el Super Bowl?

El fútbol americano tenía dos ligas, la National y la American Football. En 1967 deciden disputar un partido para dirimir al campeón de los Estados Unidos, denominando al encuentro “First AFL-NFL World Championship Game”. Tres años después ambos circuitos se fusionan en uno solo y es como, en 1970, ve la luz el proyecto que bautizaron como Super Bowl. El nombre fue idea de Lamar Hunt, propietario de los Jefes. La historia, según DAZN, dice que su hijo estaba en un juego llamado “Super Ball”, y él decidió cambiar la última palabra por “Bowl”, que significa tazón y que era empleada para los campeonatos universitario.

Hoy, Patrick Mahomes, hijo de un lanzador que soñó con ver a su hijo emularlo en las Grandes Ligas, podría volver a ganar el SB si logra vencer a los 49’s para entronizar otra vez a los “Chiefs” en un juego que ha causado más expectaciones por la aparición de Taylor Swift, quien terminó una actuación el sábado en un concierto en Japón, tomó un jet privado y se pasó la noche volando hacia Las Vegas para apoyar a su novio Travis Kelce, que juega con Kansas City. Google Maps, si hiciera falta, daba seguimiento segundo a segundo a lo que la diva hacía para llegar al partido. Lógico: el nuevo auditorio que busca cualquier cosa para entretenerse, disparó las consultas en la red. Imagine, entonces todo lo que genera en rattings para la tele, para el internet.

El Super Bowl deja tanto dinero que es una industria aparte de la NFL, aunque es todo dentro de la poderosa liga. Decía Michael Jackson que cantaría en el show del medio tiempo aunque no le pagaran, pero el rey del pop actuó con los honorarios más caros de la historia, y su intervención de 1993 es una de las más recordadas. Hoy, el espectáculo estará en manos de Usher.

Para darse una idea de todo esto que contamos: siete millones de dólares por cada 30 segundos de tiempo aire para los comerciales del duelo de hoy. Y las entradas: TicketMaster puso en venta boletos con precios desde 6,246 dólares (106,744 pesos al cambio de ayer), y algunas llegaron hasta los $45,313 dólares (777,817 pesos) para la primera fila. Eso ayer.

Así con este partido que todos quieren jugar, señalado solo para unos cuantos.— Gaspar Silveira M.

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