Decía sonriendo Manuel Negrete a un fan puma mientras se alistaba para hablar con el Diario, que ni en sus sueños más increíbles hubiera dado con un gol como el que marcó en el Mundial de México-86.
“Esos salen solos. Ni los sueñas, ni los practicas. O sea haces jugadas así, siempre practicas chilenas, jugadas de fantasía, pero nunca piensas que vas a anotar un gol de esa manera, menos en una Copa del Mundo”, dice el guerrerense, un hombre que, ante todo, afirma vivir feliz porque “nunca le he hecho mal a nadie. Esa es la mayor felicidad que un hombre pueda tener”.
El domingo 15 de junio de 1986, al medio día, con el Estadio Azteca lleno al tope y México jugando en casa, crecido, Negrete esculpió una obra de arte de gol, una media tijera de espaldas al marco de Bulgaria. La cumbre de los goles en la historia de los Mundiales.
Para muchos eso lo convirtió en leyenda. Cuando se habla de él, la mayor parte de las veces es por ese gol.
Manuel Negrete Arias (Ciudad Altamirano, Guerrero, 11 de marzo de 1959) es, sin embargo, mucho más que ese momento histórico. Por eso y por mucho más es una leyenda. De los Pumas de la UNAM, de la selección, de la historia de los Mundiales.
“Una vez, en un Mundial, me dicen… oye Manuel, que te quiere entrevistar Pelé, que quiere que le hables de tu gol”.Y sonriendo, nos dice: “¿y qué dices ante eso? ¿Que venga el Rey Pelé y te pida eso. Pues así lo viví”.
Mediocampista de perfil zurdo, elegante, surgido de las entrañas del Club Universidad Nacional, fue reconocido por su destreza en el terreno de juego.
Inició su carrera en la Primera División con los Pumas el 23 de septiembre de 1979. A lo largo de su trayectoria en el fútbol, Negrete se consagró como uno de los máximos goleadores históricos de la escuadra universitaria, alcanzando una impresionante cifra de 112 goles.
“Lo mejor—explica— es que fui feliz siempre, jugando con Universidad, con la Selección, cuando me tocó ir a Europa. También cuando fui alcalde (de Coyoacán, en Ciudad de México). No le debí un peso a nadie, por eso hoy salgo tranquilo a la calle, solo, sin nadie cuidándome la espalda”.
Esa es una de las razones por las que, asegura, se puede permitir el lujo de llegar con sus compañeros de los Pumas a Yucatán, como la semana pasada, cuando una docena de expumas de varias generaciones hicieron abrir el baúl de los recuerdos, formando filas de aficionados en Mérida, Samahil y Kanasín, para sesiones de autógrafos y fotografías. “Recordar es maravilloso, y que te tengan presente por siempre, más. Lo que hiciste vale”.
“Esto es algo que no se compra ni con todo el dinero”, asegura.
Fue parte de una generación histórica de los Pumas, cuando era la Universidad un equipo que basaba sus logros en lo que producía en su cantera. Manuel fue fundamental en la oncena que dirigió Bora Milutinovic en todo el proceso para México, pero fueron los Pumas base de ese equipo. Por eso los felinos son leyenda.
Negrete, Miguel España, Raúl Servín, Félix Cruz Barbosa, además de Olaf Heredia (portero suplente), y parte del cuerpo técnico de Bora.
“¡Cómo extrañamos eso!”, dice Negrete. La “genética” puma ha cambiado. Ahora el club ha dejado de formar jugadores como antes, la cantera no es la misma.
“Pumas fue muchos años parte básica de las selecciones, nuestra época lo dejó sentado. Si trabajas fuerte en fuerzas básicas, forjas, puedes hacer jugadores”, señala. “Y hoy, que me perdone Pumas pero tiene que volver a su esencia, a la cantera. ¿Qué tenemos para mostrar hoy en día? Presumimos de jugadores que ni son de nosotros, al ‘Chino’ Huerta, por ejemplo, que viene de Chivas, y otros más. No es la esencia de los Pumas”.
El Mundial de México lo marcó. Igual le dejó sensaciones que dan lugar a tristezas, por la eliminación en el quinto partido ante Alemania. “Nos anularon un gol que, si fuera ahora, con el VAR nos lo daban y pasábamos. Y cuidado que no nos paraban”.
El gol fue parte esencial de las aspiraciones del equipo. “Necesitábamos algo así. Esa selección tenía todo, queríamos ser campeones.
Y se sincera:
“Nos tocó Alemania. Y no tuvimos la capacidad para manejar los penaltis. Tomás Boy dijo que estaba lesionado, o cansado; Javier Aguirre se hace expulsar, Hugo Sánchez tuvo problemas musculares. No estaba disponible Luis Flores, que era gran tirador… Y ya ni llorar”.— Gaspar Silveira Malaver
