El runruneo de las pláticas se rompió de pronto con la música y canto del mariachi con emblemática letra: “La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción…”
Se vieron, entonces, muchas caras que no podían guardar la sensación de recordar las glorias pasadas. Imposible que no lleguen a la mente los momentos mágicos del deporte en el ring.
El boxeo y la lucha libre yucatecos tienen grandes historias para contar y muchas afloraron este sábado durante la celebración tradicional del Día del Boxeador y el Luchador.
Nada mejor que las cuenten en primera persona, que los protagonistas, la mayor parte de las veces olvidados, puedan hacer de su memoria la máxima de las ilusiones: “Yo pelee aquella vez…”, o “ese pudo llegar lejos”, con el “gracias a Dios aquí segimos con vida”.
Sí, pelearon y lucharon, poniendo en alto a Yucatán en cualquier cuadrilátero del planeta. Boxeadores que pisaron las grandes arenas, y luchadores que fueron llevados igual al extranjero.
Llenaron arenas una y otra vez, como dice la canción famosa. Allá estaba con su sombrero inseparable Juan Herrera, quien, guerrero, defendió la diadema de los moscas en el Carta Clara llevando media pelea con una sola mano por un hombro dislocado ante Santos Benigno Laciar. “Pelea de campeonato mundial y casi gano con una mano”, afirma Juan, acompañado de su hermano Daniel, quien igual boxeó y es entrenador ahora en el Estadio “Salvador Alvarado”.
Agasajo el de otra mesa con los ídolos de muchas generaciones del pancracio: Carlos García, El Irlandés, Espartano, Ray Richards, Mr. Leo, Maravilla Solís, Rafa Pavía, Guerrero Maya, Tormenta Negra, con recientes como el referi Xavi Cachondo y Rebelde Punk con Súper Piloto. Y así muchos más.
“Pelee dos veces por el campeonato mundial… a lo mejor ni me recuerdas”, dijo al reportero un sincero Juan Alfonso Keb Baas, al posar con una foto que, vaya que tenía historia: Jesús Felipe Santana, Richie Barrera y Pedro Canché, promesas grandes y medallistas nacionales, pero que no llegaron a donde todos soñaban; Juan Alfonso y su hermano Luis Enrique, de la famosa dinastía de los “Babe Luis” de Hunucmá, que ya llegó a siete con el joven Guillermo, hijo de Gilberto, y Néstor “Chino” López. Además, Juan Diego Arjona, “Barretas” Pinzón, y mánagers como Joe Camargo, Román Acosta, Henry Vidal, Chucho Basto, con el réferi Fernando López Castañeda. Recordaron al “Turco” Beto Eljure, a Fayo Solís, los que, como empresarios, sostuvieron pór décadas al viril deporte y al espectáculo de la lucha.
Aunque se extrañó a grandes figuras como Miguel Canto, Guty Espadas padre e hijo y Freddie “Chato” Castillo (al momento de la cobertura), leyendas del pugilismo había en todos los rincones, entre vasos de cerveza y refrescos, tacos de lechón y relleno negro, y muchos premios para la gran rifa. Allá estaban Roger Arévalo, que llenó las veces que quiso el Deportivo San Juan, el Polifórum Zamná y todos los lugares donde iba, hasta que, tristemente, ya no quiso. Javier “Candelita” Várguez, que disputó igual la corona universal dos veces, una ante 50 mil personas en la Plaza México ante un inmortal como Ricardo “Finito” López, y otra, que casi gana, ante Michael Carbajal.
Una foto obligada, dice Henry Vidal: “tres campeones, ni más ni menos”. Dos ganaron el cinto nacional, “Candelita” y José Medina, en los flancos, y uno mundial, Juan Herrera, al centro. Lujo de recuerdo, sin duda.
Es, cada Día del Boxeador y Luchador, una gran oportunidad de ver a quienes hicieron del show del ring un estilo de vida. Temprano, la Comisión de Boxeo y Lucha Libre de Mérida rindió un homenaje a los que ya se adelantaron con una ofrenda floral en el Cementerio General. Jorge Martín Pech, presidente, y otros comisionados acudieron, con Iván Herrera Rosiles, del Ayuntamiento de Mérida.
Algunos ahora van mejor que otros en su devenir diario, pero todos aferrados a una vida nada fácil. Como dice la canción… “en el ring luchaban los cuatro rudos… ídolos de la afición”.
Boxeadores y luchadores, igual que mánagers y promotores, fueron de alguna forma eso: ídolos. Ahora viven de un recuerdo que no se borra.— Gaspar Silveira




