La madre no sólo es la creadora de la historia.
Quien procrea, se consuma apostando por el crecimiento y formación de los hijos. Y también sufre, generalmente, cuando todos van disfrutando de los logros, que son de todos, pero el esfuerzo, de casi nadie.
En el deporte, dejó de ser la madre una acompañante. Los tiempos han cambiado toda la estructura.
“Llega el momento en que, te llama y te dice: ‘Me voy de campamento a tal país’. Y nada más nos queda decir: ¡Que Dios te guíe!”, dice la abogada Dalia Piña Alberto, madre de la gimnasta de Juegos Olímpicos Dalia Alcocer Piña. “Desde que se fue siendo niña vivimos apoyándole en sus planes”.
Son los tiempos. A veces, como dicen, son perfectos.
Deily Belinda Díaz Cetina fue esposa de árbitro profesional y también mamá de dos oficiales. Su esposo Freddy Sansores Carrillo le agradece la paciencia para los viajes largos los fines de semana, y sus hijos, Freddy y Rodrigo, por estar allá siempre aplaudiendo, dándoles el respaldo cuando dijeron que seguirían las huellas del progenitor. “Aguantar, como madre, no es fácil”, dice Sansores Carrillo. Y uno sabe bien que los oficiales, en todos los deportes, se llevan la mayor parte de la “rociada” de ofensas cuando las cosas no salen bien, o no gustan.
“Muchas lágrimas se derramaron en el proceso, pero siempre me levanto para seguir adelante y se lo agradezco por estar siempre ahí”, dice Freddy Sansores Díaz, que fue árbitro profesional y ahora es instructor.
Y como madre, lo que nunca dejan de tener el sentimiento especial cuando es la hora de entrar en acción, en cualquier disciplina. Pero muchas veces va más allá del riesgo común.
En los “Domingos Especiales” incluimos dos casos que tienen para exponer la entereza, entregándose a Dios, por la dificultad de lo que viven.
“¡Si él quiere, lo apoyo. Y en manos de Dios lo ponemos y nos ponemos todos”, dice Elena Flota López, madre de Carlos Novelo Flota, joven y destacado piloto de carreras, antes de automóviles, ahora también de lanchas. La adrenalina acompaña a Elena Isabel, con sus oraciones siempre. Se hizo parte del “Team Ballón” cuando Carlos decidió comenzar a competir en karts, luego en Súper Copa, en Nascar y ahora en Nauticopa. Todos en la familia se unieron en el mismo objetivo, así que la mamá de Carlos está en las pistas, siempre cerca de los paddocks, colaborando en las gestiones. También se volvió una apasionada de la velocidad: su esposo, José Alonso Novelo es el jefe del equipo; su hijo mayor, José, fue el “todólogo” en los inicios, y Carlos pilotea. Ella es como la “general”: su voz vale.
Y recordamos una plática reciente con Yesenia Guadalupe Flores Avilez, mamá de Julio Ventura “Venturita”, novillero yucateco. La carrera de un torero es siempre dura. Los pitones de los toros rozan los ternos y la vida del diestro pende siempre de un hilo. En septiembre pasado, en su debut formal como novillero en la Plaza Mérida, le vimos santiguarle en el patio de cuadrillas, en un momento sublime. Solos se quedaron torero y madre en un palmo de terreno, junto a algunas placas que inmortalizan las grandes gestas. “A veces piensas que lo único es que salga de la plaza sano. Lo demás es obra de Dios”.
En la temporada de la Tercera División, a María Inés Sauri Quintal, esposa del exprofesional Gerardo “Tato” Torres, le tocó ver dos partidos con el “corazón partío”: sus hijos Máximo y Mateo jugaron dos veces en el “clásico yucateco”, el primero con los Tiburones de Progreso y el segundo con Deportiva Venados. “En principio mucho orgullo, también me pone feliz porque disfruto ver que están haciendo algo que les apasiona. La parte complicada es querer expresar las emociones del partido y tener que contenerse, aunque si se trata de goles, aplaudo los de ambos equipos. Y la verdad me gusta enfocarlo un poco en broma y otro poco en serio, pero en esos partidos digo que yo no pierdo, porque sin importar el resultado tengo algún ganador”.
Y muchas experiencias más tienen para contar las madres gestoras, las precursoras, incluso las hay entrenadoras.
“Tal vez lo más sagrado que tenemos como madres es procurar su bienestar siempre, educándolas, haciendo que crezcan con honestidad, hacerles saber que el sacrificio suyo puede llevarles a alcanzar sus metas”, dice Cynthia Erosa Barahona, cuyas hijas, Desiré e Ivanna, han alcanzado cotas muy altas en el boliche. La primera, becada en una universidad de Estados Unidos y la segunda, representando a México en competencias juveniles. “¡Que amen, que tengan pasión! Lo demás lo ponemos sus padres. Yo como mamá, feliz de verles crecer y realizarse. No me cansaré nunca de hacer lo que se pueda para motivarlas”. En la línea, en las tribunas, en las oficinas, tocando puertas para apoyos… Siempre en la primera fila, y más, como dice Alejandro Sanz, “cuando nadie te ve”.— Gaspar Silveira






